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Carta a nuestro primo, Futuro Notarial

Querido Futuro:

He recibido tu carta. Me ha alegrado mucho recibir noticias tuyas, aunque me has dejado un poco preocupada. Mis hermanos Congreso y Elección Directa también lo están. Somos tus primos, y te queremos, y no entendemos por qué te empeñas en cambiar de nombre cada vez que nos escribes, como si no supiésemos quien eres. El mes pasado decías llamarte Foro Notarial, ahora dices que eres el Futuro. No deberías dejar de tomar la medicación que te prescribió el doctor. Sabemos que el juego de las alianzas, las retrodimisiones y las conspiraciones de salón es muy estresante y que ha debilitado tu salud mental, pues habías puesto muchas esperanzas en él para conseguir una colocación en tu tierra, pero lo primero es la salud, y debes cuidarte.

Quiero decirte que escribes unas cosas muy extrañas y contradictorias. En tu última carta, a mediados de junio, nos hablabas de la necesidad de dejar trabajar al Consejo, que sabía lo que tenía que hacer. Parecía que pronto ibas a ser tú el que tomase el control de la situación. Pero a los pocos días te fuiste, sin dar ninguna explicación. Lo lamentamos, y así lo dijimos a nuestros allegados, que debías tener importantes razones para irte así, de repente, tú que siempre te has caracterizado por el desinterés y la responsabilitat, por el seny, como dicen los catalanes. Pero te fuiste con vagas excusas que nos dejaron vacíos, y tu portazo resonó como el eco de una casa deshabitada. Ahora, sin embargo, cargas contra ese mismo Consejo que hace poco más de un mes debía ser apoyado, sin que sepamos lo que ha cambiado. Tu excitación y estado febril te hace ver las cosas de un modo un tanto sesgado y creo que deberías tomar algo de perspectiva.

Como prima tuya que soy voy a tratar de ayudarte a aclarar tus ideas.

Cierto es, como tú mismo dices en tu última carta, que el Notariado está en un momento muy malo, cercado por la amenaza de los que quieren cambiar de manera radical el sistema de seguridad jurídica preventiva, en una última carga de la caballería ligera, “now or never”. Y hemos leído en la prensa que quizá en este caso se cumpla aquello de “si no entiendes algo, piensa en el dinero”. Curiosamente, también aluden al futuro los que tal cosa pretenden: “Ver el Futuro”, creo que se llaman. Nos darán tardes de gloria este otoño.

Pero cuando analizas las causas de todo esto y propones los remedios, creo que te equivocas, querido Futuro. Básicamente, nos dices que el problema es una gestión personalista y entreguista que prescinde del Pleno, entiendo que del Presidente, que se apoya en una guardia pretoriana de satélites malintencionados que quieren someter al Notariado a sus oscuros intereses. Tiene gracia, primo, que ahora te presentes como una víctima de una conspiración. Quizá sean esos problemas tuyos los que te hacen ver enemigos por todas partes.

Mira, esos satélites a que te refieres somos mis hermanos, Congreso y Elección Directa, nuestros otros primos, Jornadas de Málaga, nuestra tía Democracia en el Notariado, y yo misma, Transparencia Notarial. Y hemos de decirte que te confundes con nosotros. No somos los satélites ni la sucursal de nadie, y menos del Presidente actual. Lo que pasa es que nos preocupa mucho la salud de nuestra gran familia el Notariado y creemos que la solución de nuestros problemas tiene que salir de una gran reunión familiar, en la que todos puedan decir lo que piensan. Al fin y al cabo todos llevamos el apellido Notario ¿no?. No pretendemos disolver el Consejo ni laminar a los Colegios ni a los Decanos, no digas barbaridades. Aunque he de decirte que el subtexto de tu carta me parece un poco “demodé”, por decirlo de una manera suave. Pues pareces querer decirnos que los actores de esto que llamamos “política notarial” tienen que ser los órganos, no los individuos. Esto, según recuerdo, se llamaba nosedónde “democracia orgánica”. Dices que eres el futuro, pero nos hablas de soluciones vigentes cuando el Mar Muerto era solo un enfermo, y no grave. Yo pienso que lo moderno, lo que nos hará eficaces y nos permitirá seguir siendo una familia con un papel en el mundo es la participación y la discusión, porque somos muchos, y los hay muy valiosos y que pueden aportar grandes cosas.

Por otra parte, achacas nuestros problemas a la gestión de este Consejo, del que eras hasta hace pocos días Vicepresidente. Vale, asumamos que nadie te hacía caso, y que el jefe iba por libre con su camarilla. Pero te equivocas otra vez, estimadísimo. Los peligros de hoy nos cogen debilitados, es verdad. Pero el problema viene de lejos, de los tiempos en que nuestros mayores trazaron un camino equivocado y decidieron que el futuro iba por allí, olvidando cuál era nuestra esencia, lo que nos había hecho grandes y prestigiosos durante décadas, durante siglos. Dejamos de lado el negocio familiar y creímos que casándonos con la administración y dándole todo lo que nos pedía, seríamos más grandes y estaríamos más seguros. Y nos olvidamos de que si habíamos llegado a dónde habíamos llegado era porque la sociedad nos había considerado útiles y eficaces, porque resolvíamos problemas, porque buscábamos la excelencia, porque teníamos autoridad sapiencial, porque nos distinguíamos por nuestra recta ética profesional, porque velábamos por la armónica formación de las relaciones económicas, sociales y jurídicas. Y alguien, hace años pensó que esto estaba bien, que estaba en nuestra genética y que seguiría siendo así. Pero el mundo cambió, la sociedad y el mercado mutaron aceleradamente, y por más que lo quisiéramos, íbamos quedando inermes para cumplir esa función social, de reequilibrio y de protección de valores superiores como la libertad, la justicia y la igualdad, que siempre nos había distinguido. Nos convertimos en eficaces recolectores de datos e informaciones, y a fuer de insistir en lo buenos que éramos en eso, el legislador se fue olvidando de lo demás y nos fue asignando tareas en la línea de lo que nosotros mismos le decíamos que hacíamos bien y que era más útil para la sociedad.

Parece que para ti, Futuro mío, la solución es ser firmes en el Ministerio, pegar un puñetazo sobre la mesa. ¿Dar un par de voces? ¿Exigir dimisiones? (seguro que nos hacen caso). Podríamos poner a la Comisión Permanente bajo las órdenes de un “personal trainer” tan de moda hoy, y hacer que se presenten, musculados y amenazadores, en el despacho del Ministro, a lo mejor le da miedo. Exiges una defensa acérrima de la función. ¿Tú tienes claro a qué función te refieres? ¿A la que va de vender datos a los bancos saltándose a la torera un pilar esencial de la función como es el secreto de protocolo? A lo mejor lo primero es aclararnos un poco lo que queremos.

Yo creo que lo que necesitamos es indagar dentro de nosotros mismos acerca de lo que queremos ser como funcionarios, como profesionales, en relación con los consumidores, con la Administración, con los grandes agentes económicos. Decidirlo entre todos y luego proclamarlo a los cuatro vientos. Mira que bien lo hicieron nuestros “capuletos” particulares: una Asamblea celebrada y un proyecto integral que iba a poner patas arriba todo el sistema saltó por los aires. Las espadas en ese campo siguen en alto, y debemos observar lo que pasa y tomar partido. Pero primero, la familia notarial tiene que reencontrarse a sí misma, con el concurso de todos sus miembros, luego ya iremos a pelear, todos juntos, todos a una.

Sin más, querido Futuro, me despido. Reflexiona sobre estas cosas que te digo, verás como no estoy tan equivocada.

Recibe un fuerte abrazo de tu prima que te quiere,

TRANSPARENCIA

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19 Responses to "Carta a nuestro primo, Futuro Notarial"

  • Agostero
    4 agosto, 2014 - 22:59 Reply

    Ya que nadie lo dice, lo diré yo.

    Sin duda el mejor post hasta la fecha. Me he pasado la mañana releyéndolo una y otra vez y cada vez me reía más que la anterior.

    Gracias a los editores por alegrarme esta jornada de agosto trabajando.

  • Falcidio
    5 agosto, 2014 - 21:38 Reply

    Pues a mí no me ha hecho gracia, qué queréis que os diga.

    Siento enormemente que la situación provoque este tipo de chanzas. Y lo siento doblemente, por nuestra profesión y por nuestro primo Futuro. A quienes no lo conozcáis os parecerá otra cosa, pero quienes lo tratamos de cerca sabemos que su único interés en el Consejo ha sido siempre el de colaborar en la consecución de los objetivos en los que cree, y que en su mayor parte coinciden con los que aquí se vienen exponiendo. Otra cosa es que haya podido o sabido hacerlo.

    Vistos los resultados, la respuesta sería claramente negativa. Pero, ¿es algo imputable a él? Desde luego, no más que al resto de miembros del Consejo. Desde fuera me atrevería a decir que menos, bastante menos. Nuestro primo ha hecho todo lo que estaba en su mano, a riesgo, a la vista está, de dañar su imagen. Ha agotado las posibilidades para conseguir un CGN operativo, con “cara y ojos” frente a la sociedad y la administración. Pero todo ha sido inútil. Y cuando lo más cómodo habría sido batirse en retirada, se da cuenta de hasta qué punto le duele hacerlo, pensando, ingenuamente, que a lo mejor aún hay remedio. Que el momento es demasiado importante para dejar el futuro de nuestra profesión en manos de un Presidente indeciso, timorato, y habitualmente desafortunado. Y estará de acuerdo en que el sistema no funciona, pero es el que hay, aquí y ahora, cuando la partida está más que comenzada y no hay garantías de que se siga jugando cuando lo hayamos cambiado. Da igual, porque la lectura va a ser la misma: intereses personales, afán de protagonismo, ambición política…

    Personalmente, tengo claras una serie de ideas. La primera, que el notariado debe plantear al Gobierno y a la sociedad qué quieren de nosotros y cómo entienden que esa función debe desarrollarse. Que, según cual sea la respuesta -y a lo mejor, sea cual sea-, la siguiente cuestión es con qué medios pretenden que cumplamos esa función, porque los que hoy tenemos a nuestra disposición no son suficientes ni adecuados. Y que esas cuestiones deben ser planteadas previa reflexión conjunta de todo el notariado, que legitime a quien nos represente y que le permita apostar con fuerza. En resumen, sí, es necesario ese Congreso del que tanto se ha venido hablando, pero del que nadie ha vuelto a saber nada.
    Y en él, reivindicar un sistema que permita un CGN, no sólo un Presidente, elegido directamente, formado por notarios que representan a la mayoría de nosotros y que tienen un proyecto común que no les va a romper por la mitad a las primeras de cambio. Y no nos preocupemos por los Colegios, que hay trabajo para todos.

    ¿Es el momento? Pues, a diferencia -quizá- de nuestro primo, creo que sí. Pero también creo que los actuales miembros del CGN deben forzar al máximo su sentido de la responsabilidad, porque el periodo que se abra, si llega a abrirse, será todo menos fácil, y a ellos va a seguir incumbiendo nuestra representación. Cuanto antes sepan qué rumbo quiere seguir el notariado, más fácil lo tendrán. Y cuanto menos nos riamos de ellos, también.

    • Joaquín Planchuelo
      7 agosto, 2014 - 12:35 Reply

      Sr. Falcidio:
      No soy notario, sino médico. Creo poder presumir de que mi profesión es más antigua que la de notario, siempre que se admita que chamanes, brujos, druídas, etc. fueron nuestros precursores. En cualquier caso, nadie discute que desde la Grecia clásica gozamos de un estatuto y que todos, antes de ejercer, realizamos un juramento que dictó un tal Hipócrates hace ya unos 2400 años.
      Pero ahora no es mi objetivo jactarme de tanta solera. Escribanos, notarios… creía yo que ya gozaban de algunos siglos de tradición. De hecho, uno de mis bisabuelos fue notario. El motivo para dirigirme a usted es la sorpresa que me ha causado que a estas alturas los notarios todavía se tengan que plantear que es lo que sociedad y el gobierno quieren de ellos. ¿Pues a qué se han dedicado hasta ahora?. Mejor dicho: usted dice que tiene clara la idea de que hay que plantearle a la sociedad y al Gobierno qué quieren de los notarios. O sea, que tiene claro que no está claro.
      Una vez obtenida –de la sociedad y el Gobierno- la ansiada respuesta, la siguiente fase sería averiguar con qué medios habrá que cumplir esa función “porque los que hoy tenemos a nuestra disposición no son suficientes ni adecuados”. ¡Hombre!, si todavía no se sabe lo que se espera del notariado, ¿cómo se puede afirmar que no se dispone de los medios para ello?. Cuando un enfermo entra en mi consulta, hasta que no sé lo que le pasa, no sé si tengo a mi disposición los medios para curarlo.
      No soy del Gobierno, pero sí formo parte de esta sociedad y, por lo tanto, me siento con derecho a decirle que espero de los notarios: fundamentalmente, primordialmente, ante todo, SEGURIDAD JURIDICA. Que lo contenido en un documento intervenido ante un notario tenga la solidez de una roca y la fuerza de una locomotora. Es sencillo ¿no?. La sociedad, en general, creo que hasta ahora ha pensado que así es, aunque se den algunos casos mediaticamente muy sonados. Por tanto, los notarios honrados (que no dudo que son casi todos), deben perseguir implacablemente las conductas de aquellos que no lo son y apartarlos de la profesión. Mientras no pierdan su prestigio, la sociedad querrá tener notarios para formalizar sus transacciones.
      Si, además, dan un servicio rápido, económico, afable, tecnologicamente acorde a los tiempos, accesible ….. No es tan complicado.
      Si, por el contrario, los notarios se dedican a ofrecernos un “reality” de enfrentamientos, descalificaciones mutuas, banderías o ataques a otros cuerpos, cuando los ciudadanos estén ante un notario pensarán, como si de un miembro del denostado cuerpo judicial se tratase, ¿será progresista?, ¿pertenecerá al Grupo de Madrid?, ¿será de los que apoya a tal facción?, ¿no fue éste el que dijo en la televisión que…..?, ¡ah!, éste es el que le movió la silla a este otro…
      Quizá a su profesión le empiece a sobrar algo de soberbia y a faltarle dignidad.

  • Luis Bustillo
    5 agosto, 2014 - 23:45 Reply

    Falcidio:
    Mejor reir que llorar. Y la chanza va dirigida a quien no es capaz de dirigirse a sus compañeros utilizando su propio nombre y que califica a quienes se reúnen para hablar de la profesión, de buena fe y sin exclusiones , como bienintencionados en manos de satélites de no se sabe quién. Para denostar y faltar hay que tener la gallardía de decirlo a la cara. Si alguien ha embarrado su imagen es Futuro, con este juego de cartitas anónimas.
    ¿Qué Futuro quiere lo mismo que estamos pidiendo? Bien, pues que proceda. ¿Qué no se sabe nada del Congreso? Mira tu correo corporativo. Se ha pedido la colaboración de todos los notarios para empezar a trabajar en ello. El Consejo ha dado la callada por respuesta. El Consejo entero es responsable. Entero. Aquí no se trata de defender a nadie en concreto ni este blog está montado para defender o sostener al presidente actual. Que quede claro de una vez por todas.
    El sistema es el que es, claro que si. Y ha de seguir hasta que cambie. Pero el sistema organizativo es un medio, no es un fin. Y los medios pueden utilizarse de distintas formas. Si está bloqueado, habrá que buscar una salida para que, en el ínterin, sea lo más eficaz posible. Y dado que no es capaz de alumbrar caminos, preguntemos a los principales interesados. Se trata de plantarse y dar una respuesta colectiva a nuestros problemas. Para hoy y para el futuro. Poca confianza tiene en el Notariado y en los individuos que lo componen quien considera que no pueden opinar sobre lo que les afecta directa, inmediata y gravemente.
    Coincides con nuestros planteamientos, y eso nos alegra. Y somos muchos los que pensamos así. Cada vez más. No pedimos nada extraordinario. Sólo saber que pasa y arrimar el hombro para buscar soluciones. Y que el Consejo lidere la necesaria transformación de nuestro ser y nuestro hacer. Es su responsabilidad.

  • Fernando Olaizola
    6 agosto, 2014 - 00:15 Reply

    Falcidio:
    Cualquier notario con un mínimo de sensatez lamenta la actual situación, no tan actual, en realidad, porque llevamos ya tres años de vaivenes. Nosotros desde luego la lamentamos, y te aseguro que lo nuestro es, efectivamente, reír por no llorar.
    En cuanto a apelar al sentido de la responsabilidad de los miembros del CGN, pues muy bien, que no quede, pero a estas alturas parece claro que su sentido de la responsabilidad es perfectamente compatible con el actual sistema.
    Y en cuanto a las ideas a tener claras: cada vez da más la impresión de que la manera de plantear nuestra función al Gobierno y el rumbo que ha de tomar el notariado están muy condicionados por ANCERT, que es un ente que tiene ya su propia dinámica. Poner demasiado el énfasis en que el presidente del CGN sea uno u otro nos lleva a olvidar que haya los cambios que haya en el Consejo, ANCERT sigue siempre en las mismas manos (y no me refiero solo a su consejero delegado); sigue en las mismas manos con el actual presidente y seguiría también si el presidente hubiera pasado a ser el primo. No nos quedemos en la anécdota y reparemos en lo esencial.

  • Tomás Michelena de la Presa
    6 agosto, 2014 - 02:18 Reply

    Sin perjuicio del esfuerzo que han hecho mis compañeros de blog en sus contestaciones ,yo no he conseguido entender nada de lo que escribes: no entiendo lo que no te ha hecho gracia, ni tu enorme y doble sentimiento, ni tu conocimiento y cercanía del /al primo de marras, ni nada de lo que dices. Te sugiero que abandones el pseudónimo-yo soy partidario de nombre y apellidos- des un repasito al comentario y digas lo que quieres decir . Y a mayor abundamiento ,falcidio – que tiene sus connotaciones- en mi época estaba incluido- en femenino-, en el tema 110 del programa de notarías,horroroso por cierto. Animo y claro que te lo agradeceremos.

  • Falcidio
    6 agosto, 2014 - 20:07 Reply

    Muy brevemente, pues sólo quería agradeceros que os hayáis tomado la molestia de contestarme. Confío en que de este blog nazca, como pretendéis, el germen de un movimiento de revisión seria de nuestra profesión. Pero yo, que lo seguiré como hasta ahora, con mucho interés, no voy a intervenir más. Me molesta hacerlo sin poner mi nombre y apellidos -entiendo que eso reste interés al lector- pero más me molesta ver opiniones personales expuestas a luz y taquígrafos ajenos a nuestra profesión; creo que en esta fase del debate, no procede.

    Nada más. Reitero mi agradecimiento, sobre todo a Tomás, que el pobre no ha entendido nada; a lo mejor si intentas tú el repasito fuera de la modorra propia de las madrugadas de agosto…

    • Fernando Olaizola
      7 agosto, 2014 - 21:17 Reply

      Falcidio, la verdad es que lo tuyo resulta bastante confuso. Dices (o pretendes) tratar de cerca al primo, y resaltas sus nobles propósitos y su sacrificio personal y dices que de la situación actual es el menos culpable de todos los decanos. Y sin embargo dices (o pretendes) sostener todo lo contrario a lo que resulta de la trayectoria del primo (centrandonos en los hechos y dejando aparte las buenas intenciones, claro). Con lo cual, o eres el único, o de los pocos que tratan de cerca al primo, que piensan así, o el primo no os hace ni caso, o ante el primo os calláis lo que pensáis.
      Y si realmente te preocupa tanto como se desprende de tus comentarios la situación por la que esta atravesando el notariado, volver al cómodo papel de espectador no resulta tampoco muy coherente. Sería mucho más útil que sostuvieras lo que sostienes con tu nombre y apellidos y siguieras participando, aquí o donde tus opiniones puedan ser de utilidad. Te animo a ello.

  • Tomás Michelena de la Presa
    7 agosto, 2014 - 08:56 Reply

    Lo siento.Sigo sin entender tus comentarios, ni el primero ni el último. Pero lo que mas siento es tu despedida de este foro. Pon tu nombre y apellidos- que son los tuyos-y sigue interviniendo .Solo así podrás ayudar a revisar nuestra profesión y ,en definitiva, a conseguir un notariado mejor.

  • Fernando Olaizola
    8 agosto, 2014 - 23:18 Reply

    Estimado señor Planchuelo:
    Uno de los objetivos de este blog ha sido desde su inicio, y dentro de la modestia de su alcance, el de ser un cauce de expresión hacia la sociedad de lo que los notarios somos y pensamos, superando los tópicos al uso y yendo más allá del encorsetamiento propio de los mensajes institucionales.
    Dice usted que le causa sorpresa que a estas alturas los notarios se tengan que plantear que es lo que la sociedad y el Gobierno quieren de ellos. Y añade que lo que usted espera primordialmente de los notarios es seguridad jurídica.
    Y efectivamente, los notarios estamos y siempre hemos estado para procurar seguridad jurídica preventiva a los ciudadanos. Seguridad, esto es, tranquilidad y certidumbre; jurídica, relativa a los negocios, titularidades y derechos de los ciudadanos; y preventiva, es decir, sin necesidad de acudir a un juzgado a aclarar las cosas: notaria abierta, juzgado cerrado, según la frase que usted seguramente conocerá; jurídicamente, también vale más prevenir que curar.
    Para lograr todo ello, el notario, como figura independiente e imparcial, indaga cual sea la voluntad de las partes, les presta asesoramiento, comprueba el ajuste a la legalidad de lo que estas pretenden, redacta en su caso el documento, y en el momento del otorgamiento comprueba la identidad y capacidad de las partes, y les lee y explica el contenido del documento que firman junto con el.
    Pero para que ese documento tenga la solidez de roca y la fuerza de locomotora que usted dice, jurídicamente es necesaria la dación de fe por el notario respecto de todo lo contenido en el documento. Y esa fe pública es una potestad del Estado, por lo que los notarios que la reciben, además de profesionales del derecho, son funcionarios públicos.
    El notariado no ha sido creado ex novo por el Estado, sino que es una figura que emana de la sociedad a la que sirve y que el Estado, en un momento determinado, asimila y hace suya. Pero la figura del notario siempre ha tenido ese carácter mixto o híbrido entre lo funcionarial y lo profesional, entre la sociedad y el Estado.
    Pues bien, a finales de los noventa, en aquella época en que España iba bien y la Historia había finalizado, los Gobiernos del Partido Popular plantearon una revisión de nuestra función en clave neoliberal, para la que las notarías eran meros “puntos de firma”, la escritura pública un producto más puesto en el mercado, y la exacerbación de la competencia la receta mágica para todo. Nuestros representantes corporativos, integrados en el Consejo General del Notariado (el equivalente a su CGCOM), optaron frente a ello por aferrarse a nuestra condición de funcionarios y dejar en un segundo plano todo lo demás. Ello además coincidió con el comienzo de la aplicación de las nuevas tecnologías a nuestra actuación, con el potencial para la captación y el procesamiento de datos que puede usted suponer.
    Y en los últimos quince años, esa deriva no ha hecho sino acentuarse. Los notarios nos hemos convertido en unos obsequiosos colaboradores de la administración en las más variopintas tareas, cada vez más alejadas de nuestra función, padeciendo una verdadera hipertrofia de nuestra vertiente funcionarial. Para nuestros representantes corporativos sin duda es una política muy cómoda de llevar frente a la Administración, y en la Administración, encantados de tanta colaboración. Pero todo eso no es más, como estrategia corporativa, que pan para hoy y hambre para mañana. Y encima, pan rancio. Según este planteamiento, poco menos que se nos permite seguir siendo notarios y ejerciendo nuestra función, consistente como usted muy bien señala, en dar seguridad jurídica a los ciudadanos, porque así obtenemos todo tipo de datos que a continuación y con presteza facilitamos a la administración. Vamos, poner el carro delante de los bueyes.
    Todo ello queda reflejado además en el desmedido protagonismo que dentro de nuestra corporación ha cobrado toda la vertiente tecnológica, y los entes que la desarrollan, convirtiendo aquello que debería ser un mero instrumento al servicio de nuestra función, en lo que determina cada vez más como la función notarial se ejerce. Algo parecido a la manera en que los programas de prescripción electrónica constriñen la actuación profesional de los médicos, pero todavía peor. Y no sólo eso, puede usted leer un post anterior (“haciendo caja a costa del secreto de protocolo”) muy ilustrativo acerca de los extraños derroteros a que nos conduce esa pérdida de nuestro norte notarial.
    Lo que a estas alturas los notarios nos tenemos que plantear es la necesidad de reconducir esa deriva de nuestra función, que muchos consideramos lesiva y desnaturalizadora, y volver a poner los bueyes delante del carro. Por supuesto que los notarios hemos de contribuir desde nuestra privilegiada posición en el tráfico negocial a la lucha contra el blanqueo y el fraude fiscal, y continuar con nuestro puntero desarrollo tecnológico, pero teniendo claro cual es el sitio de cada cosa.
    Porque como usted señala, nuestra esencia y nuestra fuente de legitimación consisten en el servicio que prestamos a los ciudadanos. Lástima que nuestros representantes corporativos parezcan haberse acostumbrado a mirar a través de los ojos del Subsecretario de turno.

  • Fernando Olaizola
    9 agosto, 2014 - 00:07 Reply

    Permítame por otra parte, señor Planchuelo, dos precisiones:
    No creo adecuado calificar de “reality” las discrepancias o enfrentamientos dentro del notariado. La desunión y las luchas intestinas sin duda dan una mala imagen de cualquier corporación, pero ni el tono ni el estilo es el de un reality. Que desde luego sea deseable acabar con esa desunión es otra cosa. Y tampoco veo acertado el paralelismo que al respecto traza usted con los jueces, porque las discrepancias dentro del notariado tienen un contenido predominantemente técnico y no se tiñen de coloraciones políticas. En general, nuestra función no se presta a la politización como la judicial, y al cliente no le afecta mayormente que el notario que tiene delante apoye a un decano o a otro, o a ninguno, en los temas que enfrentan a los notarios.
    Por otra parte, discrepo de usted cuando dice que a la profesión notarial le sobra soberbia y le falta dignidad. No se cómo sería en los tiempos de su bisabuelo, pero si de algo peca hoy el notariado no es de soberbia, sino de todo lo contrario: de encogimiento, incluso de acomplejamiento a la hora de hacer valer y de defender su función como un servicio al ciudadano. Y creo que la profesión se ejerce con dignidad (además de con rapidez, accesibilidad, economía y todo lo que usted dice). Hay excepciones, hay efectivamente casos mediáticamente muy sonados, y ciertas prácticas que no lo son tanto; y todo ello debe desde luego no sólo perseguirse, sino hacerlo de una manera implacable.

    • Joaquín Planchuelo
      9 agosto, 2014 - 17:07 Reply

      Estimado Sr. Olaizola:
      En primer lugar debo confesarle que he pasado un par de días con “crisis de fe”, pues cuando comprobaba que, tras haber estado publicado algunas horas, mi comentario había sido eliminado, pensé: ¡vaya transparencia!. Hoy las aguas han vuelto por su cauce y no solo me siento reconciliado con Transparencia Notarial, sino muy honrado por recibir una respuesta de usted.
      Tengo la mejor opinión del cuerpo de notarios, conozco y trato con algunos a los que considero personas inteligentes, competentes y cabales. Por tanto, creo que debo matizar algunas afirmaciones que hice para que no sean interpretadas como ofensivas hacia el notariado.
      Cuando hablo del “reality”, no estoy describiendo una situación, sino haciendo una advertencia. Cierto es que todavía no existe la figura del “notario estrella” a nivel nacional, tal y como conocemos a jueces estrella, arquitectos estrella, cocineros estrella, banqueros estrella… y espero que no lleguemos a conocerlos. Pero en ámbitos más limitados, mas locales, sí existen. Donde yo vivo es muy conocido un notario por el volumen de su contratación, la ostentación de su riqueza y apariciones en los medios. En la capital es famoso algún despacho por su despliegue de glamour y, supongo, que en muchas provincias existirán casos más o menos sonados de notarios que destacan, y no precisamente por llevar una existencia discreta. Recientemente en Sevilla uno ha concluido de manera muy trágica. El acervo popular tiene acuñada la frase “más serio que un notario” y creo que la comparación no contiene intenciones peyorativas, sino al contrario; pensamos que un notario debe ser una persona rigurosa y recta. Así dormimos mejor.
      Aunque apenas trasciende a la población en general, es innegable que existe desde hace algunos años (¿quizá desde que España iba bien?) un enfrentamiento de los notarios con los registradores. En ambos bandos se ha propugnado la desaparición del cuerpo contrario, se ha criticado la doble calificación, ha existido una auténtica pugna a cara de perro por ganar influencia en las resoluciones de su Dirección General (batalla que por ahora ganan los registradores, a nadie le extraña teniendo en cuenta quien preside el Gobierno) y, en fin, se han enconado las posiciones. Yo, espectador imparcial, lo he visto como una guerra de soberbias, pues objetivamente este enfrentamiento difícilmente favorece a ninguna de las partes en conflicto. Sí lo hace a un tercero –la Administración- por aquel principio básico de “divide y vencerás”, pues ambos cuerpos, unidos en sus intereses, obtendrían mayores beneficios. Aunque es humano esperar de un notario que se sienta mancillado cuando un registrador, al que se le supone una preparación jurídica equivalente, le enmiende la plana, llevar las cosas a extremos cainitas no parece muy saludable.
      Asimismo trasciende a los medios, aunque con escasa repercusión en el gran público, que el Presidente del Consejo dimite, que luego vuelve, para que más tarde dimita el Vicepresidente…¡hum, esto huele a chamusquina!. Si uno gusta de profundizar en los conflictos humanos, estos titulares prometen y, en efecto, no resulta difícil encontrar algunas declaraciones de decanos y decanas algo subidas de tono, sin perder las formas en exceso, aunque no exentas de acritud. Por supuesto que no estamos ante Belén Estéban descalificando a algún exnovio; por eso no es apropiado compararlo con un reality, y me disculpo por ello.
      Pero es condición humana hurgar allí donde puedan airearse miserias ajenas, es un mecanismo de defensa ante las propias. Y los notarios, dada la relevancia social que siempre han tenido y aún mantienen, son un objetivo propicio. Solamente les hace falta el “notario estrella” que las airee.
      Sobre lo que me explica del buen quehacer de los notarios, es cierto que yo conozco a algunos de sus compañeros que atienden personalmente a las partes, aunque la norma suele ser que el primer contacto sea con un oficial. Asimismo es verdad que en una notaría se nos asesora, aunque normalmente también suele hacerlo el oficial, que es quien redacta la escritura ajustada a la voluntad de las partes y a la legalidad, aunque no dudo que determinadas escrituras sean redactadas por el propio notario o, en todo caso, supervisadas, que viene a ser lo mismo si se cuenta con personal competente. Algunos notarios todavía leen la escritura, muchos otros la dan a leer a los clientes y se limitan a preguntarles si está bien, y a firmar. Hay notarios que autorizan unos 12.000 documentos al año. Suponiendo que no se tomen vacaciones, son 1.000 cada mes. Suponiendo que trabajen de lunes a sábado, son unos 42 al día. Si cada día trabajasen 10 horas, quiere decir que dedica a ese proceso ideal menos de 15 minutos por escritura. Teniendo en cuenta la extensión de la mayoría de las escrituras, la cantidad de datos que en ellas se vierten y la coherencia que estos deben tener, o ese notario posee superpoderes, o actúa delegando totalmente su función en otras personas. Si, además, consideramos que debe elaborar un exhaustivo índice, cuya entrada de datos sí puede delegar, pero que debe cotejar personalmente, documento a documento, y que remite firmado …… podemos hablar de cantidad, pero no de calidad. Para el ciudadano medio, que va a formalizar una compraventa en la notaría que le designa el banco, el promotor, o la gestoría, que tras una buena espera ve aparecer a un señor con un traje muy bien cortado que, displicente, solo les dirige una fugaz mirada para cotejar su DNI y pregunta ¿firmamos?, resulta un trato ofensivo. Cuando, luego, piensa en la minuta que le ha pagado al señor del traje, no se siente precisamente reconfortado. La conducta de este notario sería un ejemplo de como provocar sentimientos contrarios a la empatía. Los médicos sabemos que si queremos perder de vista a un paciente, ésta es la mejor manera de conseguirlo. En lenguaje coloquial se llama soberbia. No digo yo que esté generalizada entre los notarios, pero como ha ocurrido que este tipo de notario, por la cantidad de contratación que ha tenido, ha abarcado una gran cantidad de población, ha dejado en el camino a muchos “afectados” que sienten una profunda animadversión por los notarios. No es que el fedatario deba resultar un tipo entrañable, pero sí que debería mostrar interés por el asunto que ha llevado a su despacho a esos clientes.
      Aclarado queda, pues, que al referirme a la soberbia de su profesión me refería a este tipo de conductas de notarios que contratan en masa o a los enfrentamientos entre cuerpos o dentro del propio cuerpo. Reconozco que el notariado, como tal, se muestra sumiso y humilde ante las disposiciones que, casi sin tregua, le impone la Administración. Sucede lo mismo con la ciudadanía en general y con cualquier colectivo, a quienes se nos exige cada día algo más: más impuestos, más formalidades, más certificados, más declaraciones, más control …. Acostumbro los sábados por la mañana a leerme la Referencia del Consejo de Ministros (empiezo a sospechar que deberé consultar esta extravagancia con algún colega) para comprobar como la Administración no ceja en su empeño de considerarnos sujetos a los que imponer continuamente nuevas exigencias. Y todos sumisos.
      En su caso, además, creo que están trenzando la soga con la que pueden llegar a ahorcarse. Por lo que yo sé, el Índice Único que elaboran en sus notarias consiste en trasladar a un formulario la práctica totalidad de los datos de las escrituras. Con ello están elaborando una valiosísima base de datos que sirve a las administraciones para que no se les escape ni un céntimo de impuestos o para detectar conductas fraudulentas y delictivas. En principio puede parecer que eso está bien, que justifica el trabajo y transferencia de datos. Pero, como ocurre con casi todo, puede dar lugar a usos espúreos de esa información o a la ilegítima comercialización de la misma, asunto que queda magníficamente explicado en el post “haciendo caja…”. Pero creo que esto todavía no es lo peor. Al parecer, ese formulario se está continuamente “perfeccionando”, de tal manera que si los datos que se introducen en el mismo no son coherentes entre sí, o con el tipo de operación o con los propios datos contenidos en la gigantesca base que ya contiene miles de escrituras y millones de sujetos, detecta el error y no puede validarse hasta que no se corrijan sus incoherencias. ¿Son conscientes de lo que supone esto?. Si una escritura puede ser sustituida, con igual eficacia, por un formulario electrónico, éste puede acabar sustituyendo al propio notario. Ya sé, ya sé; la reacción inmediata a este panorama futurista apocalíptico es negarlo, decir que si los conocimientos, que si el razonamiento, que donde esté una buena redacción, que si los matices, ….. Pero ustedes acaban de poner el grito en el cielo porque se admitan poderes firmados electrónicamente por un particular. No está tan lejos que una compraventa o una hipoteca puedan formalizarse en un mundo virtual (la famosa nube) completando un formulario perfecto y al que se le añadan unos documentos escaneados. O ni eso, pues todos esos documentos pueden estar en esa nube con una referencia vinculada. Lo patético sería que se llegase a esa situación gracias a una herramienta informática creada y pagada por los propios notarios, los que mas tienen que perder. Destrúyanla. Los registradores, a pesar de lo que la Ley les impone, se han negado a poner sus libros on line y a disposición de los notarios. Y no ha pasado nada.

  • Falcidio
    9 agosto, 2014 - 19:19 Reply

    Dado que -por los comentarios hechos por el Sr. Planchuelo- no puede uno estar seguro de que el orden en que se publican las entradas corresponda con el mismo con que han sido remitidas, me desdigo puntualmente de mi anunciada intención de no volver a participar en este blog, para no parecer descortés con quienes posteriormente -al menos para mí- han hecho algunos comentarios a mi entrada inicial.

    Fernando, cuando se celebre el Congreso en cuestión, o cuando exista un foro a mi entender adecuado -éste, insisto que para mí, no lo es, por las razones expuestas- no tendré ningún inconveniente en exponer, con nombre y apellidos, mis opiniones.

    Sr. Planchuelo, dado que aunque yo no lo supiera se dirigió usted a mí antes de mi “despedida” de este blog, me considero en el deber de contestarle, aunque creo que Fernando Olaizola le ha explicado perfectamente la situación, haciéndome mucho más sencilla la respuesta.

    Le sorprende a usted que el notario no sepa, o dude, de qué es lo que quiere de él la sociedad y el Gobierno, pero en su segunda entrada demuestra usted estar muy bien informado, e incluye, quizá sin saberlo, la respuesta que ya Fernando le anticipaba: ¿quieren esa seguridad jurídica que usted exige, para mí con toda la razón? ¿o quieren, fundamentalmente, que rellenemos el Indice Unico, que lo nutramos con cada vez más datos, y que sufraguemos todo el coste? ¿quieren que dediquemos nuestro tiempo y esfuerzo en actualizar constantemente nuestros conocimientos, al implacable ritmo del BOE? ¿o prefieren que los dediquemos a rellenar y enviar en plazo la información que, todavía más implacablemente, se nos demanda? Como bien dice usted, lo triste es que a estas alturas no lo sepamos. Puede usted preguntarse: ¿es que son objetivos incompatibles? Pues tal como están planteados hoy en día, sí.

    Porque habla usted de dar un servicio rápido, económico, afable, tecnológicamente acorde a los tiempos, accesible… Perfecto. A eso vamos, o deberíamos ir. Los notarios hemos hecho y seguimos haciendo un esfuerzo de preparación profesional y de incorporación de las nuevas tecnologías que nos permite ofrecer lo que usted demanda. En lo que se equivoca es cuando dice usted que no es tan complicado. No le repetiré lo que ya Fernando le ha expuesto, pero sí un ejemplo: yo ayer, viernes 8 de agosto, salí del despacho a las 10 de la noche porque no había forma de acabar el IU, y ya lo iba a enviar con un día de retraso (por cierto: el número de documentos que autorizo al año no superará por mucho los mil). ¿Es ése el papel del notario? Porque a lo que yo estaba acostumbrado -llevo ya años en ésto- es a que me den las tantas estudiando un asunto, o ninguno en concreto, sólo estudiando, pero no preguntándome cómo demonios incluir en el IU un dato que no tengo en la escritura, sencillamente por que ninguna norma me dice que debe constar.

    Y le extraña a usted que diga, sin saber qué se espera de nosotros, que no tenemos medios. Pues así es. Porque si yo quiero ofrecerle a usted el servicio del que hablamos, no puedo seguir cobrando por un testamento o un poder lo mismo que hace veinticinco años (no lo pongo en mayúsculas porque me da vergüenza). No puedo pretender tener unos empleados con la formación necesaria, si no les puedo pagar lo que merecen. Y tampoco puedo tener “rellena-índices” que sepan lo que hacen, por las mismas razones. Aunque en realidad, le miento: sí puedo. A base de asumir, y llevamos años así, que esos empleados ganen más que yo, que muchos meses sencillamente no gano nada. Tal cual. Y a esta cuestión no es ajena la circunstancia de que haya notarios que autoricen el número de documentos del que usted habla.

    Pero me permitirá que me muerda la lengua, porque ya he dicho mucho más de lo que debería. Usted, al que veo muy bien informado de la situación, entenderá probablemente que le hable de algo parecido a la frustración. Sólo le diré que el grado de la misma aumenta exponencialmente cuando compruebas lo poco que preocupan estas cuitas, no ya al señor de la calle, sino a los responsables de que nuestra profesión sea lo que entendemos que debe ser.

    Y, ahora sí, me despido deseándoles un buen verano a todos.

  • Fernando Olaizola
    9 agosto, 2014 - 21:41 Reply

    Estimado señor Planchuelo:
    Desde luego, y como dice Falcidio, demuestra usted estar muy bien informado de las actuales circunstancias de nuestra profesión. Supongo que su relación con el cuerpo notarial será algo más próxima que el bisabuelo de que hablaba.
    En todo caso, coincido con todo lo que usted dice. En relación a los notarios estrella de que habla, que autorizan un número de escrituras incompatible no ya con la buena práctica notarial sino, como se ha dicho, con las leyes de la física (y que sin embargo, y curiosamente, se suelen pretender más notarios que nadie, no se sabe si por puro cinismo o por algún mecanismo de autodefensa psicológica) reitero lo que anteriormente le dije: junto a casos mediáticamente sonados hay prácticas que no lo son tanto pero que deben ser perseguidas con igual implacabilidad. De ese tema nos ocuparemos en este blog, porque como usted apunta, estas prácticas inciden en cuestiones de tanta relevancia para el notariado como nuestra labor de asesoramiento y protección a los consumidores, especialmente a los clientes bancarios, nuestra imparcialidad e independencia frente a los grandes operadores económicos, y la imagen y el prestigio social de nuestra función.
    En cuanto al enfrentamiento entre notarios y registradores, que efectivamente arranca en su dimensión actual de los tiempos en que nuestros politicos neoliberales decidieron que sobraba una de las dos funciones, porque supuestamente se solaparían (cuestión de la que se ha ocupado ya este blog en un post de nuestro editor Luis Bustillo, “duplicidades”) no creo que sea planteada por nuestras respectivas cúpulas directivas tanto en clave de soberbia corporativa como de supervivencia: una de las dos funciones, según este planteamiento, sólo podría sobrevivir a costa de la otra. Parece creerse que esto va a ser como las guerras decimononicas de Bismarck, en que el país vencedor recibía el fruto de su victoria en forma de compensaciones económicas y anexiones territoriales (que aquí vendrían a ser porciones de nuestro sistema de seguridad jurídica preventiva), pero lo cierto es que se parece más a la guerra civil libanesa, en que años de enfrentamientos entre facciones fanatizadas acabaron dejando un país en ruinas. En todo caso, con el nuevo rumbo de esta confrontación tras la victoria del partido popular en 2011, ya no estamos ante rencillas y forcejeos por un quítame allá esa resolución de la Dirección General. Las cosas han tomado un cariz muy distinto, y con los acontecimientos de los últimos tiempos, la guerra civil ahora se libra mayormente dentro del cuerpo de registradores, conscientes muchos de ellos del riesgo que supone apostarlo todo a cartas muy significadas y de que les puede acabar saliendo el tiro por la culata. Da la impresión de que la cosa se les ha escapado ya de las manos a unos y otros. Le supongo a usted al tanto de todo lo que esta ocurriendo con la atribución del Registro Civil a los Registradores mercantiles, y la polémica que esta levantando el tema de la contratación del correspondiente sistema informático único.

  • Fernando Olaizola
    9 agosto, 2014 - 23:39 Reply

    Falcidio: espero que podamos vernos este otoño en el Congreso en cuestión, y exponer allí nuestras opiniones, les gusten o no a primos, presidentes y demás decanos.

  • Pedro Antonio Vidal Pérez
    11 agosto, 2014 - 01:00 Reply

    Buenas noches a todos. Buenas noches Don Joaquín.
    Ah! Caramba. Don Joaquín debo empezar agradeciéndole a usted que haya vuelto a intervenir en este blog. Es que no se me cocía el pan. Y usted me ha ayudado. Celebro además que sea médico y con bisabuelo notario. A mi me ocurre parecido. Su profesión, por dedicación familiar mas próxima, sospecho que constituye una de mis vocaciones frustradas, quien sabe si la mas.
    No obstante en la que tengo verá usted que tampoco falta campo para curaciones. Todo depende, como bien sabe, del estado de ánimo, que tanto parece influir en el sistema inmunológico.
    Tiene usted mucha razón. Y creo que se ha dejado, por caballerosidad o escrúpulo, cosas en el tintero. Pero no se la puedo dar en todo. Es lo humano y tiene usted la muestra en quien esto escribe.
    No se si al darle a usted la razón se la quito a mis compañeros o viceversa. Es que el tema se las trae.
    El Notario es un funcionario público y profesional del derecho. Está en nuestro artículo primero de la Ley y el Reglamento del Notariado. Y pese a su formulación decimonónica me parece un rasgo de modernidad. Pero verá que es de carácter esquizoide, y, en algunos casos, ya ve, decididamente esquizofrénico. Yo creo, si me lo permite y a salvo de su mejor diagnóstico, que pese a su dificultad no son inconciliables.
    El Notario ha de cumplir y aplicar la Ley. Es lo primero. Para quien tenga dudas de si eso es, o no, servir a la sociedad, bástenle los artículos básicos de la función pública, que aunque no muy bien adaptados a nuestra profesión, si son luminosos: el 103 de la Constitución Española y el artículo 1, 3, a) de la Ley 7/2007. Cuestiones psico-políticas aparte.
    Eso no está reñido con la crítica de los textos normativos, con su carácter, en muchos casos, manifiestamente mejorable.
    Seré mas concreto.
    El denostado índice único no nació para otra cosa, intuyo, que para cumplir, colectivamente, las obligaciones fiscales impuestas por Ley a los Notarios. Y mucho antes de que aquel empezara a andar. No creo que usted propugne la opacidad fiscal en un blog que se llama “transparencia”.
    Que la vis expansiva de Hacienda sea indiscutible y alcance cotas casi insufribles, es una cosa. Pero que no nos tengamos que someter, como juristas, al imperio de la Ley, es otra y no asumible.
    Vea, además, que en proporción directa, tanto abarca Hacienda cuanto crecen las asesorías fiscales. Nunca es de otra forma. Basta estudiar. Claro está, siempre en la medida de nuestras fuerzas.
    Y lo mismo en la atormentada legislación sobre el blanqueo de capitales. En esta y dado que el solar patrio alcanzaba hace unos años un sospechoso puesto en el podium mundial, tanto el Estado como mi Consejo han corrido mas que nadie. Y ya se sabe, las prisas son malas consejeras, pero las intiman sus primas, las urgencias. Hubieran debido evitarse ciertas ligerezas.
    Y es que acaso los Notarios debemos corregir el tiro. Elevar el punto de mira. Legislar. Quiero decir intervenir en la mayoría de los proyectos de Ley. Y me quedo tan fresco.
    No criticaré a mis órganos directivos sino en los cauces, con las formas y en los ámbitos adecuados. Usted ha dado sobradas razones y me ha robado palabras. Pero cuanto mas disten, mis directivos, del BOE, tanto mayor será mi reserva. Y he de reconocer que no han dejado de intentarlo, pidiendo nuestra opinión sobre textos legales inminentes. Yo recojo el guante y me lo apunto al debe.
    Nuestros compañeros, los Registradores. No quiero evitar el tema, pero aquí, inevitablemente he de ser grueso. Lo curioso es que tanto los Notarios como ellos, quieren entenderse. Y no lo consiguen. ¡Malhaya las minervas!
    Tiene, y allá voy, mucho que ver con cierta susceptibilidad notarial, bastante entendible pero muy al pronto. Curiosamente mas extendida entre quienes mas firman, desafiando –como usted dice- las leyes físicas. Lo dejo ahí.
    No quiero dejar de saludar a Falcidio. Comparto mucho de su discurso, aunque no sus observaciones sobre el índice único. No estoy lejos, como muchos otros, de padecer sus mismas penurias económicas.
    Porque lo que si ya está lejos es lo que decía un amigo mío, también Notario: “la crisis tiene una ventaja. Ya no me da vergüenza hacer mi declaración de la Renta”.
    Ya ve, Don Joaquín, coloraditos y todo, la mayoría de nosotros, quiero pensar, somos honrados.

  • Fernando Olaizola
    11 agosto, 2014 - 10:20 Reply

    Pedro Antonio:
    No se lo que ganaría ese amigo notario de que hablas, pero a mi nunca me ha dado vergüenza hacer mi declaración de renta. Ni en mi notaria de entrada, ni en mi segundo destino (en uno y otro estuve un total de siete años) ni en los diez años que llevo en una capital, sin crisis y con ella. Los que sientan vergüenza de lo que ganan deberían plantearse cuanto trabajan y como trabajan (y dejo aparte a los macronotarios estrella que no tienen notarías, sino factorías de producir escrituras, porque sería una ingenuidad suponer que estos individuos puedan sentir vergüenza por nada relacionado con su ejercicio profesional).
    Dices que no criticaras a nuestros órganos directivos sino en los cauces, con las formas y en los ámbitos adecuados. Pues muy bien, pero no esperes mucho, porque esos cauces y ámbitos de que hablas, que sin duda garantizaran esa discreción y esa reserva que tanto valoras, sirven de muy poco, si es que sirven de algo. Ello además de que son muchos los notarios que se quedan sólo con la primera parte de lo que dices: “no criticare a nuestro órganos directivos”, punto, que eso de criticar es muy ingrato y muy comprometido.
    Y respecto a nuestra obligación de cumplir la ley: no es ya que el legislador y la administración nos impongan obligaciones cada vez más desorbitadas y ajenas a nuestra función, es que somos nosotros mismos (o esos abogados del Estado que parecen tener cada vez más peso en la gestión de nuestros intereses corporativos, mientras nuestros decanos siguen con sus trifulcas) los que nos estamos ofreciendo a colaborar cada vez más y mejor, a cambio de seguir subsistiendo y de que se nos permita la explotación de “vías de negocio” colaterales.

  • Notario
    11 agosto, 2014 - 10:58 Reply

    Me gustaría saber cuales son esos cauces de crítica a los que se refiere Pedro Antonio. O en general, nuestros cauces de participación. Que yo sepa, lo único que podemos hacer los notarios es votar cada cuatro años para elegir a un Decano que luego en el Consejo puede hacer lo que quiera. Y entre medias, plantearle una moción de censura. Y aparte de eso? Que hacemos, mandarle cartas al Presidente del Consejo?

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