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El Factor Humano

¿Habría tenido lugar la Revolución Francesa si le hubieran hecho la fimosis a tiempo a Luis XVI? ¿O la Segunda Guerra Mundial si Hitler hubiese superado alguno de sus dos intentos de ser admitido en la Academia de Bellas Artes de Viena?

¿Hay unas fuerzas motrices y unos condicionantes –geográficos, económicos, demográficos- que determinan el devenir de la Historia? ¿O por el contrario, y como decía Carlyle, la historia del mundo no es sino la biografía de sus protagonistas? ¿O bien, sin llegar a una contraposición tan tajante, los concretos personajes constituyen una “gran variable” que no se puede soslayar en el estudio histórico?

La demoledora crisis económica que venimos padeciendo desde hace años, ¿estaría teniendo la misma intensidad y consecuencias si no hubiéramos tenido de Presidente del Gobierno a alguien como José Luis Rodríguez Zapatero, cuyas palmarias limitaciones se reconocen (aunque tarde) hasta entre sus propios correligionarios? ¿Y si ahora no tuviéramos de Presidente a alguien como Mariano Rajoy, que estando en una inmejorable posición tras su elección para acometer las reformas que nuestras instituciones necesitan, ha optado por tratar de mantenerlo todo sujeto con alambres, porque él mismo es parte del sistema y, por tanto, no de la solución? ¿Y si no tuviéramos ese sistema partitocrático que los ha hecho posibles, a uno y a otro?

La evolución del notariado durante la última década, y la situación en que hoy se encuentra ¿podrían también haber sido distintas si los Presidentes del Consejo General del Notariado hubieran sido otros? ¿Y si no tuviéramos el sistema de elección de cargos corporativos que tenemos?

Ante la progresiva degradación de este sistema en los últimos años, cuando se plantea su reforma y la superación de la situación de inestabilidad y enfrentamiento que se vive en el notariado, se suele insistir en que hay que dejar atrás el pasado. Pero frente a ello cabe decir que las corporaciones que olvidan su historia están condenadas a repetirla.

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Recordemos, pues, que bajo la Presidencia de Juan Bolás, entre 1999 y 2004, comenzó la aplicación a nuestra función de las nuevas tecnologías, sin duda insoslayable, pero utilizada como excusa para una progresiva desnaturalización del notariado como “cuerpo colaborador con la Administración” en detrimento de todo lo demás; la oficialización entre nuestros representantes de una actitud acomplejada y claudicante frente a los poderes públicos a la hora de defender la función; y finalmente, el inicio de la “profesionalización” -es decir, politización- de nuestros dirigentes corporativos, exponente de la cual fue la aprobación de las llamadas “compensaciones institucionales”.

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En las elecciones a las Juntas Directivas y Decanos de los respectivos Colegios Notariales de 2004, en Madrid triunfó la candidatura contraria a la línea oficial. Y durante una comida en el madrileño hotel Santo Mauro, el grupo de Decanos afines al saliente Juan Bolás decidió que el nuevo Presidente del Consejo fuera el Decano de Cataluña, José Marqueño, y el Vicepresidente el sevillano Antonio Ojeda. El debate sobre la política corporativa a seguir durante el siguiente periodo, sobre si mantener o rectificar las estrategias de los años anteriores, se hurtó así al conjunto de los notarios (propiciado ello por el sistema reglamentario de elección, cuyas insuficiencias y déficit democrático quedaron puestos de manifiesto) y todo se decidió en torno a la mesa de un restaurante por quienes formaron a partir de entonces una mayoría excluyente en el Consejo; una mayoría que pasó a actuar sin transparencia, contrapesos ni controles, situación sobremanera anómala teniendo en cuenta que el Consejo, por obra y gracia de la implantación y mantenimiento de nuestra costosísima estructura tecnológica, empezó a manejar a partir de esa etapa presupuestos varias veces millonarios.

Las políticas del inesperado Presidente José Marqueño y de su núcleo ejecutivo fueron plenamente continuistas con las de la etapa anterior. Había una aparente buena sintonía con la también iniciada Administración socialista, lo que alimentó aún más la deriva de colaboración obsequiosa del notariado con la Administración, asumiendo obligaciones cada vez más variopintas y ajenas a nuestra función (fue en este periodo cuando se puso en marcha el Indice Unico Informatizado y entró en nuestras notarías el servidor centinela de ANCERT) que se veían recompensadas por el Gobierno con el ninguneo de la función en cuanto no interesase a tal colaboración y con sucesivas rebajas arancelarias. Se sacó adelante en el año 2007 una amplia reforma del Reglamento Notarial, aprovechando para incrementar las funciones del Consejo, establecer que sus acuerdos fueran secretos y tratar de dar cobertura normativa a la percepción de las cuestionadas compensaciones institucionales. Lo ambicioso de dicha reforma tuvo el efecto contraproducente de que fuera parcialmente declarada nula por una Sentencia del Tribunal Supremo del año siguiente, dando pie a que desde ciertos sectores se cuestionase interesadamente un control de legalidad notarial que ya teníamos antes y seguimos teniendo después.

Y como culminación de este periodo, el Consejo de Ministros acordó en agosto de 2008 elaborar una hoja de ruta para la reforma nuestro sistema de seguridad jurídica preventiva que, al decir de nuestros representantes, iba a ser muy favorable para los notarios, que por fin íbamos a ver recompensados nuestros sacrificios y nuestra abnegación. Pero, eso sí, semejante huida hacia adelante por parte de nuestros representantes corporativos requería, sin que se supiera muy bien por qué, un último sacrificio, en forma de rebaja arancelaria general del veinte por ciento. Ya sabemos cómo terminó aquel episodio: la rebaja arancelaria se evitó gracias a una coyuntura casual y al margen del Consejo; posteriormente, el Ministro de Justicia hubo de dimitir por sus actividades cinegéticas, con él se marcharon la Directora y la Subdirectora de la Dirección General de los Registros y del Notariado, y la proyectada reforma se derrumbó como lo que era: un castillo de naipes.

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José Marqueño optó por no presentarse a la reelección como Decano, y las elecciones de 2008 fueron ganadas en Cataluña por la candidatura de oposición, pasando a ser el nuevo Decano Joan Carles Ollé, que se sumaba así en su postura crítica a los Decanos de Madrid, Aragón y las dos Castillas. Pero de nuevo, a la hora de elegir al nuevo Presidente del Consejo, el debate de fondo sobre políticas y estrategias fue sustituido por acuerdos de sobremesa; y a la correspondiente sesión del Consejo se llegó con otra mayoría blindada y excluyente para el siguiente mandato, siendo el nuevo Presidente Antonio Ojeda, y el nuevo Vicepresidente el Decano de Canarias, Javier Guerrero. Ojeda, político socialista andaluz que había sido Diputado autonómico y Presidente del Parlamento de dicha Comunidad, culminaba así su trayectoria pública con el broche de la presidencia del Consejo, durante la cual se produciría además su jubilación como notario. De nuevo se mantuvo una política continuista, de insistencia en las orientaciones de los años anteriores, y con resultados desde luego no mejores, pero recibidos con igual resignación por nuestros representantes, al tiempo que la crisis empezaba a hacer mella en nuestros despachos.

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En marzo del año 2011 Ojeda presentó sorpresivamente su dimisión alegando “razones personales y profesionales”. El Vicepresidente, Javier Guerrero, convocó al Consejo para que tres días después procediera a la elección del nuevo Presidente, sin el menor margen por tanto para la presentación de candidaturas y el debate de programas, premura con la que, según dijo, pretendía evitar un “vacío de poder”. La maniobra parecía querer asegurar la efectividad de los pactos sucesorios en el seno de esa mayoría, sin que la sucesión se viera precipitada por la jubilación de Ojeda como notario. Javier Guerrero, que fue elegido Presidente, apenas tuvo tiempo mientras ocupó el cargo de anunciar la contratación de un servicio de telefonía móvil en “condiciones muy ventajosas” para los notarios, pero las dos cartas que remitió como tal anunciaban también un continuismo en políticas y talantes.

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Apenas tres meses después de su elección, tres de los Decanos que habían votado a favor de Guerrero sumaron su voto a una moción de censura. Dos de ellos, los Decanos del País Vasco, Manuel López Pardiñas, y Valencia, Cesar Belda, si nos atenemos a sus cartas de dimisión, no parece que actuaran movidos por divergencias de criterio sobre la política corporativa seguida hasta entonces, sino porque en el nuevo reparto de poder tras el relevo en la Presidencia sus expectativas se vieron defraudadas. Finalmente, tras anunciar un cuarto Decano el cambio del sentido de su voto, Guerrero y su Vicepresidente, que perdían con ello la necesaria mayoría de nueve votos, dimitieron de sus cargos. El presidente pasó a ser López Pardiñas, y el Vicepresidente Joan Carles Ollé, si bien se trataba de una copresidencia de facto marcada por la provisionalidad, a la espera de las nuevas elecciones que tendrían lugar en el año 2012.

La nueva mayoría, ajustada, heterogénea y precaria, se sostenía en el compromiso de impulsar de manera inmediata una reforma de nuestra estructura corporativa por la que se procediera a la elección directa por todos los notarios del Presidente del Consejo General del Notariado. Pero no ocurriría así, y tras mucho procrastinar, y ya en el año 2012, el Consejo acordó por mayoría dejar la reforma para tiempos más propicios, desdiciéndose Ollé y Belda de los compromisos adquiridos al respecto, confiados en su reelección como Decanos.

Con lo cual, las elecciones de 2012 fueron de nuevo a las diecisiete Juntas Directivas de los diecisiete Colegios Notariales. Ninguno de los que aspiraban a ocupar la Presidencia del Consejo tuvo la honestidad de postularse abiertamente como candidato a tal cargo y exponer su ideario y su proyecto ante todos los notarios de España, prefiriendo una vez más los arreglos entre bastidores subsiguientes a la elección de los Decanos.

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Y tales conciliábulos dieron como resultado la elección como Presidente, por una inesperada unanimidad, del elegido Decano de Madrid, José Manuel García Collantes, siendo de nuevo Ollé el Vicepresidente. Quizá esta unanimidad fuese consecuencia de la crítica situación en que se encontraba ya el notariado, por la prolongación y el recrudecimiento de la crisis económica y por la ofensiva registral amparada por una Administración ahora adversa a nosotros; y puede que también obedeciese al lamentable espectáculo que había supuesto la sucesión de dimisiones, transfuguismo y mociones de censura ocurridas en el Consejo durante el año anterior. ¿Había llegado el momento de la responsabilidad, de que nuestros representantes aparcasen sus veleidades y sus intrigas, y recuperasen la imprescindible unidad para defender eficazmente nuestra función?

Pero, por otra parte ¿cuáles iban a ser las estrategias y directrices de ese nuevo Consejo, más allá de generalidades como la “firme defensa de la función” y similares? ¿Podía haber unos principios comunes, dada la conmixitión de sustancias de diferente especie que dicha unanimidad implicaba? ¿Esa unidad era real, o nos habíamos introducido en una dinámica de transformismo político a la italiana, en que los principios ceden frente a las componendas y el reparto de cargos, y extraños compañeros retozan en la misma cama? ¿Y se asumiría por fin de una manera decidida desde el Consejo el proceso de democratización y transparencia en el notariado, uno de cuyos principales impulsores hasta entonces había sido precisamente García Collantes?

La respuesta a todo ello, como sabemos, ha sido no. La unanimidad no era real, porque uno no había cejado en su empeño de ser President, sin la segunda e, otra en el de ser la primera Presidenta, con a, y el de más allá en continuar con sus maniobras para seguir afianzando su posición y alcanzar a medio plazo, él también, por qué no, la codiciada presidencia. Y García Collantes no acometió las reformas que precisa nuestra estructura corporativa, sino que pretendió ser el “hombre de síntesis” de la situación y se dedicó a hacer equilibrios en tierra de nadie, en aras de una concordia que se ha demostrado ya de sobra imposible. Desde entonces el Consejo ha pasado por dos crisis, que cada vez va resultando más difícil tomarse en serio: una en octubre de 2013, por la dimisión de su Presidente mediante una carta en términos muy duros y tajantes, pero reconsiderada con suavidad a los pocos días; y la otra este mismo 2014, por la extraña dimisión del Vicepresidente, que parecía obedecer a un designio más amplio y finalmente malogrado con la elección del nuevo Decano para el cargo vacante.

Estos pequeños balanceos de poder en el seno del Consejo, que siempre se nos presentan como de mucha trascendencia y significación, vistos desde fuera no parece que estén afectando gran cosa a la deriva del notariado (quizá en parte porque ANCERT, esa sedicente agencia notarial, sigue siempre en las mismas manos). Y las soluciones, a estas alturas, pasan necesariamente ya por cambios más profundos. De estructuras y de estrategias. Y también, de personas.

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11 Responses to "El Factor Humano"

  • Fedataria pública
    23 octubre, 2014 - 11:24 Reply

    Magnífico post, Fernando. No tengo el gusto de conocerte, pero sigo este blog y me atrevo ahora a comentar, y quiero felicitarte por haber expuesto de una manera tan clara los acontecimientos de estos últimos quince años. Para los que ingresamos en el cuerpo hace pocos años, era necesaria esta explicación. Es asombroso el modo en que se han manejado los asuntos corporativos y una no puede dejar de preguntarse si los protagonistas de estas idas y venidas no sienten algo de vergüenza por dar estos espectáculos tan lamentables ante sus compañeros. Me da que sobra divismo, ego hipertrofiado e ínfulas de hombre de Estado y que falta humildad, responsabilidad y eso que llaman vocación de servicio. Aunque supongo que es humano buscar las satisfacciones que da la pompa y el oropel, el estar en la pomada y el gravitar en la órbita, aunque sea alejada (como la de Plutón, que ni siquiera es ya planeta), del verdadero poder .

  • FEREN
    23 octubre, 2014 - 11:37 Reply

    No esta mal, la crónica. Pero tampoco cuenta nada que los que ya llevamos unos lustros en este mundo no sepamos.Falta algo, compañero Olaizola. O no lo sabes (que lo dudo) o no te has atrevido( que conociéndote, me extraña) a hablar de lo importante, de lo que no se sabe o de lo que no se habla. Del poder real en el notariado. Sólo apunto, porque seguro que estas afilando tu acerada pluma para contárnoslo en próximos posts.
    Sólo tangencialmente hablas del Decano más poderoso, del hombre que ha permanecido en su sitio a pesar de cualquier cambio.Es mucho llamarlo el Fouché del Levante, pero creo que con eso se capta la idea. Estoy hablándote de nuestro querido y mutuo amigo César, factotum de Ancert, ese oscuro ingenio que nos vigila y nos condiciona.
    Y no citas a otro factor relevante, a ese poder que dicta comunicaciones, que nos dice como tenemos que hacer las escrituras, que hace tiempo que marca las derrotas en la carta naútica. El Jefe del OCP. El Señor Galindo. Casi todos sabemos quien es, pero no estaría mal que alguien nos contase cuáles son sus funciones y cuánta es su influencia.

    Un saludo.

    • FELICIDADES
      23 octubre, 2014 - 16:34 Reply

      Y que se nos explique ; como una plataforma que pagamos todos los Notarios esté al servicio exclusivo de aquellos que a juicio del BBVA cumplen sus exigencias y rogaría que alguien adscrito a esa plataforma explique cuales son, para ver si puedo cumplirlas o sobrepasan mi disponibilidad y como es obvio no me refiero a la económica.

  • FELICIDADES
    23 octubre, 2014 - 12:44 Reply

    Fernando, muchas gracias por tu aportación :CONCISA , PRECISA y sobre todo FIEL relato de cuanto ha sucedido y de las consecuencias que se han derivado.

  • Nuevo Alhaken
    24 octubre, 2014 - 18:32 Reply

    Desde luego en este post no se cuenta nada que no sepamos ya. Basta con releer los números de la revista del Colegio de Madrid, “El Notario del Siglo XXI”, en la etapa, afortunadamente superada, en que esta revista era portavoz de un determinado sector del notariado.
    Las cosas desde luego se pueden contar de muchas maneras. No soy amigo de este tipo de foros, y ni había intervenido ni pienso volver a intervenir. Ya anuncio que ni pretendo ni voy a enzarzarme en polémicas en la plaza pública. Pero creo que debe plantearse lo siguiente:
    ¿Realmente pensáis que estamos corporativamente peor que hace diez años, que hace quince años? ¿Os habéis planteado cual podría ser ahora nuestra situación si no hubiéramos sabido acometer de la manera en que se hizo la implantación de las nuevas tecnologías en nuestros despachos, y si no hubiéramos sabido además aprovecharlas para irnos imbricando en el Estado y afianzando nuestra posición?
    Sin nuestro sistema tecnológico habríamos perdido el tren, y simplemente ya no tendríamos futuro: ni estaríamos dando respuesta a las nuevas necesidades que demanda la sociedad, ni seríamos un interlocutor válido para los poderes públicos. Pero es que además hemos sabido ir haciéndonos cada vez más imprescindibles para la Administración: por el caudal de información que suministramos a través del Índice Único, que no dudéis que es debidamente apreciado; por la estrecha colaboración con el Catastro y con Hacienda; o por la labor del OCP que es un referente a nivel internacional.
    Yo sinceramente creo, y seguro que no soy el único, que el reforzamiento de nuestras funciones de colaboración con la Administración, gracias al esfuerzo de todos cada día en nuestros despachos, ha ido sembrando un terreno que nos permite afrontar con relativa tranquilidad los cambios y convulsiones venidos y venideros.
    Y ello no implica renunciar a nuestra esencia, ni mucho menos. Lo único que ocurre es que además de nuestra tradicional actuación en la esfera de la contratación jurídico privada, controlando la legalidad y garantizando la seguridad jurídica de los particulares, hemos ido asumiendo un papel mucho más amplio, al servicio del interés general, en consonancia con el carácter público de nuestra función. ¿Cómo se nos puede llenar la boca diciendo que ejercemos un poder delegado por el Estado y luego poner el grito en el cielo porque ese mismo Estado nos solicita que le suministremos información o colaboremos para evitar la financiación de delitos o el fraude fiscal? Nuestra obligación y nuestra responsabilidad es mejorar nuestro servicio cada día, y es evidente que esa mejora ha de ser bidireccional, hacia el ciudadano, pero también hacia la Administración.
    ¿Que en ANCERT se debían haber hecho las cosas mejor? Parece indudable, pero también es obvio que un salto tecnológico tan grande como el que hemos dado no podía dejar de tener sus costes, sus errores y sus avances y retrocesos. En cualquier caso, y se mire como se mire, haciendo balance el saldo que resulta es altamente positivo.
    En definitiva, no sólo los notarios no hemos quedado relegados, lo que sin duda habría implicado la paulatina pérdida de muy relevantes ámbitos competenciales en beneficio de otros agentes y operadores, sino que hemos acertado a dotar a nuestra secular función de un valor añadido que es altamente apreciado por el regulador. Lo cual no solo no es criticable, sino que a mí, y creo que a muchos como yo, les parece un gran acierto y la base de nuestro futuro. Afortunadamente, y mal que les pese a algunos, todo ello no sólo era algo irrenunciable, sino que, una vez conseguido, es ya difícilmente reversible.

  • El Cid Campeador
    24 octubre, 2014 - 21:50 Reply

    Alhaken:

    Por el tono de tu admonición y por el regio pseudónimo moruno que has elegido sospecho que, en algún momento de tu dilatada carrera, te has visto obligado a llevar la púrpura, a echarte sobre los hombros los destinos de esta nuestra profesión, y que nos hablas desde la experiencia de quien ha visto mil tormentas, como el replicante de Blade Runner.
    El Notariado fue salvado hace ya unos años, y los que ahora critican desconocen los abismos a los que nos asomamos, y que solo la pericia negociadora, la habilidad, el sentido de la responsabilidad y de la oportunidad permitieron evitar la caída. Hemos conseguido la “centralidad”, somos “una pieza clave en el engranaje estatal”. Y todo ello gracias a que instauramos un potente sistema tecnológico que nos permitió captar, procesar y transmitir millones de datos de los ciudadanos y sus actividades económicas.
    Bien. Cierto es que hemos hecho eso. Y que el requerimiento de la Administración era de todo punto irresistible. Pero ¿a costa de qué? ¿a cambio de qué?
    Dices en tu comentario, Alhaken, que gracias a esas decisiones damos respuesta a las nuevas necesidades que demanda la sociedad, somos un interlocutor válido para los poderes públicos y nos hacemos cada vez más imprescindibles para la Administración. Y yo te pregunto ¿seguimos siendo notarios?. O ser Notario es ya otra cosa, solo conserva el nombre, como el salario, que ya no se paga en sal, y nos hemos convertido en “inspectores generales de la vida económica del pais”, en “antenas de los servicios de información del Estado” (esto como que me gusta más, suena a espía y tal-aunque también a país del Este y policía de seguridad). Así, el notario ya no sirve a la formación de los acuerdos, sino que lo que interesa es el acuerdo ya alcanzado, que hay que desmenuzar, procesar, analizar, encasillar, cotejar, validar, revalidar, firmar electrónicamente y enviar. Amén.
    Bendita centralidad, gloriosa imbricación en la maquinaria de la Administración (mira, como los futuveros). Maravilloso y esplendoroso es el futuro que espera a quienes sirven al Estado, cual mandarines callados y eficientes. Y lo peor no es eso. Es que, aquejados de profundo síndrome olmiense, y aún cuando no nos pidan más colaboración, nosotros la ofrecemos y buscamos nuevas vías, nuevos modos de clasificar, ordenar, canalizar, cotejar, verificar, validar firmar y enviar datos. Cotejar, verificar, validar,firmar y enviar. Cotejar, verificar, validar,firmar y enviar. Cotejar, verificar, validar,firmar y enviar. Doy fe.
    Y mientras tanto, estimadísimo Alhaken, la vida ha seguido su curso. Llegó la crisis, y la “seguridad jurídica preventiva” que vendíamos cayó como un castillo de naipes. Pues la seguridad jurídica es la suma de muchos factores y es, por lo menos, la fijeza y estabilidad de las relaciones jurídicas, el seguro de que se mantendrán, y que por legales no serán arrrumbadas por los tribunales. “A notaría abierta, juzgado cerrado” te dicen. Pero preocupados y ocupados en cotejar, verificar, validar,firmar y enviar, cotejar, verificar, validar,firmar y enviar, cotejar, verificar, validar,firmar y enviar y ensimismados en buscar nuevas cosas que cotejar, verificar, validar,firmar y enviar. Cotejar, verificar, validar,firmar y enviar, cotejar, verificar, validar,firmar y enviar, preocupados por eso, no advertimos que el contenido de lo que autorizábamos no estaba del todo bien, que no teníamos los medios adecuados para controlar y proteger el tráfico y a los más necesitados de nuestra profesión. Daba igual, ahora lo importante era cotejar, verificar, validar,firmar y enviar y obsesionados en buscar nuevas cosas que cotejar, verificar, validar,firmar y enviar, nos olvidamos de lo importante y de lo esencial. Y tendremos centralidad en la Administración, seremos engranaje del Estado, lo que tu quieras, estimado rey moro de la morería, pero nuestras escrituras se anulan cada día en los Tribunales por vicio de consentimiento, por falta de información suficiente. Nuestra labor es denostada en las sentencias. Los ciudadanos no tienen clara cual es nuestra función. Del “a notaría abierta, juzgado cerrado” estamos pasando al “de la notaría al juzgado”.
    Y no se preocupó nadie de lo que algunos hacían, siempre y cuando cumplieran cabalmente con su obligación de cotejar, verificar, validar,firmar y enviar. Y se dejo hacer. Porque ya lo importante era otra cosa. Y así nos va.
    Querido Alhaken. Encantado de saludarte. Me gustaría seguir charlando contigo. Pero es viernes y me esperan. Y antes, ya sabes. Tengo que cotejar, verificar, validar,firmar y enviar, cotejar, verificar, validar,firmar y enviar. Reitero fe.

  • Séneca
    25 octubre, 2014 - 17:57 Reply

    Resulta verdaderamente preocupante leer artículos como éste que nos propina el compañero Fernando Olaizola, al comprobar como, de manera absolutamente irresponsable y alejada de la realidad, se analiza la evolución del notariado en los últimos años; hablar de actitud claudicante y acomplejada de algunos de nuestros representantes revela una insensata soberbia corporativa, una ciega obstinación en creer que somos lo que no somos y un nuevo ejercicio de vanidad hueca conducente a, primero, generar la antipatía social y, segundo, a nuestro exterminio profesional. Los que como el autor del post siguen anclados mentalmente en la superioridad intelectual del notario frente a otros operadores, los que no han entendido nada de los que se espera del notario en el siglo XXI y los que siguen creyéndose los reyes del mambo nos acabarán conduciendo a nuestra desaparición si no conseguimos imponer la sensatez. No está de moda, y en este foro especialmente, reivindicar el papel de notarios a los que se ha denigrado, insultado y ridiculizado hasta la extenuación, y me refiero a Juan Bolás, a Pepe Marqueño y a Antonio Ojeda; yo lo hago, recogiendo el sentir de muchos compañeros y les doy las gracias por su gestión, la cual, entre otras cosas, me permite seguir alimentando a mi familia trabajando como notario.

  • Fernando Olaizola
    25 octubre, 2014 - 22:09 Reply

    Estimado Séneca:
    Si tú consideras que la gestión de nuestros intereses corporativos durante los últimos quince años ha sido la correcta y adecuada, esa es una postura que me parece muy respetable, aunque no la comparta. Pero creo que a la hora de defender esa postura deberías observar un mínimo de rigor. Sería interesante que pudieras precisar tu comentario en cuanto a los siguientes extremos:
    – Dices que en este artículo se analiza la evolución del notariado de manera absolutamente alejada de la realidad. ¿Podrías señalar en qué puntos dicho análisis se aleja de la realidad?
    – Hablas de una ciega obstinación en creer que somos lo que no somos. ¿Qué somos, según tú, los notarios?
    – ¿Por qué la reivindicación de lo que es la función notarial va a generar antipatía social? Lo que genera esa antipatía social son más bien cosas como, por ejemplo, el que los notarios no nos hayamos comprometido de una manera firme, tanto individual como institucionalmente, en la defensa de los deudores hipotecarios.
    – Dices que los hay que no han entendido nada de lo que se espera del notario en el siglo XXI. ¿Qué se espera de los notarios en este siglo, según tú?
    – ¿En qué parte del artículo se pretende una superioridad intelectual del notario frente a otros operadores? Y por otra parte, ¿acaso consideras que hay que partir de la premisa de nuestra inferioridad intelectual?
    – ¿En qué parte del artículo se insulta, denigra o ridiculiza a alguien?
    Un saludo.

  • Santiago
    26 octubre, 2014 - 10:43 Reply

    Queridos Nuevo Alhaken y Séneca: doy por sentado que vuestra intención es buena y que, como notarios, no podéis sino querer lo mejor para el notariado (sobre todo tú, Alhaken, si es que realmente has tenido responsabilidades corporativas).
    Pero creo que desde hace mucho tiempo se están queriendo confundir dos cosas: una, que es nuestra adaptación a las nuevas tecnologías, que era necesaria y que el notariado ha realizado de manera inobjetable; y otra, que es la apuesta estratégica de nuestros Decanos por convertir al notario en un agente de la Administración. Apuesta que en su día pudo ser perfectamente bienintencionada, pero que, lejos de ser algo necesario, no era sino una opción entre otras, tanto en el camino a tomar como quizá y sobre todo en la determinación de hasta donde había que llegar por ese camino. Son, insisto, cosas distintas, aunque siempre se nos presenten confundidas.
    Dices, Alhaken, que “nuestra obligación y nuestra responsabilidad es mejorar nuestro servicio cada día, y es evidente que esa mejora ha de ser bidireccional, hacia el ciudadano, pero también hacia la Administración”. Pero en todos estos años la “mejora” ha sido unidireccional: hacia la Administración. Nuestro potencial tecnológico se ha quedado ahí, en procurar cada vez más datos a distintos organismos públicos, cuando realmente podría estar en mucha mayor medida al servicio del ciudadano, como señalan nuestros compañeros que se han implicado en el tema tecnológico (reconozco que, por mi edad, no soy uno de ellos, pero me ha resultado muy revelador en este sentido el anterior post de esta página “Notarios y nuevas tecnologías” de nuestro compañero Francisco Rosales, y los comentarios al mismo).
    Y si a eso añadimos la posibilidad que al parecer existe de comercializar nuestras bases de datos, operación que según parece puede tener una importancia económica muy considerable, es evidente que a la ecuación de notariado y nuevas tecnologías se le añade una nueva variable.
    Por otra parte, y por mucho que se reconozca y se valore por la Administración toda nuestra colaboración, esa estimación sólo se ha traducido a lo largo de todos estos años en palmaditas en la espalda y en seguir apretando, pero sin llegar a ahogar.
    Y es que no deberíamos perder nunca de vista que el notariado nació, existe y se justifica de, para y por la sociedad, y no la Administración. Para dar al ciudadano de a pie seguridad en sus transacciones y soluciones a sus problemas. Y resulta sorprendente, cuando planteas esto, la reacción de quienes pretenden que todo eso no son sino nostalgias, atavismos, añoranzas imposibles y cosas por el estilo. De verdad, Séneca, que no alcanzo a ver dónde está la insensata soberbia o la ciega obstinación en reivindicar lo que siempre ha sido y debe seguir siendo nuestra función al servicio de los ciudadanos, ni por qué ello tendría que conducir a nuestro exterminio profesional. Más bien, al contrario, creo que la manera en que se han puesto las nuevas tecnologías al frente del notariado, en lugar de relegarlas al papel instrumental que deben tener respecto de nuestra función, es lo que es suicida: nosotros mismos estamos trenzando la cuerda con la que nos van a ahorcar, según el conocido dicho. Cuando nuestro trabajo se limite a incorporar a la escritura unos raquíticos estatutos sociales tipo (y a tramitar telemáticamente la escritura de constitución de sociedad), o cuando nuestra tarea consista mayormente en completar los datos de formularios y modelos preestablecidos (y a dar fe de la identidad y capacidad de los firmantes, eso sí), ¿seguirás considerando, Séneca, que se te permite “seguir trabajando como notario”? Desde luego, no como notario latino.
    Como también es suicida la manera en que estamos perdiendo protagonismo social: por no enfrentarnos a otros operadores, por no tener claro, o directamente, por no creer ya en el valor que aporta la escritura. En este aspecto el notariado lleva muchos años a la defensiva y en retroceso. Cada vez se nos percibe más como un último trámite, incluso como un apéndice de los bancos. Y así tenemos que soportar que el Tribunal Supremo diga en relación a las escrituras de préstamo hipotecario que el conocimiento de las cláusulas del préstamo por el consumidor “no puede anudarse de forma automática al cumplimiento de determinadas fórmulas, tantas veces convertidas en formalismos carentes de eficacia real”; o que otros tribunales digan que “el deber de información no puede delegarse en el notario, el cual se limita a leer las cláusulas más relevantes del préstamo, pero la obligación de informar, explicar y asegurarse de la comprensión por el cliente es del banco”. O que el Gobierno nos exija incorporar a la escritura expresiones manuscritas sobre la cláusula suelo (medida que, por mucho que se nos quiera endulzar, significa que el Gobierno ya no se fía de nosotros)
    Es innegable que sobre estas cuestiones hay abierto desde hace años un debate en el notariado. Un debate que una y otra vez se sustrae al conjunto los notarios. Me resulta muy difícil de entender, partiendo como parto de la buena intención de todo compañero que desempeña cargos corporativos, que nuestro Consejo no haya apoyado la celebración de un Congreso nacional en que por fin se pueda discutir esta cuestión por todos nosotros. Casi toda la atención en los últimos tiempos se está centrando en el tema de la elección directa del presidente del Consejo, cuestión importante, sí, pero tan instrumental como las nuevas tecnologías. Considero que el debate esencial es el del rumbo que queremos que tome el notariado en los años venideros.
    Un abrazo a todos.

  • Catalonian
    29 octubre, 2014 - 14:05 Reply

    De una entrevista a Joan Carles Olle en Lawyerpress el 10 de septiembre de 2014

    http://www.lawyerpress.com/news/2014_09/1009_14_001.html

    “Por último, usted dimitió el pasado mes de junio como vicepresidente del Consejo General del Notariado. Con la distancia que da el tiempo ¿cómo valora esta decisión? ¿Volverá a algún puesto directivo dentro del Consejo?

    – He cumplido una etapa de tres años en la Vicepresidencia del Consejo General del Notariado, de 2011 a 2014. Hay que situar mi renuncia dentro de una cierta normalidad en el funcionamiento de las instituciones.
    Había unas crecientes discrepancias con la gestión de la Presidencia, y lo mejor y más democrático era recuperar la plena libertad para defender en el seno del propio Consejo mi convicción en la conveniencia de otra política corporativa para el notariado.
    La disconformidad, compartida con otros Decanos, deriva fundamentalmente de la forma personalista de dirigir internamente la corporación, alejada del diálogo y el consenso necesarios. Lo más grave es que ello se ha traducido en una falta de respuesta y de firmeza del Consejo, y en concreto de la Presidencia, ante determinadas decisiones del Ministerio que debilitan la función notarial y desequilibran el sistema de seguridad jurídica preventiva.
    Esta actitud es el motivo principal de mi renuncia. Comparto plenamente el desencanto que viven la gran mayoría de notarios ante esta situación y entiendo que ante decisiones que claramente favorecen a la corporación registral, como la atribución del registro civil, debería haber una mayor firmeza y determinación por parte de la dirección notarial, lo que es perfectamente compatible con el diálogo y la colaboración. Hace falta otra política corporativa, más firme, hábil y eficaz, y desde mi responsabilidad, sea la que sea, trabajaré siempre con firmeza en la defensa de la profesión y, en consecuencia, de ofrecer el mejor servicio a los ciudadanos”.

  • papel calco
    5 noviembre, 2014 - 00:14 Reply

    Esta gran crónica de los últimos quince años, omite los años anteriores
    Cabría preguntarse ¿y si la Democratización del Notariado se hubiera acometido desde el año 1975 se habrían enfrentado de mejora manera los desafíos de los años posteriores?, ¿cuándo se puede decir que comienza la Democratización del Notariado?
    Defender que el avance tecnológico del Notariado en los últimos años ha sido posible por la conversión del Índice Único en una de las principales tareas en las Notarías quiere decir que de no ser por el Índice Único ¿se seguiría utilizando el papel calco y la máquina de escribir Olivetti?

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