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Duplicidades

Se ha instalado, como lugar común o marco de pensamiento, que las funciones de Notarios y Registradores son redundantes, se solapan, y suponen “hacer dos veces los mismo”. Esa duplicidad hace que el sistema sea costoso e ineficiente y debe superarse (curiosamente, parece que en función o favor de la inscripción) ¿es esto cierto?

El Notario, en el ejercicio de sus funciones, realiza una tarea compleja que básicamente consiste en la recepción de una materia bruta, que son los propósitos empíricos o prácticos de los contratantes o partes en un negocio y en su transformación en declaraciones jurídicamente válidas y eficaces. Una vez recibida esa materia bruta, comienza a procesarla, encajándola en las distintas posibilidades jurídicas existentes, ofreciendo a los contratantes las distintas alternativas disponibles e informándoles de las consecuencias (civiles, fiscales, etc) de cada una, siempre dentro del marco de lo legalmente posible, así desde la perspectiva de las condiciones individuales de aquéllos (juicios de capacidad y legitimación) como del contenido objetivo de los pactos y relaciones que se proponen establecer (que implica un juicio preventivo de adecuación de los pactos a los límites negativos del ordenamiento). Hecho lo anterior, vuelve a pasar los pactos por “la máquina de la legalidad” exigiendo todos los requisitos adicionales dispuestos por la norma para la plena efectividad de lo propuesto (licencias, consentimientos, autorizaciones, etc). Incluso puede ir más allá, pues la práctica demuestra que el Notario también “aconseja”. Los particulares confían en su sentido de lo justo y de lo conveniente, que no es un carisma infundido con la superación de la oposición, sino que es un precipitado de la experiencia, del trato humano, del estar en medio de lo real, no encerrado en un “cielo de conceptos jurídicos” (por ejemplo, el arcano del “principio de especialidad”, que me da a mí que deben explicarlo a los profesantes de la “fe del libro ( de inscripciones)” en una ceremonia iniciática con mucha oscuridad y muchas velas y música solemne y todo eso).

Todo lo anterior lo hace el Notario personalmente, cara a cara con el proponente de la operación, valorando reiteradamente que éste comprende lo que hace, y que conoce sus consecuencias inmediatas y futuras, incluso en circunstancias meramente potenciales que pudieran afectar al negocio. La preparación y redacción de la escritura culminan en el momento cumbre de la autorización. Pero antes de esa autorización se ha mantenido un diálogo con el otorgante cuyo fruto es el negocio cerrado, perfecto y completo que contiene la escritura.

Es después, sólo después, cuando el Registrador interviene. Sobre la base de una materia ya transformada, revisando en su calificación si el negocio merece ser publicado en el Registro. La calificación no prejuzga, ni puede prejuzgar la validez del negocio. Porque el Registrador no es un Juez ni la calificación es un procedimiento contradictorio. No ha de serlo quizá, pues sólo tiene por objeto la inscripción, y la consiguiente dotación de ciertos efectos adicionales al negocio (oponibilidad a terceros que no conozcan su existencia por otros medios).

¿Duplicidad? El Registrador no recibe el propósito empírico, el Registrador no asesora, el Registrador no da forma, el Registrador no controla la capacidad, el Registrador no vela por la legalidad de los negocios que no se le presentan a inscripción ni por la de aquellos negocios que no son inscribibles y cuando lo hace lo es solo a los efectos de la inscripción, de denegarla o no. No se yo muy bien donde está la duplicidad.

Seguramente parte de la culpa de esa manida afirmación de la duplicidad esté en los propios Notarios. Nos hemos empeñado durante mucho tiempo en asentar nuestra función en la seguridad jurídica, en calificarnos de función al servicio de la seguridad jurídica. Y es cierto, lo somos. Pero no solo somos eso. Somos mucho más. En último término, nuestra función está al servicio de la libertad, de la igualdad y de la justicia.

Me explico.

El hombre es un ser impotente para procurar la satisfacción de sus propias necesidades. Necesita siempre de la colaboración de otros. El tigre es absolutamente autosuficiente, pues caza lo que necesita y es capaz de defenderse de los peligros que le acechan con sus músculos poderosos y sus terribles fauces. El hombre en cambio, necesita de la cooperación de otros, y sólo es hombre plenamente en relación con otros hombres. Por ello, el verdadero y completo desenvolvimiento de su naturaleza exige el establecimiento de relaciones con sus semejantes, tendentes a la cooperación mutua para aquella satisfacción. En esa relación no siempre están los seres humanos en pie de igualdad, pues las diferentes circunstancias en que cada uno se halla determinarán un desequilibrio de partida. En nuestro estadio actual de civilización hemos entendido que esa desigualdad de partida tiene que ser corregida en la medida de lo posible. Y precisamente a esa corrección servimos los Notarios. No a la totalidad, pero si a una parte importante. Los Notarios corregimos una de las asimetrías o desigualdades más importantes en el mercado: las asimetrías informativas. Y no sólo eso. Somos también instrumentos contra el abuso directo, al tener encomendada la depuración de las cláusulas abusivas o ilegales en los contratos (de una manera a mi juicio insuficiente). Es decir, corregimos por nosotros mismos la desigualdad informativa, somos el instrumento que la ley utiliza para impedir los abusos. Por ello, en último término, nuestra función sirve a la libertad, pues libre es quien consiente sabiendo lo que compromete; servimos a la igualdad, porque ponemos a las partes en igualdad de condiciones cognitivas; servimos a la justicia, en la medida en que esta está objetivada en la norma positiva, pues no autorizamos nada que vaya contra ella; y desde luego, servimos a la seguridad jurídica, y con ello, al orden y a la paz social  (y por tanto, y también desde este punto de vista, a la justicia otra vez). Nuestro trabajo, en fin, es hacer que el individuo desarrolle plena y libremente su personalidad. Y como a GOMÁ SALCEDO, cuando escribía en “La Notaría” (abril de 2001) un brillante y erudito artículo sobre algo parecido a lo que aquí trato, al decir esto me invade un gran y profundo orgullo .

¿Nos duplicamos, solapamos o confluimos con los Registradores? Yo creo, repito, que no. Si observamos nuestra profesión desde una perspectiva amplia y no nos dejamos llevar al campo de los que quieren reducirla a la seguridad jurídica preventiva, descubrimos que la función que se solapa con la notarial, con una parte de la notarial, es la registral. Los Registradores, en cuanto tales,  no pueden suplir las funciones que el Notario desarrolla en la autorización. La función registral es la que duplica, para la seguridad del tráfico, un aspecto concreto de la función notarial. ¿Sobra alguna de las dos?. Seguramente  no. Pero está bastante claro cuál es la imprescindible.

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6 Responses to "Duplicidades"

  • luis
    25 junio, 2014 - 14:11 Reply

    “En último término, nuestra función está al servicio de la libertad, de la igualdad y de la justicia.” Gran verdad, pero matizada por una pequeña apreciación, “siempre que se ejercite la función en los términos en que es concebida con arreglo al reglamento notarial y código deontológico”.

    En caso contrario estamos ante una profesión distinta y es precisamente esta presunción (verdadera o falsa) de falta a los principios a los que nos debemos someter, de donde vienen los principales ataques a la profesión.

    Probablemente no hay legislación más incumplida que la propia notarial, cuando se hace referencia a los aspectos internos.

    • Carlos de Prada Guaita
      25 junio, 2014 - 16:47 Reply

      Querido Luis, coincido contigo en tu afirmación de que nuestra profesión, cuando no se ejerce “en los términos en que es concebida con arreglo al reglamento notarial y código deontológico, es una profesión distinta” y, añado yo, carente de justificación social alguna.
      Pero discrepo radicalmente de tu afirmación de que “no hay legislación más incumplida que la propia notarial, cuando se hace referencia a los aspectos internos”.
      Creo que son una pequeña minoría las personas (me niego a llamarles compañeros) que no ejercen nuestra función correctamente, sin embargo, la abrumadora mayoría de nuestros compañeros ejercen su profesión de forma impecable y con estricto respeto a las normas del, sin duda, mejorable Reglamento Notarial. Lógicamente, al ser esto lo normal, no llama la atención, ni concita comentario ni interés alguno.
      Distinta es la cuestión de si las Juntas de los Colegio ejercen con la suficiente diligencia y contundencia sus funciones de inspección, a fin de reprimir con toda dureza esas actitudes aisladas, que tanto perjudican a la imagen de todos y en este tema tengo mis dudas.
      Un abrazo.

  • Harto
    25 junio, 2014 - 18:28 Reply

    Efectivamente, una cosa es aprobar la misma oposición y otra ser compañeros. Y deberíamos dejarnos de compañerismos mal entendidos y de considerar pecadillos veniales las malas prácticas que, aunque de una pequeña minoría, nos deslegitiman socialmente a todos y son nuestro verdadero talón de Aquiles.
    Por supuesto que a las juntas habría que exigirles una actitud más comprometida en esta cuestión, en vez de andar siempre con la excusa de que “es muy difícil pillarlos” o “es muy complicado de probar”. Y al Consejo, algo más que aprobar códigos deontologicos que sirven para muy poco.
    Pero también los notarios que actuamos correctamente y cumplimos con nuestras obligaciones deberíamos tener claro que los tumores malignos hay que extirparlos antes de que sea demasiado tarde, en vez de tratarlos como quistes sin importancia.

  • Carlos Pérez Ramos
    26 junio, 2014 - 00:54 Reply

    Magnífico Luis.
    Creo que hay una máxima que nos dicta el sentido común: SI ALGO FUNCIONA BIEN ¿POR QUÉ CAMBIARLO? Y nuestro sistema notarios-registradores funciona razonablemente bien y es barato… ¡Barato!- se me dirá- pues yo compre mi casa y me costo un paston el notario x una firmita…y el Registrador ya no te digo, porque por lo menos al notario lo vi.
    Vale, pero preguntémonos: ¿cuanto costaría a valor de mercado un testamento, un poder o un acta? O ¿la información registral, cuanto tendríamos q pagar por esa información si no existiera el Registro?
    Acaso no debemos plantearnos que unos documentos están subvencionando a los otros.
    Y ¿cuanto nos costaría el q interviniera unos terceros que me garantizaran q el negocio está bien y si no lo esta responderan por ello? y q se inscribo seré siempre protegido….
    Los q se quejan q el notario solo pone una firma…¡aprovecharos de el! Preguntarle, exigirle q os trate bien, q os atienda, q responda vuestras dudas.
    Y a los q no creéis en nosotros… Ya q tenéis q pasar por nosotros (¡ Ay el art. 1218, 1219 CC, el art. 17 bis LN!) ser listos y aprovecharos, buscar un notario q os de valor añadido, buen servicio, dedicación, respuestas…

  • Un Notario
    26 junio, 2014 - 11:31 Reply

    Conforme al vigente arancel notarial, aprobado por el Real Decreto 1426/1989, el importe de los derechos devengados por la intervención del notario en una compraventa de vivienda con un precio de trescientos mil euros, suponiendo que la escritura tenga una extensión media quince folios y se libren una copia autorizada y dos simples, es de cuatrocientos veintitrés euros, a lo que hay que sumar los suplidos y el impuesto sobre el valor añadido, resultando una factura de en torno a los quinientos veinte euros. Es decir, lo que viene a ser el precio medio de una lavadora. Si el precio de la vivienda es de seiscientos mil euros, la total factura rondaría los seiscientos cincuenta euros, o sea, el precio medio de una nevera combinada. Si el precio de la vivienda es de es un millón doscientos mil euros, la factura del notario sería de unos ochocientos euros, inferior al precio de una Thermomix.
    En España la compra de una vivienda puede hacerse en documento privado, o ser verbal. Si usted va a comprar una casa, basta con que le de el dinero al vendedor, el vendedor le da a usted las llaves, y la propiedad de la casa ya ha pasado a usted. El formalizar la compra en escritura pública es opcional. ¿Que aporta la escritura? SEGURIDAD. ¿Le entregaría usted al vendedor trescientos mil o seiscientos mil o un millón doscientos mil euros de precio a cambio de las llaves de la casa y un apretón de manos? ¿A que no? Usted quiere seguridad, y la consigue a través de un sistema que es sin duda barato.
    Por dejarnos de electrodomésticos y hablar de otras formas de seguridad ¿a cuanto asciende la prima anual del seguro de daños que usted tiene sobre su vivienda? ¿Cual sería la prima de un seguro de propiedad o seguro de títulos al estilo anglosajón, que sustituyese la escritura?
    Del sistema de notariado latino a que responde el modelo español se puede decir lo mismo que decía Churchill de la democracia: es el menos malo de los sistemas de seguridad jurídica.

  • Benito Martín Ortega
    27 junio, 2014 - 13:20 Reply

    En julio cumplo veintinueve años de carrera y desde el inicio solo he conocido un retroceso permanente de esta profesión y un continuo quejarnos por ello, por nuestra estructura corporativa y por lo buenos que somos nosotros y la poca falta que hacen los registradores y lo perversos que son. Veintinueve años después, el notariado cada día está peor, la estructura corporativa no ha mejorado, el Colegio, al menos el de Madrid, es un grupo de iniciados que se reúnen después de las conferencias y con los que es mejor llevarse bien porque no te admiten una crítica y como puedan te pasan después la factura y los registradores son cada día más fuertes a costa nuestra. Espero poder morirme viendo que esta profesión, a la que tanto amo, y a la que, sin duda con millones de errores, he intentando siempre servir honesta y lealmente, ha mejorado en algo. Lo demás, queridos compañeros, solo son honestos y trabajados esfuerzos de brillantes y honrados compañeros, pero se ve que no somos capaces de acertar y, sobre todo, no somos capaces de tomar, resueltamente, las riendas de nuestro propio destino. Un abrazo para todos.

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