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El año en que vivimos peligrosamente

Se cumple por estos días un año desde el Manifiesto por la Unidad, Manifiesto de Octubre, Manifiesto de los 1200 u otras denominaciones que ha recibido lo que fue un movimiento espontáneo generado a raíz de los acontecimientos de los días tres y cuatro de octubre de dos mil trece.

Haciendo un poco de memoria, el viernes día cuatro dimitían la Secretario y los Vicesecretarios del Consejo General del Notariado, remitiendo una carta a todos los notarios en la que explicaban los motivos de su decisión y que puede leerse aquí. El lunes siguiente, era el propio Presidente del Consejo el que comunicaba su dimisión, presentada el mismo día cuatro, en una carta también remitida a todos los Notarios (aqui).

Al abrir el correo corporativo, la alarma cundió por todo el Notariado. Llamadas a los compañeros que se suponían más enterados, nadie sabía nada. Aquí uno que tiene un amigo que está en la Junta de algún Colegio me ha dicho que la situación es muy grave, peor que en febrero cuando el proyecto de ley integral de los registros. Que Collantes no puede más, que aquello es la guerra. El Presidente era una víctima más de la picadora de carne de Martínez Campos. Algo inexplicable entre compañeros, pero que ocurría una y otra vez. En la Junta de mi Colegio se llega a decir que nos queda poco, que esto se acaba, que ya no nos salva nadie, pero sin concretar demasiado. Poco sabíamos.

Sí comprobamos, leyendo la carta en cuestión, que a pesar de la unanimidad que había concitado el Presidente en noviembre de dos mil doce, la unión era aparente y no real. Transcribo aquí algunos fragmentos de la carta de dimisión:

Desde entonces he perdido mucho tiempo en combatir los cabildeos, intrigas  y las acusaciones infundadas que han llenado las sesiones plenarias (…)Tengo que reconocer que no he podido cerrar ni las heridas del pasado, ni eliminar los recelos, el odio y la desconfianza que desde el primer momento estuvieron patentes.

Un par de días después (y voy a contar algo de mi experiencia personal, que es la de alguien preocupado como cualquiera por esos asuntos, pues afectan a mi profesión,- que es también, en cierto modo, una manera de vivir- pero que en ningún momento había tenido implicación corporativa) recibo la llamada de un buen amigo, y me comenta que unos cuantos están promoviendo un Manifiesto en el que se pide que se rechace la dimisión del Presidente y que cualquier decisión que se adopte en el futuro se haga previa consulta a las Juntas de los Colegios. Yo pregunto que cuál es el significado de esta historia, si es un apoyo en la guerra interna o si se trata de algo más profundo. El bueno de mi amigo me contesta que es más profundo, es democratización y participación, que las cosas están muy negras y se requiere unidad, pero  no de los decanos, sino de todos. Y que si, que el hombre es Collantes, que él lo hará, pero que tenemos que apoyarle. Básicamente, para un no iniciado, el esquema era: Collantes bueno; los otros, malos. Con entusiasmo, cojo el teléfono y me pongo a recabar adhesiones, unas cuantas. Pero siempre el mensaje es el mismo: oye, Collantes si, Collantes no, a mi me da igual, lo que me interesa son los puntos tres y cinco sobre todo. Pero como es un “manifiesto de adhesión” sus cláusulas no son “negociables individualmente” ; la gente se va adhiriendo, con una contradictoria mezcla de escepticismo y esperanza de que esta vez sirva para algo. En pocos días, se han conseguido mil doscientas adhesiones. Un récord. El resultado es conocido, no se acepta la dimisión del Presidente, por un margen escueto; pero parece que las aguas vuelven a su cauce. Aunque de alguna manera todo es distinto ya, pues algunos velos se han levantado. Hubo una frase nimia, que quizá pasó desapercibida, pero que para mí fue reveladora. En una carta, la Comisión Permanente, que gobernaba en el ínterin, afirmaba “el Pleno es soberano”. Dirán que soy un sensible, pero semejante barbaridad, negro sobre blanco en la pantalla de mi ordenador, me sublevó. Entendía de repente que, como se ha dicho, los decanos se consideraban “el alfa y el omega” y que la democratización era algo absolutamente imprescindible .

Pasan los meses y nada pasa, ni para bien ni para mal. El Manifiesto fue considerado como un elemento más en la guerra interna, prescindiéndose por sus destinatarios de su sentido y finalidad. Hablo de vez en cuando con algunos de los que se habían implicado en el tema del Manifiesto, y vamos viendo cómo comienza a surgir cierto descontento, cierta sensación de que aquí no pasa nada. Que le hemos dado mil doscientas firmas y todo sigue igual. Pero desde mi casa poco puedo hacer, no tengo capacidad de iniciativa. Es entonces cuando unos compañeros nos convocan a una reunión en la que se trata de ver cómo podemos recoger el impulso del Manifiesto, y el espíritu verdadero del mismo. Sin que se diga claramente, veo que ese grupo que lanzó el Manifiesto ya no piensa tanto en personas, o más bien, ya no ven que el proyecto sea encarnado por nadie, que lo que hay que hacer es animar a los compañeros para crear un movimiento de base que consiga que el Consejo tome las medidas adecuadas para corregir el rumbo. Hablábamos de un proyecto de futuro, más allá de una grave situación coyuntural derivada de la situación política y sobre todo de quienes gobernaban el Ministerio de Justicia. Ponemos en común en varias reuniones y en conversaciones telefónicas cruzadas los problemas de fondo  que, a nuestro juicio, padecía el Notariado. Notariado y consumidores, relación con el Estado y su equilibrio, disciplina, modernización tecnológica, competencia, eficacia institucional. Imáginense. Yo me sentía abrumado. Algunas de las más brillantes mentes de este cuerpo nuestro diseccionaban con precisión y lucidez las necesidades del cuerpo y permitían vislumbrar un futuro bueno, esplendoroso, si se hacían bien las cosas. La coincidencia de planteamientos fue total desde el principio.

Pero claro, eso había que llevarlo a la práctica. Y la estrategia fue clara: organizaremos unas Jornadas y en ellas haremos un somero análisis de esas cuestiones. Tendrán que ser lo más participativas que se pueda. Debate abierto, nada de sesudas conferencias. Las ponencias que se hagan serán un marco para el debate. Y al final, propondremos la celebración de un Congreso. El Consejo nos escuchará, nos decíamos. Si conseguimos adhesiones en número relevante no se negarán. ¿Quién podría negarse a una cosa así?

El caso es que las Jornadas se celebraron. Fueron un éxito. Un debate ágil, dinámico, entretenido. Nadie se levantaba de la silla ni para ir al baño.

Las conclusiones recibieron cientos de adhesiones y las presentamos al Consejo. Salimos de allí con una sensación buena. Nos habían escuchado, y a pesar de ciertos reproches, parecía que valoraban la idea positivamente.

Poco después nació este blog, Transparencia Notarial. Ocho editores que en algunos casos no nos conocíamos personalmente, o sólo nos habíamos visto en Málaga. Se discute si el blog debe ser abierto o no, pero sobre todo se dejan claros desde un primer momento los fines y los medios. Fines: informar y ayudar a formar opinión sobre los asuntos que conciernen al notariado. Medios: el respeto, la razón y la argumentación. Un compromiso de no ser sobornables, de no plegarnos a los intereses tácticos de nadie y de defender una idea de notariado determinada.

Las visicitudes posteriores del blog y de las Jornadas ya se conocen. Vamos informando y el Congreso no se celebrará por impulso del Consejo sino extraoficialmente.

Pero de este año hemos sacado muchas cosas buenas. Un elevado nivel de participación, un movimiento espontáneo y libre de notarios que quieren tomar las riendas de su propio destino. Muchas personas activamente comprometidas en todo esto. Y un cauce para expresar las inquietudes y las ideas de cada cual. Democracia participativa y deliberativa, la democracia de la más alta calidad. En este año se han sentado, estoy seguro, las bases del futuro. Quizá peque de optimista, voluntarista, iluso. Pero creo firmemente en que ese es el camino, no hay otro.

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7 Responses to "El año en que vivimos peligrosamente"

  • Harto
    10 octubre, 2014 - 09:41 Reply

    “Ese es el camino, no hay otro”. Enhorabuena por tu ilusión y tu optimismo, Luis, pero claro que hay otro camino: nuestros diecisiete Decanos, que han sido elegidos democráticamente y se sacrifican por nosotros, que saben lo que hacen y conocen los temas y lo que se cuece entre bastidores y lo que hay en juego, que conocen esa “razón de estado notarial” que no se puede explicar, sólo aludir mediante sobreentendidos, y en quienes los demás debemos confiar ciegamente y dejar las cosas en sus manos, seguirán adelante con todos sus planes y proyectos. Las críticas que se les puedan dirigir serán infundadas, obedientes a intereses personales y supondrán actitudes y conductas impropias de notarios, y la divulgación de ciertas cuestiones, irresponsable y peligrosa. Afortunadamente, la gran mayoría de los notarios no hará caso de esas llamadas demagógicas e irresponsables, sino que permanecerá en sus despachos en su callado quehacer, confiando en sus decanos y dejando que se ocupe de las cosas quién se tiene que ocupar. ¿Que hay congreso? Se acude, faltaría más, a escuchar las siempre respetables consideraciones de los asistentes, se está de acuerdo con todo, con alguna precisión y algún matiz, con la necesaria prudencia y mesura y por supuesto sin prisa y en su momento, que primero hay que hacer frente a los graves problemas que el notariado tiene planteados. Y dentro de dos añitos, elecciones a Decano en los respectivos feudos debidamente controlados.

  • Un notario
    10 octubre, 2014 - 12:14 Reply

    La soberanía es el poder absoluto y perpetuo de la República (…). La soberanía no es limitada, ni en poder, ni en responsabilidad, ni en tiempo (…). es necesario que quienes son soberanos no estén de ningún modo sometidos al imperio de otro y puedan dar ley a los súbditos y anular o enmendar las leyes inútiles (…). Dado que, después de Dios, nada hay mayor sobre la tierra que los príncipes soberanos, instituidos por Él como sus lugartenientes para mandar a los demás hombres, es preciso prestar atención a su condición para, así, respetar y reverenciar su majestad con la sumisión debida, y pensar y hablar de ellos dignamente, ya que quien menosprecia a su príncipe soberano menosprecia a Dios, del cual es su imagen sobre la tierra.”

    Juan Bodino. Los Seis Libros de la República

    De la misma forma que es impío y sacrílego hacer un juicio sobre los actos de Dios, igualmente es temerario e inconsciente para un súbdito criticar las medidas tomadas por el rey.”

    Jacobo I de Inglaterra.

  • MONARCAS ABSOLUTOS
    10 octubre, 2014 - 15:27 Reply

    Sòlo Dios y la Historia los juzgará.

  • honoríficos, gratuitos y ¿permanentes? ¿vitalicios?
    10 octubre, 2014 - 18:51 Reply

    Honoríficos y gratuitos, y algunos ¿permanentes o vitalicios?,

    Los cargos corporativos, suponen un sacrificio, renuncias, trabajo, problemas ¿cómo hay quien lleva años y años y años en el cargo?, ¿cuáles son esas ventajas desconocidas?, ¿por qué no las explican a todos?
    ¿altruismo?

    ¿Cómo no hay limitación al número de mandatos que promueva la participación?

    ¿Y los demás compañeros?

  • Ocasiones perdidas
    11 octubre, 2014 - 09:21 Reply

    El manifiesto por la unidad y el desenlace de la crisis en el Consejo de octubre de 2013, de que se habla en este post, pudieron haber sido la ocasión para cambiar de una vez las cosas, para impulsar la democratización y la transparencia y para lograr que el Consejo saliera de su laberinto autista y sus círculos viciosos. La elección de Presidente de diciembre de 2012 pudo haber sido otra ocasión, en cumplimiento además de promesas electorales. Las ocasiones perdidas se pagan, y cada vez más caras. Lo malo es que no las pagan sólo los responsables: las estamos pagando todos.

  • UNA DUDA
    12 octubre, 2014 - 12:36 Reply

    Los dirigentes, ¿o no están a la altura de sus representados o son un reflejo de los mismos?

  • Para honoríficos y gratuitos
    12 octubre, 2014 - 12:42 Reply

    ¿Has pensado en la VANIDAD como causa o motivo?

    O a lo mejor o a lo peor se creen más capacitados que el rebaño perdón las bases ; que pastorean perdón que dicen representar.

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