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El manuscrito o la fe pública compartida

No se trata de una nueva entrega de “En busca del arca perdida”, tampoco es el título de un best seller escrito por el autor de moda,  solo es una palabrita, “manuscrito/a”, que sibilinamente ha pasado a formar parte de nuestro ordenamiento jurídico y que de manera indigna ha operado como un torpedo en la línea de flotación del Notariado español.

Veamos, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, cosa que peligrosamente se está convirtiendo desde hace algún tiempo en algo habitual en nuestro devenir legislativo, con el fin de proteger al deudor hipotecario se publica la Ley 1/2013, de 14 de mayo, de medidas para reforzar la protección a los deudores hipotecarios, reestructuración de deuda y alquiler social, cuyo articulo 6 -1, entre otras cosas, dice: “En la contratación de préstamos hipotecarios a los que se refiere el apartado siguiente se exigirá que la escritura pública incluya, junto a la firma del cliente, una expresión manuscrita, en los términos que determine el Banco de España, por la que el prestatario manifieste que ha sido adecuadamente advertido de los posibles riesgos derivados del contrato”.

El Banco de España, que como sabemos ha desarrollado un papel fundamental en el control, vigilancia y regulación de nuestro sistema financiero en los últimos tiempos, en cumplimiento de la norma y bajo el epígrafe “Guía de acceso al préstamo hipotecario” desarrolla la determinación encomendada haciendo alusión a la expresión manuscrita en varios puntos: 5.6 Uso de los “suelos y de los “techos” –que bonita expresión- 9.3 La intervención del notario… y no conforme con ello, en un alarde legislativo sin precedentes,  en su Anejo IX, determina literalmente el texto que debe figurar en la escritura:  “Soy conocedor de que mi préstamo hipotecario…”.

Sin entrar en otras valoraciones como el carácter económico del citado organismo, de todas las leyes, decretos, normas y demás disposiciones que nos afectan, ésta, a mi juicio, es la de más alcance y gravedad, por las razones y consideraciones que seguidamente paso a exponer.

En primer lugar, rompe de entrada la fe pública integral que el Estado confía a los notarios, que pasa a ser compartida por el propio notario y el ciudadano que viene a firmar el documento de préstamo correspondiente, resultando insuficiente nuestra actuación si no está corroborada por el sujeto interviniente, al que precisamente, y esto sí que es contradictorio, debemos amparar.

Pero esto que en principio hemos asumido por obra y gracia del legislador y sin información ni oposición, -a mí no me consta- de nuestros dirigentes puede ser el principio del fin de nuestra profesión, aún a  sabiendas de pecar de exagerado. De momento ya han dado pie a que nuestros compañeros registradores, además de calificar la escritura, se vean en la “necesidad” de calificar también el manuscrito de marras.

Pensemos nosotros y que no piensen los demás. Imaginemos que el legislador, debidamente impulsado y obedeciendo a otros objetivos, dada la aquiescencia notarial, decide que, por ejemplo, el particular tiene que hacer el manuscrito  referido esta vez a la comparecencia o datos de los intervinientes, o tal vez a la descripción de la finca objeto del documento, o por qué no, a la información registral, manifestando manuscritamente que el notario ha recibido correctamente la nota del registro y que ha sido informado del alcance de la misma, que le ha sido debidamente exhibida y etc, etc, etc….

¿Os imagináis las consecuencias?

En segundo lugar, supone un menoscabo de la seguridad jurídica inherente a nuestra función, no solo desde el lado de quien la presta, es decir,  el notario, sino, y esto es más grave, de quien la recibe, que pone cara de inseguridad y desconcierto cuando se le plantea la cuestión. No entremos a valorar qué ocurriría en el supuesto improbable pero no imposible de que ante la negativa del interesado se autorizara el documento. Que cada cual saque sus conclusiones

En tercer lugar, atenta gravemente a nuestra dignidad profesional y también a la personal. Supone una desconfianza absoluta mostrada por el legislador a la labor del Notario, al provocar la situación de que alguien que no lo sea, no se limite tras la lectura del documento, a firmar y a consentir como hasta ahora, sino que debe manuscribir y “meter la pluma” en nuestra escritura pública.

En cuarto lugar, y desde un punto de vista práctico, el citado manuscrito es una verdadera chapuza: arcaico, en un mundo dominado por las nuevas tecnologías, obstaculizador, porque retrasa la autorización del documento y cercena el principio de celeridad del tráfico, tantas veces invocado en nuestra función; y además es de difícil cumplimiento en muchos casos, donde el manuscribiente difícilmente sabe o puede escribir, o no sabe o no puede, o es extranjero, o hay diversos prestatarios, avalistas, hipotecantes, etc…

No sé quien promovió la iniciativa, ni quien la consintió o consensuó, -en el caso de que hubiera habido consenso-. Y esa misma opacidad en su nacimiento siguió en su aplicación: la falta de información, instrucciones o circulares con carácter explicativo de nuestros dirigentes me parece inaceptable, máxime teniendo en cuenta su inmediata entrada en vigor. El silencio por respuesta y la soledad en nuestros despachos, me obliga, a pesar del tiempo transcurrido, a pedir explicaciones y exigir responsabilidades, que las hay, y por todo ello solicitar la supresión de tan aberrante norma y la restauración de nuestra menoscabada función.

Queridos compañeros, no sé cómo os sentís cuando después de la preparación de la escritura de préstamo con garantía hipotecaria correspondiente comprobáis que existe “manuscrito”. Yo, como la canción, me “siento morir”.

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9 Responses to "El manuscrito o la fe pública compartida"

  • Luis Bustillo
    18 julio, 2014 - 21:02 Reply

    Es sin duda gravísima esta agresión a la esencia de nuestra función.No somos creíbles,parece ser que quieren decirnos,y con ello,como dices,se abre un camino que nos puede llevar a cosas no imaginadas.Por otro lado,la proliferación de estatutos y escrituras tipo(véase DA 10 de la ley de emprendedores ,que ha pasado algo desapercibida)llevan a pensar si lo siguiente no será el modelo normalizado para compra de viviendas, en aras a la lucha contra el fraude,la protección del consumidor,etc.,cumplimentado por los interesados.Que nos quedara?legitimar las firmas?.se nos imponen estas cosas porque no se entiende nuestra función;y no se entiende por muchas cosas,pero a mi ahora se me ocurre una.El subsecretario medio no es sino un ciudadano más,que tendrá su hipoteca como todos.A lo mejor ese subsecretario,antes de serlo,fue a un centro de formalización,en el que un eficiente notario era capaz de firmar yoquesecuantas hipotecas por hora.Y lo que le quedo fue lo que vio.Y sobre la base de su experiencia forma su criterio y toma sus decisiones.La orientación que al notariado como institución han dado nuestros órganos corporativos en los últimos lustros es discutible y debe ser discutida,y en este blog se hace y se hará,con espíritu constructivo.Pero la responsabilidad individual no debe minusvalorarse.Los beneficios de cada actuación de cada notario,son individuales;las pérdidas son colectivas.

  • VICENTA RAMÓN ROYO
    19 julio, 2014 - 00:04 Reply

    Tomas, cuanta razón con lo del manuscrito. Yo, el día que se anunció sufri una indigestión y todavía me dura. Este revés del legislador, unido al hecho, de que ni siquiera se plantease por los nuestros poner un recurso, es la noticia que peor he llevado siempre, me niego a creer que no se pudiera hacer nada. Así, q lo único que se me ocurría era negarme, pero en una comida ya me alertaron que si pasaba algo probablemente tendría problemas con la cobertura del seguro de responsabilidad civil. Luego intente salvar un poco la dignidad añadiendo alguna coletilla a la redacción oficial. Yo siempre pensare que sigue siendo un tema pendiente del Consejo y no olvido tampoco que en un escrito que se público en el sic se decía que era un tema prioritario que no olvidaban, que tuviéramos paciencia. A mi a día de hoy se me acaba la paciencia, sobre todo porque ni siquiera se, si se ha intentado de nuevo algún acercamiento al legislador, y los resultados del intento. La falta de información significa que no se ha vuelto a intentar nada? Qué se ha intentado y no nos han dado cita? Qué se ha intentado, nos han dado cita y…? Seguíd vosotros con las posibilidades de lo que puede haber pasado, porque claro tampoco de este tema se reciben noticias regulares , puntuales y serias del Consejo. Así qué Tomas me alegro que hayas sacado el tema. // Por otro lado, el tema añadido que planteas tú, Luis, también me resulta muy interesante. // Buenas noches y un abrazo.// Vicenta Ramón Royo, Notario de Utiel.

  • Tomás Michelena de la Presa
    19 julio, 2014 - 11:41 Reply

    Gracias Vicenta por manifestar públicamente lo que en el fondo todos compartimos y sentimos con la maldita expresión manuscrita. No obstante, seamos optimistas y pensemos, que la coyuntura del tiempo en que se dictó la norma, el carácter económico- político de la misma e incluso la época del año en que se desarrollo, mayo-julio , sorprendió a nuestros dirigentes ,que estoy seguro que aunque tarde- ha pasado un año y estamos de aniversario- retomarán el tema y nos devolverán el prestigio y lo que es mas importante la dignidad menoscabada por la norma en cuestión.
    En cuanto a ti, Luis, compañero de blog, como siempre a la altura de las circunstancias .Es gratificante saber que con notarios como tú, jóvenes, preparados y comprometidos la profesión está a buen recaudo. Me gusta tu ejemplo de subsecretario, por gráfico ,y porque pone de manifiesto la mediocridad que preside la mayoría de nuestra clase política que, precisamente por mediocres y por no entender nuestra función disparan misiles sin sentido y siempre en la misma dirección .Pero insisto ,demos un voto de confianza a nuestros representantes ,miembros del Consejo General del Notariado ,notarios como nosotros, para que una vez recompuesto el mismo, olviden sus discrepancias y tomen de una vez por todas las riendas de la situación. Porque es su obligación ,porque tienen esa responsabilidad y porque tenemos que evitar como muy bien apuntas ,que seamos simples legitimadores de firmas o que el manuscrito se expanda hacia arriba, desde la firma a la comparecencia- y nos encontremos con un préstamo ológrafo ,sometido por supuesto a adveración. Pero eso no va a ocurrir.Confiemos en ello y en ellos. Abrazos.

  • Fernando Rodríguez Prieto
    19 julio, 2014 - 21:44 Reply

    Tomás, de nuestros gobernantes puedes esperarte esto y cosas peores. Su negligencia rivaliza con su ignorancia. Pero ni siquiera son conscientes de ambas. Por eso no preguntan, no se informan antes de legislar. Sólo les preocupa el corto plazo, la imágen… y satisfacer a los lobbies poderosos que actúan en la sombra, por supuesto. Y en eso poco se diferencian en el gobierno cualquiera de los dos grandes partidos.
    Pero este es el tiempo que nos ha tocado vivir como notarios en España. Y con este ganado tenemos que lidiar. Por supuesto que deberíamos hacer mucho más por nuestro prestigio y credibilidad. Y que tenemos que repensar en profundidad todo lo relativo a nuestra profesión y función, lo que sólo puede hacerse en un Congreso Nacional. Pero aun así no sería fácil encontrar respeto y comprensión por la clase política. Cuyo novel, además, sigue bajando en picado.

  • Tomás Michelena de la Presa
    20 julio, 2014 - 11:34 Reply

    Tiempos difíciles, Fernando, nos está tocando vivir a los notarios, y comparto plenamente tus reflexiones sobre la clase política. Lo que a mi me preocupa es que el notariado sea el reflejo de aquella, que nuestra profesión cada vez esté mas politizada ,que la mediocridad y las malas prácticas, o sea la corrupción, empiece a verse como algo habitual también entre nosotros, que perdamos nuestra independencia, nuestro prestigio y nuestra dignidad, sino ha ocurrido ya ,que en vez de un cuerpo- el cuerpo notarial- fuerte y unido seamos una suma de individuos cuyo único nexo sea el haber aprobado una oposición. Por todo ello, apelo a la concienciación de nuestros compañeros y la responsabilidad de nuestros dirigentes para cerrar las puertas a esa política y desde dentro, debatir nuestro futuro en un Congreso Nacional. Es el momento. Tú, yo y algunos más en eso estamos .Que sea así. Abrazos.

    • Jose Carmelo Llopis Benlloch
      21 julio, 2014 - 14:02 Reply

      Completamente de acuerdo con lo dicho en el post y en los comentarios: Un duro golpe para la dignidad notarial y un atentado contra la escritura pública. Como siempre: ¿a quién ha beneficiado esa cláusula manuscrita? ¿A quién ha evita problemas? ¿A los consumidores? No lo creo. Opino que además es un (otro más) abuso para el consumidor, que queda obligado a escribir algo que le perjudica gravemente frente a una posible demanda por abusividad de la cláusula. Precisamente hace poco que inauguré un blog sobre cuestiones notariales en mi web, y las dos primeras entradas se referían a la inefable expresión manuscrita (estáis todos invitados a leerlas, no pongo enlaces porque entiendo que no es procedente).

  • Ignacio Gomá Lanzón
    21 julio, 2014 - 21:17 Reply

    Añadiría una cosa más al post de Tomás: no sólo es un insulto a la profesión notarial, sino también para el otorgante al que se le trata como menor de edad o incapaz, impotente para entender lo que firma y sin armas para negarse a los urgentes y abusivos requerimientos del blanco.

    En realidad, lo lamentable de las cláusulas suelo no es su propia naturaleza o que la partes no las conocieran sino que la realidad las ha convertido en algo irreal y gravemente perjudicial para una de las partes por la bajada de los intereses y el desplome de los inmuebles. La cláusula rebus sic stantibus de toda la vida, pues nadie pensaba que con un interés del 7%, al cabo de pocos años fuera estar al dos y pico. Quizá es por ahí por donde habría que haberlas atacado y no insultando a la inteligencia de la gente y la honradez del notario (salvando aquellos casos en que SI es abusiva por marcar un margen de variación irreal y abusivo), para conseguir un efecto mínimo o nulo.

    Enhorabuena por el post.

  • José-Javier Cuevas Castaño
    22 julio, 2014 - 19:02 Reply

    La Ley es un disparate, una ofensa injustificada al notariado y una molestia inútil para la ciudadanía,lo cual podía haberse mitigado , al menos en lo que tiene de ofensa gratuita y/o malintencionada, desarrollando la norma legal mediante una circular del Banco de España que impusiera la obligatoriedad de “manuscribir”el texto en presencia y bajo la fe del notario pero no en la escritura propiamente dicha sino en cualquiera de los documentos precontractuales obligatorios, segun la Orden de transparencia, que se incorporaría a la matriz. Así, al menos, se minimizaría la ofensa , aunque no se corregiría la estupidez e inutilidad de una norma que debió ser combatida como “casus belli” por el Consejo General, por cuanto tiene de peligrosísimo precedente, torpedo en la línea de flotación del sistema y demostración del menosprecio oficial hacia la fe pública notarial.

  • Alexei Alexeievich Alexeiev
    16 septiembre, 2014 - 13:00 Reply

    Buenos días a todos. Como mero ciudadano, no sólo usuario de los servicios notariales, sino bastante convencido de las ventajas del sistema (al menos como lo explicaban maestros como Vallet, Nuñez Lagos, etc.), sólo señalar dos puntos:
    – De acuerdo con el contenido del artículo, y con el absurdo que supone este tipo de desnaturalizaciones de la fe pública.
    – Pero, por otro lado, señalar que me extraña que sólo uno de los intervinientes, Luís Bustillo, ha dado una explicación razonable a lo sucedido, esto es, que la mala práctica (llamemos a las cosas por su nombre) de algunos notarios, que no han explicado a los otorgantes lo que estaban firmando, ha dado lugar a estas prevenciones. El subsecretario “de a pie”, cuando efectivamente va a comprar un piso y firma una hipoteca, y se encuentra con estas situaciones, o, peor, se encuentra años después con el efecto de una de estas cláusulas “suelo”, es de entender que tienda a buscar modos de reforzar la información al deudor hipotecario, aún incurriendo en este tipo de absurdos como el famoso “manuscrito”.
    En este sentido, en mi opinión, la forma más práctica de lidiar con estos asuntos con alguna posibilidad de éxito (aparte de la posibilidad de colocar en Moncloa a alguien del Cuerpo, como han hecho los primos cercanos), es cargarse de razón desde el punto de vista moral, y eso, a mi entender, exige que sean los propios Notarios los que hagan la ITE al edificio notarial, lo mantengan en orden para que no caiga ninguna cornisa sobre quien pase por la calle, y así eviten que sea la autoridad administrativa quien, ante la inacción de los dueños, actúe por vía sustitutoria. En román paladino, actuar por vía disciplinaria contra quienes hayan sido negligentes en el ejercicio de la función notarial.
    Con el tiempo, y esa legitimidad moral, se podrán obtener cosas. Pero por la vía de ignorar las causas, no lo creo. Un cordial saludo

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