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El prestigio del Notariado

En los últimos tiempos casi todo está en entredicho, de todo se duda, y casi ningún colectivo se salva de la crítica. Tampoco los notarios que frecuentemente somos criticados, en ocasiones con razón y otras sin ella. Y  duele especialmente cuando la crítica viene de sectores especializados, de juristas como nosotros que no hace tanto nos elogiaban. Veamos algunos ejemplos: Entre los civilistas se ha pasado de que DE CASTRO sentenciara que la labor del notario tiene un significado central en la vida jurídica, pues actúa con su dirección y consejo en los actos más importantes de la vida económica y familiar y que CASTÁN añadiera  corresponde al Notario, no sólo cuidar de la aplicación correcta de la ley, si no velar por la realización de la justicia a que el catedrático de Civil y vocal del Consejo General del Poder Judicial a propuesta del PP, GUILARTE GUTIÉRREZ deje escrito que el documento electrónico con firma electrónica reconocida está dotado de una autenticidad, veracidad e integridad superiores al que pueda proporcionar la escritura pública clásica. En cuanto al riesgo de las suplantaciones nos dice que son frecuentes en el documento notarial así como la numantina resistencia del notariado a afrontar las consecuencias de sus negligencias. Además concluye no es cierto que es en la escritura cuando tiene lugar “el momento de la verdad” por el intercambio de los consentimientos. El momento de la verdad se ha producido antes en el despacho del abogado donde se ha negociado todo y “tan sólo el monopolio del notariado y nunca el interés de los particulares y mucho menos el general obliga a dilatar la ejecución del convenio al ulterior momento protocolario y aséptico de la firma de la escritura. Momento en que nada se negocia, nada se informa y nada se conviene pues son tareas que los abogados han culminado laboriosamente.

Y entre los mercantilistas tampoco nos reparten caricias. Hemos pasado de que PAZ ARES dijera que el importe total de los costes que rebaja la actuación del Notario es superior al montante de los costes que acarrea, y no existen otros mecanismos alternativos más económicos para lograr la reducción de costes que produce el servicio notarial a que su discípulo ÁLFARO en diciembre 2013 puntualice que lo estupendo del Derecho norteamericano no es que elimine el papeleo, que no lo elimina. Es que no obliga a las partes a utilizar a terceros para que verifiquen la regularidad de sus contratos. Y, sobre todo, no establece la obligación de verificación como un requisito para que pueda procederse a realizar la transacción. Con ello reduce notablemente los costes de transacción.

Abandonemos el desolador paisaje doctrinal y vamos a la seria, recta y justa jurisprudencia ¿Qué pensaban de nosotros? En la STS 18 de marzo de 1988 se decía la manifestación del Notario autorizante del testamento en orden a la capacidad testamentificadora del otorgante, dado el prestigio y seriedad de la institución notarial adquieren una especial relevancia, constituyendo una enérgica presunción «iuris tantum» de aptitud , que sólo puede destruirse mediante una completa prueba en contrario. O la STS de abril de 2002 sala de lo Penal, que declara la fe pública notarial es el más acreditado contraste de veracidad que existe en las relaciones jurídicas entre las personas físicas y jurídicas (…), por ello, la intervención del Notario en cualquier negocio jurídico es sinónimo de veracidad de lo ante él expresado y por ello cuando quiebra tal presunción de veracidad, sufre y se quiebra la seguridad jurídica y la autenticidad del tráfico jurídico por este solo hecho.

La verdad es que leer estas Sentencias emociona y recomiendo que cuando se esté bajo de moral notarial, se vuelvan a releer. Pero, claro no todo podía ser de color de rosa, al fin y al cabo llevamos años perdiendo prestigio, así pasamos a que una famosa STS de 2008 nos niegue el control de legalidad, a que una de 2012 considere que la función y control notario extranjero es equivalente a la nuestra, o que la Audiencia Provincial de Tarragona de 1 de abril de 2011, nos diga que ha de tenerse en cuenta que entre las presunciones de que está dotada la escritura pública (…), no se encuentra la de legalidad sino tan sólo las de veracidad e integridad (…) Tal presunción de legalidad deriva, de distinta manera, de la incorporación del título al Registro, previa calificación del Registrador, que en ningún caso puede verse sustituida por la autorización notarial del documento, o no abandonando el Mediterráneo la Sentencia de la Audiencia Provincial de Valencia de 25 de octubre de 2006  revoca una RDGRN que entiende que el Registrador no puede exigir que conste inscrito el nombramiento de un administrador para inscribir en el Registro de la Propiedad porque la inscripción del cargo de administrador es importante y decisiva, puesto que corresponde a los registradores Mercantiles, “la vigilancia de la legalidad mercantil”, es decir nosotros no velamos por ella , y ¡ojo, esta sentencia es anterior a la del Supremo sobre el control de legalidad…!.

        Y en famosa Sentencia del Tribunal Supremo sobre las cláusulas suelo de 9 mayo 2013 se nos dice: “una cosa es la prestación del consentimiento de forma individualizada, voluntaria y libre -razonablemente garantizada por la intervención notarial- y otra identificar tal consentimiento en el contenido con la previa existencia de negociación individualizada del mismo”.

            Parece que para el TS garantizamos, y sólo “razonablemente” un consentimiento voluntario y libre con carácter general y no  en cambio en relación a determinadas cláusulas como por ejemplo las cláusulas suelo…

            Y lo que más duele: el propio legislador, expresión de la sociedad a la que servimos, ha pasado de en la Exposición de motivos de LSL 1953 sentenciar que corresponde especialmente a la técnica notarial española el mérito de haber encauzado jurídicamente el impulso de comerciantes e industriales, favorable a este tipo de Sociedad, o que notarios como ROCA-SASTRE, o GARCÍA GRANERO elaboraran la Compilación catalana y navarra a que la Ley 1/2013 de protección de los deudores hipotecarios exija que en la escritura de préstamo hipotecario con cláusulas suelo se incluya la famosa expresión manuscrita, con la que se quiere evitar que se impugne el préstamo firmado aduciendo que el cliente ignoraba el significado de lo que firmaba; y en el que subyace el desalentador mensaje de que el legislador piensa que aunque por el art. 17 bis de la Ley del Notariado el Notario autorizante está obligado a  dar FE de “que el consentimiento ha sido libremente prestado y de que el otorgamiento se adecua a la legalidad y a la voluntad debidamente informada de los otorgantes o intervinientes”, los Notarios NO SOMOS DE FIAR, así que mejor de puño y letra…

            ¿Qué está pasando? Lo que está pasando es que estamos perdiendo el prestigio que nos transmitieron con su ejemplo y trabajo nuestros mayores. Y no podemos ponernos de perfil. Debemos reaccionar, ¿cómo? Yo propongo dos líneas de ataque: el frente exterior y el interior.

            En el frente exterior deben nuestros Colegios y el Consejo General del Notariado redoblar los esfuerzos para explicar nuestra función más y mejor, debemos acentuar nuestra presencia en las universidades participando en la vida docente, incluso sería interesante que fomentáramos y cofinanciáramos la creación de cátedras de Derecho Notarial. Respecto al Poder Judicial, es triste comprobar como no se entiende bien nuestra función y sobre todo el valor del instrumento público (los arts. 1218 y 1219 CC ¡esos grandes desconocidos!). Podría ser interesante organizar cursos y jornadas conjuntas y por ejemplo ofrecernos el notariado para de forma gratuita dar alguna clase en el curso de práctica jurídica que tienen en Barcelona los jueces tras aprobar la oposición.

            Y en el frente interior deberían los Colegios ser implacables en la persecución de las conductas desviadas, irrespetuosas con la deontología y poco éticas. Y sobre todo cada uno de nosotros en nuestro ejercicio diario debemos ser conscientes que debemos dar ejemplo: un mal ejercicio ensucia el prestigio de todos.

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22 Responses to "El prestigio del Notariado"

  • Luis Bustillo
    8 julio, 2014 - 08:07 Reply

    Magnífico Carlos.Y preocupante y desolador lo que cuentas.Como en Los tres mosqueteros:uno para todos y todos para uno.Todos nos beneficiamos del buen hacer de los demás y de los que nos precedieron;uno que obra mal perjudica gravemente a todos.Y,por ello,en la línea que comentas,la represión de las conductas antirreglamentarias,éticamente desviadas,contrarias a la esencia o finalidad de la función o que pongan en duda la imparcialidad,debiera ser implacable.

  • Miguel Indurain
    8 julio, 2014 - 08:11 Reply

    Me juego algo a que el 70% de la gente que va a la notaría no sabe para qué va, empezando por los que no saben que el original se lo queda el notario, pasando por el que quiere que el notario no informe a nadie de la transacción que ha tenido lugar y llegando a los que ni siquiera saben quién es el notario y firman delante de un oficial.

    La gente ignora que la escritura es título ejecutivo y si de eso deriva alguna ventaja. La gente pasa del control de identidad y te lleva una fotocopia para no perder el dni original que, eso sí, saca cuando compra con tarjeta en el covirán.

    Hay que explicar mejor o pasará como el señor que el otro día se maravillaba de lo bien que le había quedado su firma “parecemos los dos notarios!”. Oiga, si cree que el notario está ahí por la hermosura de su trazo, hay que explicarle todo desde el principio.

    • Carlos Pérez
      8 julio, 2014 - 09:50 Reply

      Gracias Luís.
      Estoy totalmente de acuerdo contigo. Creo sinceramente que el trabajo de la gran mayoría de los notarios es magnífico. Somos juristas que convivimos con la realidad, que la moldeamos en beneficio de nuestros clientes. La sociedad tiene que saber que el notario no está simplemente para poner una firma, sino para asesorarle, informarle, y ayudarle.
      Por todo ello es fundamental que las conductas contrarias a la esencia de la función sean reprimidas con dureza. Para ello es esencial que la judicatura entienda y conozca nuestra función. Cuando hablas con compañeros que han tenido responsabilidades te cuentan con tristeza que muchas de sus actuaciones acabaron en nada por sentencias sorprendentes…

    • Carlos Pérez
      8 julio, 2014 - 09:54 Reply

      Miguel tienes toda la razón.
      Debemos explicar más y mejor nuestra función, puesto que la tendencia es minimizarla. Unos, porque sostienen que sólo ellos controlan la legalidad, y otros porque aducen que sólo ellos asesoran, como si nosotros autorizáramos cualquier cosa, o no aconsejáramos al cliente o al abogado que le acompaña cual es la mejor opción jurídica.

  • Jesús García
    8 julio, 2014 - 08:20 Reply

    Ciertamente, en los últimos años todas las instituciones han sido puestas en cuestión, por lo que no debemos de caer en la autocomplacencia y pensar que no debamos hacer un ejercicio de autocrítica, que creo que es el objetivo que se persigue en este y otros foros.

    No todos los ataques y comentarios que citas tienen el mismo fundamento o trascendencia, pues es sabido que algunos simplemente sirven, en régimen mercenario, a la causa de grupos de interés que pagan a sus autores, lo que nos permite acceder a perlas como las que has citado (alguna de ellas estupideces pomposas) y que son sin duda dardos venenosos cuya misión es causar daño, pero que no proponen una alternativa mejor, sino muchas veces un salto al vacío.

    No obstante, creo que todos debemos reflexionar acerca de nuestra profesión y poner en común ciertos aspectos mejorables, que existen y siempre existirán. Y sobre todo, tener en cuenta que nunca habrá mejor campaña de imagen que nuestro hacer diario en el desempeño de nuestra función.

    • Carlos Pérez
      8 julio, 2014 - 10:04 Reply

      Estoy de acuerdo contigo Jesús. Es patético como algunos se venden. Deberíamos preguntarnos ¿De verdad De Castro sería capaz de defender algo en lo que no creyera a cambio de conferencias o libros pagados? Se nos puede criticar por muchas cosas pero a un catedrático hay que exigirle un mínimo de dignidad científica, y por lo menos que no diga chorradas o directamente mentiras.
      Más grave a mi juicio es lo de la jurisprudencia. Creo que de verdad algunos jueces no conocen ni entienden nuestra función, y no es cuestión de mala fe. No nos tienen manía, sino que simplemente únicamente les llega una versión, que no es precisamente la nuestra. ¿De verdad que tras leer la Sentencia del documento extranjero podemos concluir que la Sala 1ª del TS conoce los efectos del instrumento público? ¿Acaso para permitir la inscripción de los documentos extranjeros no sería necesario unos argumentos más sólidos y razonados?
      Pero tiene solución: creemos cátedras de Derecho Notarial, que el notariado se involucre en la ciencia del Derecho; y organicemos seminarios y cursos junto al poder judicial, para que ellos conozcan nuestra versión.

  • luis
    8 julio, 2014 - 21:00 Reply

    Efectivamente, el notariado está perdiendo prestigio. Pero habría que precisar entre otras muchas cosas frente a quién, por qué y cuales serían los métodos para poder recuperar ese prestigio perdido. El análisis de esas cuestiones daría por separado para llenar muchísimas páginas, y por ello aún a costa de perder profundidad prefiero ser breve, que seguramente se me entenderá mucho mejor.

    Voy a empezar por una anécdota de hace unos meses. Suelo acudir a unas comidas en las que se tratan temas de actualidad con personas que son invitadas al efecto, y las que acuden profesionales y empresarios. Recientemente se incorporó un directivo de una importante entidad financiera, con el que tuve la ocasión de charlar un rato. Literalmente me dijo “para nosotros (su banco) los notarios no sois más que un proveedor de servicios más, y por eso vamos al que más nos interese y si uno no me gusta pues me voy a otro”. Esa frase tendría todo el sentido si su actitud se refiriese a aquellos documentos en los que el Banco no actúa como la otra parte de un contrato, pero no para los restantes, pues esa actitud pone de manifiesto que el principio de libre elección de notario, les importa bastante poco.

    Hace unos días con ocasión de un comentario que hice a otra entrada de esta página, se me contestó por algunos compañeros que la mayoría de los notarios actuaba correctamente, lo cual puede ser cierto, pero también lo es que el volumen de trabajo del que se apropian, por muy variados métodos, aquellos que no actúan correctamente es muy elevado, y si hiciésemos una correlación de la importancia económica de esta documentación, quizás tendríamos que un porcentaje muy alto de documentación notarial está viciada.

    Centrando más la materia, a mi entender el principal problema que tiene la profesión, es que la normativa que rige la distribución del trabajo entre notarios no se cumple. La libre elección de notario, que justificaría una competencia sana entre notarios, es sustituida en la práctica por un principio de libre imposición de notario, por parte de las entidades financieras u otros grupos, que hace que la competencia entre Notarios vaya dirigida a obtener la gracia de aquellos que sistemáticamente burlan la ley.

    Como consecuencia de ello, los intereses de los notarios no son concurrentes, lo que impide una unión de los notarios que se reclama desde hace mucho tiempo.

    Se debe de ser claro, la libre elección de notario, tal como se vive, es caldo de corrupción y donde hay corrupción difícilmente puede haber prestigio.

    Realmente, el reto que tenemos es explicar que es preciso la existencia de mecanismos compensatorios o de solidaridad entre notarios, como garantía de su independencia frente a los contratantes poderosos. Si falta esto iremos a nuestra propia destrucción, como se ve en cada uno de los problemas que se nos van planteando.

    • Edgar
      8 julio, 2014 - 21:10 Reply

      Si con los mecanismos de compensación va a cobrar lo mismo el notario que está al pie del cañón, disponible para firmar pólizas incluso a la hora de comer, y el notario que no está disponible, please let me know.

      • Notario
        10 julio, 2014 - 14:44 Reply

        Hombre, Edgar, con la que está cayendo ¿Quién es el notario que no está al pie del cañón? Pero aún así, por disponible que esté el notario, y por simpático que sea y por bien que lo haga, será muy difícil que el cliente que quiere firmar con él consiga hacer valer frente al banco su derecho a elegir al notario. Como todos sabemos, este derecho se respeta en un porcentaje mínimo de los casos. El banco pone todo tipo de pegas, porque tiene a sus notarios “homologados” o “aprobados”, con los que realiza todas sus operaciones, y el cliente que sabe que puede elegir notario y quiere hacerlo, o no tiene la determinación de llevar la pelea hasta el final o no quiere que la operación se malogre. Y ni El Banco de España ni la administración parecen demasiado interesados en que esto se corrija, ni sirven de mucho los folletos explicativos sobre el derecho de libre elección que nos manda el consejo para que los tengamos en nuestras salas de espera.
        Y por cierto, Edgar ¿tú por qué crees que el banco prefiere a unos notarios en vez de a otros? ¿Cuáles te parece que son los requisitos para que un banco te “homologue”? Please, let me know.

    • Edgar (no notario)
      10 julio, 2014 - 10:12 Reply

      Por poner un argumento en contra de las compensaciones: si un banco manda a sus clientes a firmar pólizas a una notaría porque, por ejemplo, sabe que allí les atenderán sin esperas, y no envía a sus clientes a otra en la que la “experiencia de usuario” es peor, pues a lo mejor es un poco injusto que la primera notaría le pase un dinero a la segunda.

      • Notario
        10 julio, 2014 - 14:46 Reply

        Por poner un argumento contra tu argumento: ¿y si el banco prefiere enviar sus pólizas a un determinado notario porque este notario no exige, como debería, la firma presencial del bancario en la póliza y acepta que el banco se las mande ya firmadas? A lo mejor es un poco injusto para los notarios que hacemos que el bancario venga a firmar.

        • Edgar (no notario)
          10 julio, 2014 - 16:38 Reply

          Una cosa es sancionar al notario que incumpla el RN y otra establecer un mecanismo de compensación. Usar una compensación como sucedáneo del régimen disciplinario es una mala idea. Voy a usar tu ejemplo del notario que admite pólizas sin firmar:

          Si le pones una sanción, tendrá incentivo para dejar de admitirlas, y el expediente servirá de ejemplo para todos los notarios.

          Si le pones un mecanismo de compensación, ni él cambiará su conducta ni los demás notarios se quejarán (ojo, que a lo mejor es esto lo que queremos).

          Para acabar, aquí solo quería referirme a los mecanismo de compensación y sus posibles consecuencias negativas. En cuanto a los motivos por los que un banco elige un notario en vez de a otro, pueden ser muchos. Por ejemplo, he visto notarios dispuestos a firmar pólizas por la tarde-noche y notarios que no. Asumir que los bancos prefieren, por regla general, trabajar con el “notario pirata” también es ofensivo para los bancos. Puede que sea un inocentón.

          • Notario
            10 julio, 2014 - 20:11

            Edgar, los bancos están más allá de la posibilidad de ofensa. En cuanto a los motivos por los que un banco elige a un notario, pongamos el caso de como se leen y explican las escrituras. En un extremo tendríamos al notario que en la escritura va indicando las cláusulas que a su juicio son abusivas (como al parecer pretenden que hagamos los redactores de nuestro reciente código deontologico). En el otro extremo, tenemos al notario que no se encuentra presente mientras se lee la escritura a los clientes. Pues bien, sería una ingenuidad pensar que los bancos no se sienten más cómodos con los notarios a medida que van gravitando hacia el segundo de los extremos. En otros comentarios a este post se habla de como los jueces citan como testigos a los notarios para preguntarles si leyeron la cláusula suelo. Pero a veces lo que los jueces preguntan al notario es cuantas hipotecas había firmado la mañana en que autorizo la escritura que se discute.
            Y este de la lectura es sólo uno de los posibles motivos que pueden orientar las preferencias de los bancos. Como todos sabemos, hay también otros.
            En cuanto al régimen disciplinario como desincentivador de las malas prácticas en la contratación en serie, lleva ya muchos años demostrando su ineficacia. Y en parte, porque a lo mejor es eso lo que queremos. Ya se sabe, eso son pecadillos menores, aquí todos somos compañeros y demás. Esta muy extendida entre nosotros una actitud de tolerancia sin la cual las cosas en parte serían de otra manera.
            Y que conste que yo no defiendo los sistemas de compensación como la solución única, ideal y absoluta. Pero desde luego, la solución seguro que no es seguir como hasta ahora, hablando sin demasiada convicción de la necesidad de mayor disciplina.

  • Tomás Michelena de la Presa
    8 julio, 2014 - 21:24 Reply

    Estupendo artículo Carlos sobre el desprestigio-permíteme el “des”- que estamos padeciendo ante los profesionales del derecho, sean civilistas,mercantilistas o jueces,en definitiva, juristas todos, y que comparto plenamente.Pero a modo de complemento del mismo ,a mi todavía me duele mas el desprestigio que tenemos ante el ciudadano de a pie,esto es, ante el destinatario inmediato y principal de nuestra función.Y aquí si que nos vendría bien un poco de autocrítica al Notariado
    .Yo, utilizando el plural, voy a hacer la mía propia, planteando una serie de interrogantes o preguntas que dejo en el aire y que cada cual -notario-conteste.
    .Porque veamos.¿ Cómo podemos consentir el excesivo protagonismo, que raya la sobre-intervención de intermediarios ,llámense gestorías o en terminología moderna- plataformas-que condicionan nuestro trabajo y se interponen en la labor fundamental de información y asesoramiento previo que nuestra función conlleva?¿Quién va a poner fin al exceso de minutas, correos y descorreos,consejos y,aclaraciones que desde las entidades financieras y utilizando los intermediarios antes aludidos invaden nuestras notarías haciendo a veces difícil, cuando no imposible, nuestro trabajo.?¿ Es que acaso creemos que ello no es percibido por el particular? ¿Es que no estamos presionados en muchos casos por la amenaza de que el notario de al lado, rebajando su rigor, por utilizar un eufemismo que todos entendemos,,nos ponga en la tesitura de tener que autorizar el documento ,utilizando la misma ” rebaja”, o no autorizarlo con las graves consecuencias , no solo económicas, que ello conlleva? ¿.Por qué se consienten algunas malas prácticas que por reiteradas parecen buenas y que no hacen sino mermar nuestro prestigio.? ¿Por qué consentimos términos nuevos que inducen a error y que desde luego no son jurídicos y mucho menos notariales como, a modo de ejemplo, adecuaciones, activos, sociedades express, notarios homologados ,macronotarios etc. que restan, por vulgares, nuestra credibilidad y nos colocan a veces en un plano de igualdad con quien no es notario? ¿ Por qué hay profesionales, abogados, entidades o particulares que manejan una extraña clasificación de los notarios.según el fin que pretenden conseguir? ¿.Por qué, y esto es lo mas grave, nos hemos tragado el sapo del manuscrito ,aludido por ti, que sigue vigente y que ya forma parte de nuestras escrituras? En fin podría seguir con los porques pero esto seria interminable y el mérito lo tienes tú que tácitamente has planteado el primero.
    En mi opinión, somos nosotros mismos los que nos estamos desprestigiando :unos, los menos, por entender mal la profesión y equivocar su sentido,,otros, los mas, por asentir con su silencio y asumir sin remedio y con resignación la actuación de aquellos -como vamos a hacer un notariado mejor con tanto compañero indiferente-. Y he dejado para el final a los máximos responsables, nuestros dirigentes: Consejo, Decanos y demás por no utilizar todos los medios a su alcance, que los tienen, para evitar esta situacion y que siguen la vieja técnica de mirar para otro lado
    .En fin querido Carlos tu has abierto la caja de pandora y yo no la voy a cerrar .Solo decir que el problema no está en los otros sino en nosotros ,que no es falta de información sino de rigor y cumplimiento,que estaría bien una cátedra de Derecho Notarial como propones pero precedida o complementada por otra de Etica y que quizás deberíamos hablar no de prestigio sino de dignidad.
    Un abrazo

  • Carlos Pérez
    8 julio, 2014 - 21:27 Reply

    Es cierto Luís. Pero cuando los colegios han querido meterse en serio con la cuestión disciplinaria muchas veces se han dado de bruces con los tribunales que admiten que se den comisiones, rebajas sistemáticas… porque no perjudica al consumidor, cuando a larga es evidente que lo hacen.
    El tema que propones es muy importante. Por eso muchos reclamamos un Congreso en el que se debata en profundidad estos temas.
    En el fondo lo de menos es la crisis del CGN o la elección directa. A mi juicio los temas verdaderamente importantes son mucho más profundos ¿hacia a donde queremos que evolucione nuestra profesión? ¿Cómo es posible la evolución que he expuesto de la doctrina, la jurisprudencia y el legislador hacia nuestra función? Es verdad que la opinión de algunos puede ser malintencionada pero la opinión de otro que he recogido es expuesta por un tipo independiente, de prestigio que incluso forman parte de una revista del Consejo General del Notariado.
    Y es que, en definitiva, también en este tema da la sensación de que ha habido dejadez por el CGN, no hay plan. Y es imprescindible…no podemos consentir que la falta de profesionalidad y rectitud de algunos pocos arrastre el esfuerzo, la honradez y la dedicación de la inmensa mayoría.

  • Mª Adoración Fdz. Maldonado
    9 julio, 2014 - 11:27 Reply

    No sé si remitiros este “cuentecillo” ,al hilo de lo que estáis tratando, entra en vuestra perspectiva; no lo publiquéis si no es así; he querido que fuera ficción lo que todos sabemos que se basa en hechos reales. Puede que haya un notario dispuesto a responder “de otra forma” y estas podrían ser sus respuestas.

    VIVENCIAS DE UN NOTARIO QUE RESPONDE COMO TESTIGO POR 50ª VEZ

    A última hora del viernes, Alfredo, concluida ya una semana en la que la documentación había sido bastante escasa y compleja, como era la tónica habitual en los últimos meses, echó un vistazo a la agenda de la semana próxima, un poco por organizarse, un poco con la esperanza de que fuera algo más animada de trabajo, para qué engañarse. La agenda, sin embargo, no iba a darle ninguna alegría: tenía dos días en blanco, martes y miércoles en los que se anotaba, “testificación en Marulanda” -martes; testificación en “Portañedo”, miércoles. ¡Lo había olvidado por completo!
    Llamó al empleado encargado de las matrices para ver cómo se iban a organizar esos dos días (o tres, pensando en el viaje de vuelta desde Portañedo ) y para llamar a un compañero de plaza que pudiera sustituirle. Sin embargo, esta vez no iba a resultar muy sencillo. Su compañero tenía un acta de Junta General de sociedad y no podría atender los dos despachos, por lo que la sustitución tendría que pasar a ser una ausencia forzosa del despacho y, por tanto, imposibilidad de trabajar esos dos o tres días. Los autónomos sabemos qué significa no trabajar, pensó para sus adentros, sintiéndose impotente ante las inexorables citas de la agenda. Había remitido lo que él consideraba un muy fundado y razonado escrito de oposición a ser testigo, pero, en un caso no hubo respuesta, y en el otro la juez no consideró oportuno atenderlo. Así llevaba ya 48 veces, casi todas, por fortuna, tenían lugar en la ciudad en la que trabajaba, pero aquello empezaba a convertirse para él, lejos de una rutina, en un calvario.
    Todas las testificaciones tenían un mismo objeto: escrituras de préstamos hipotecarios en las cuales había cláusulas suelo y en las que, a veces el deudor, a veces la entidad acreedora, querían que repitiese ante el Juez lo mismo que la propia escritura que todos tenían a la vista decía claramente, a su entender.
    Empezaba a notar cómo su ánimo iba decayendo de vez en vez; un cliente amigo y médico le recomendó unas vitaminas que no había tomado; pero sería cosa de pensarlo ahora. El fin de semana transcurrió con cierta inquietud para él: viajar le ponía nervioso incluso para hacer turismo.
    El martes acudió a Marulanda, situado a unas dos horas de viaje de su despacho, y contestó a las mismas preguntas que las 47 veces anteriores. Llegó a casa cansado y preparó una pequeña maleta ante la eventualidad de que el viaje a Portañedo le exigiese pasar noche en un hotel. La sola idea le hizo sentirse mucho más cansado y durmió muy mal.
    Muy de madrugada, preparado para iniciar el viaje en coche, de unas 4 horas de duración, miró aquella caja de vitaminas y pensó que nada perdía por tomar una, lo que hizo sin mucho entusiasmo. Al llegar a la aún somnolienta ciudad, se perdió varias veces y optó por aparcar el coche y coger un taxi. A esas horas, antes de testificar, necesitaba un buen café y había llegado con suficiente antelación. Encontró una cafetería llena de gentes que conjuraban el sueño de la todavía casi madrugada con un café fuerte cuyo olor le hizo sentir mejor. A su lado, un hombre recio, cuya mirada, pensó nuestro notario, llevaba consigo la historia de muchas vidas iguales que sostienen en silencio un país, sin pedir nada más que la posibilidad de seguir adelante, de aportar a la familia lo necesario, sin saber siquiera lo valiosos que son, ese hombre recio estaba pidiendo un carajillo. Nuestro notario recordó su primer destino, hacía ya 35 años, Tierrablanda de Arcedilla , el pequeño pueblo de 1.600 habitantes, donde labrar una tierra dura y poco rentable era la única opción, antes de que los nuevos tiempos hubieran llevado al municipio a ser declarado lugar de interés turístico por la conservación del mulo español, con la consiguiente reubicación de los labradores en autónomos y sufridos propietarios de bares, de escasa afluencia últimamente según le contaban sus viejos conocidos de allí. Recordó que desayunaba en el bar de la plaza unas porras bañadas en aceite y azúcar que le hicieron ganar todos los kilos que la oposición le había quitado, a las que añadía el carajillo que todos tomaban, porque su abuela siempre le dijo que “allí donde fueres, haz lo que vieres”.
    Esta nostálgica evocación de un tiempo distinto donde firmaba casi las mismas escasas escrituras que ahora, pero no dudaba que esas escrituras surtían efectos y satisfacían a las partes como el final del proceso que iniciaba un apretón de manos, le llevó sin pensarlo a pedirse el rememorado carajillo. El joven médico que le recomendó las vitaminas nunca había debido probar esto: ¡qué energía inmediata, qué bien se sentía, por fin!
    Guarnecido el ánimo por cierto espíritu y ardor guerrero, del que él mismo no era muy consciente, se personó en el Juzgado; recordó que era la quincuagésima vez que lo hacía por la misma causa….

    Juez.- Nombre y apellidos:
    Notario.-Alfredo Rodríguez Sánchez
    Juez.- ¿Jura o promete decir la verdad?
    Notario.- Señoría, no es que jure o prometa eso, es que mi profesión es decir la verdad.
    Juez.-¿Ejerce como notario en Lahiguera Grande?
    Notario.- Lo poco que los tiempos me dejan, señoría, sí
    Juez.- ¿R.. (es interrumpida por el Notario con su pregunta)
    Notario.- Perdón, señoría, ¿puedo sentarme?
    Juez.- ¿Padece alguna minusvalía que le obligue a ello?
    Notario.- No señoría, pero soy el único que está de pie en esta sala: Vd, por supuesto, está sentada, los demandantes, los demandados, los abogados e incluso el público presente lo está. No creo estar acusado de ningún delito de lesa humanidad, es más, las leyes me califican como autoridad pública, pese a lo cual me encuentro discriminado y maltratado en esta posición.
    Juez.- Permanecerá en pie
    Notario.- Como estudioso del Derecho, no se ofenda si le pregunto en qué norma se dice que debo estarlo.
    Juez.- Yo ordeno el procedimiento
    Notario.- Nada, nada, entonces, nada
    Juez.- ¿Ha intervenido Vd en esta escritura de préstamo hipotecario? (le acercan una copia de escritura fechada 5 años atrás)
    Notario.- No señoría, yo no intervengo escrituras, autorizo escrituras, razón por la cual le remití un escrito en el que le hacía saber que no soy adecuado como testigo, porque asumo la autoría de la documentación de un negocio que las partes otorgan y por tanto lo considero válidamente formalizado, pues en ello radica la razón de la existencia del notariado.
    Juez.- El préstamo hipotecario contiene una “cláusula suelo” para el tipo de interés, que el deudor manifiesta que no le fue leída ni explicada, ¿la leyó Vd?
    Notario.- Su señoría y las partes disponen de una copia de la escritura, que imagino que han leído con antelación, si bien quizás no han llegado a leerla por completo. Al igual que sucede en las novelas de Agatha Christie, la solución a ciertos enigmas está en el final: ¿me permite la copia? (se la acercan). Mire, aquí justito, en la última página dice : Leo esta escritura a los otorgantes, por su elección, una vez advertidos de su derecho a leerla por sí, al que renuncian y, enterados de su contenido, la ratifican, consienten y firman; doy fe.
    Diría que aquí está la respuesta a cuantas dudas hayan podido traerme hasta aquí.
    Juez.- Pero, ¿Vd explicó la escritura a las partes y se cercioró de que la entendían?
    Notario.- Señoría, cuando una escritura ocupa como en estos tiempos 42 folios, claro que hay que explicarla, y claro que lo hago. Ahora bien, quizás recuerde las clases de matemáticas (en mi caso de álgebra), cuando el profesor explicaba aquellas parábolas y la x-y+z que tan claramente determinaban esa curva, y al terminar nos preguntaba a los alumnos si lo habíamos entendido y todos contestamos que sí. ¿Cómo saber si los alumnos no dicen la verdad porque quieren salir ya al recreo o, en este caso, los otorgantes quieren irse a hacer sus cosas?
    Pues verá, nosotros, (o al menos yo) suelo rematar como el profesor: si tienen Vds. alguna duda, aquí me tienen para cualquier cuestión, con suerte durante unos cuantos años de los 30 que dura su hipoteca…. pero señoría, ¡nunca vienen! ¿Qué debo pensar?
    Juez.- El testigo ha terminado. Puede retirarse
    Notario.- Gracias señoría.

    Nuestro buen notario salió contento del Juzgado: hoy se había reconciliado con su vocación, había recordado que llevaba 35 años dispuesto a escuchar, explicar y autorizar cuando las partes libremente acudían a su despacho, y que el signo de los tiempos, la ilimitada desconfianza que se cierne sobre todo, no podía hacerle dudar a él sobre aquello que hacía y en lo que creía: dar fe. Pensándolo bien, mañana intentaría hacer aún mejor su trabajo, posiblemente todos teníamos que aprender a hacer las cosas de otra forma, eso sí, con la misma esencia.
    Y tal vez mañana desayunase otra vez ese maravilloso carajillo…

  • Mª Adoración Fdz. Maldonado
    9 julio, 2014 - 11:40 Reply

    …. Y os informo, en tiempo real, que contestar con cierta dignidad, surte efectos (aunque “en realidad” como os he dicho, es una ficción… .

  • Harto
    9 julio, 2014 - 16:41 Reply

    Como al notario del cuento que precede, a mi también me ha tocado hacer de testigo en juicios por escrituras que había autorizado. No en tantas ocasiones, pero si con igual falta de sentido, porque en la escritura ya aseveraba y daba fe de todo lo que me preguntaron. No se me ocurrió vigorizarme previamente con un carajillo, pero tomo nota.
    Se supone que el juez valora la pertinencia de la prueba propuesta antes de admitirla, y la medida en que pueda contribuir a esclarecer los hechos controvertidos, como dice la LEC. ¿Que aporta la reiteración ante el juez por el notario de lo ya dicho en la escritura?
    Y siendo eso algo tan obvio, ¿por qué el Consejo General del Notariado no toma cartas en el asunto y no se preocupa de hacérselo ver, por ejemplo, al del Poder Judicial, y ambos Consejos dejan claro el tema?
    Sería de agradecer qué nuestros Decanos encontraran un hueco entre crisis y crisis en el Consejo para ocuparse del tema, y no sólo por evitarnos a los notarios mañanas perdidas, sino sobre todo para defender la dignidad de nuestra función.

  • Carlos Pérez Ramos
    10 julio, 2014 - 11:51 Reply

    Gracias a todos por intervenir:
    Es cierto que la actitud de la judicatura ante nosotros a veces cuanto menos es sorprendente. A mi juicio lo más grave es la sensación de desconocimiento de nuestra función y de los efectos del instrumento público. Da la sensación que no conocen suficientemente el Derecho Notarial y que sólo manejan una versión del Derecho hipotecario.
    ¿Frente a ello que propongo?
    1) Crea y subvencionar cátedras de Derecho notarial.
    2) Firmar convenios de colaboración con el Consejo General del Poder Judicial para organizar seminarios y cursos conjuntos; y gratuitamente dar alguna charla en la escuela judicial que los aprobados tienen con posterioridad a aprobar la oposición a judicaturas.
    3) Revitalizar nuestras revistas, pensemos que publicar en la Revista Crítica de Derecho Inmobiliario concede muchísimos más puntos para ascender en la carrera universitaria que nuestra Revista Jurídica del Notariado. Si te cuesta el mismo esfuerzo publicar en una u otra y te van a dar más puntos para ascender en la Rev Crítica ¿por qué publicar en la Rev Jurídica del Notariado?
    4) Crear un premio para juristas menores de 40 años dotado económicamente por artículos publicados en la Rev Jdica del Notariado y en Cuadernos de Derecho y Comercio.

  • Ignacio Gomá Lanzón
    10 julio, 2014 - 14:54 Reply

    Estimado Carlos, de acuerdo contigo. Como curiosidad y por si puede ayudar, os pongo parte del prólogo del libro Derecho Notarial que mi padre, mi hermano Fernando y yo publicamos hace pocos años y que va en esa línea:

    “Con todo, quizá esto no es lo más importante. Lo esencial es el designio de reivindicar la figura del notario y la función notarial; y también contribuir a la construcción del Derecho notarial como categoría autónoma, sobre la base del instrumento público. Ciertamente, los bandazos de la Historia no pueden dejar de afectar al mundo del Derecho y por supuesto a la fe pública: la globalización económica y la liberalización, la generalización de las instituciones anglosajonas, la entronización de la competencia como instrumento en el mercado, la sacralización, por otro lado, de la seguridad, entre ellas la jurídica, y la protección al consumidor, así como el acrecentamiento del poder de un Estado ávido de información y de control de sus ciudadanos, no dejan de afectar a una profesión milenaria y mestiza, fruto de la unión de lo público y lo privado y, por tanto, de sangre no pura, a veces no querida por ninguno, a veces querida por todos. Por eso hoy hay que seguir reivindicando su naturaleza dual como único medio para que siga siendo útil y proporcione un valor añadido: no es, en efecto, el notario un simple instrumento del Estado destinado a proporcionarle información y descargar de trabajo a los Tribunales, ni tampoco un profesional libre encargado de favorecer los intereses de una sola de las partes. Ni siquiera es, como se ha postulado, un simple instrumento de la seguridad jurídica del adquirente. Es todo eso y algo más: es básicamente una herramienta para el ejercicio de la libertad del ciudadano y de la sociedad, de la que surge originariamente el notario para ser luego incardinado en la estructura del Estado con fines más amplios. Es con esa mezcla de libertad de elección, confianza, asesoramiento profesionalizado de alto nivel, independencia, seguridad jurídica, servicio público y sujeción a la Administración y colaboración con ésta como se puede prestar un servicio diferenciado de otras profesiones y con su propia fisonomía. Y con ventaja frente a modos de actuar extranjeros –particularmente anglosajones- que, aunque puedan ofrecer lo mejor y lo peor, tanto en precios como en servicios, difícilmente podrán dar el servicio medio de calidad que proporciona el notariado a toda la sociedad (del mismo modo que otras instituciones, como la sanidad pública). Señala Javier GOMÁ LANZÓN, en Ejemplaridad y Fe Pública, -al que procede traer aquí a colación, no como hermano, sino como filósofo-, que a la doble condición de funcionario público y profesional del Derecho habría de añadirse una tercera, consistente en ser un ejemplo público-privado que ejerce su autoridad y disfruta de prestigio y confianza, entendido esto no como un hecho consumado, sino como una misión que ha de cumplirse.

    Finalmente -ya lo hemos indicado antes-, se ha pretendido reivindicar el Derecho Notarial como disciplina con rasgos característicos. Es sabido que los tratados de Notaría –Ars Notariae- anteriores a la ley del Notariado eran recopilaciones más o menos metódicas de las normas legales de Derecho privado aplicables a la actuación notarial. La ley del Notariado supuso el inicio de un cuerpo específico de reglas sobre el notario y el instrumento público, pero quizá el Derecho notarial no había adquirido todavía una personalidad y autonomía científica, al modo del Derecho procesal o del trabajo, que se desgajó del Derecho civil mediante el desarrollo de algunas de sus instituciones en su ámbito peculiar. A este modelo, que ya patrocinaba don José CASTÁN TOBEÑAS en “Función Notarial y Elaboración Notarial del Derecho”, intenta aproximarse este libro por dos caminos:

    Por un lado, destacando la peculiaridad de la relación jurídica que se desenvuelve ante el notario mediante el desarrollo y reivindicación de los efectos del documento público, no sólo entre las partes sino también frente a los terceros (la oponibilidad y la utilizabililidad del documento), cuya protección no es patrimonio de la publicidad registral; el valor del instrumento público como manifestación no de la existencia de las declaraciones, sino como prueba plena del negocio jurídico como tal, el valor del documento no como simple elevación a público del acto sino como una verdadera renovatio contractus…. Todo ello caracteriza la relación jurídica que se da ante el notario y la diferencia, cualitativamente, de la privada por los efectos sustantivos, probatorios y ejecutivos del documento notarial.

    Y por otro, al modo de los antiguos tratados como el Febrero (“Librería de Escribanos” de José Febrero, 1789), la Teórica del Arte de Notaría de Gibert (1772), Opera Artis Notariae, de Gali (1582), el Viridarium Artis Notariatus de Comes (1704) y tantos otros, introduciendo en el lugar correspondiente aquellas cuestiones del Derecho civil o mercantil que, si no exclusivas del notario, sí son características y cotidianas en el quehacer notarial y por tanto, imprescindibles: cuestiones de capacidad, determinación de la ley aplicable en Derecho internacional o interregional, interpretación de los poderes, autocontratación, etc, para lo cual han sido de gran utilidad las Instituciones de Derecho Civil Común y Foral del propio autor de este libro.

    Ojalá se hayan conseguido todos los objetivos”.

  • Carlos Pérez
    10 julio, 2014 - 20:52 Reply

    Ignacio, estupendo prólogo.
    Estoy de acuerdo contigo en que debemos reivindicar el valor del instrumento público notarial, que muchas veces, o por maldad o por desconocimiento es olvidado.
    ¿Acaso el art. 1218, 1219 CC y 17 bis LN no son preceptos con rango legal?
    Cuento una anécdota: En navidades expuse como trabajo de fin de máster en la Universidad de Sevilla (lo que antiguamente se conocía como “tesina”) <> ante un tribunal magnífico ( RUBIO GARRIDO, RAMOS CHAPARRO, ADAME MARTÍNEZ), civilistas todos ellos de reconocido prestigio y competencia (a todos ellos los he leído, y son buenísimos) y la parte que más les sorprendió es cuando trate el caso de las fianzas simuladas bajo la apariencia de una compraventa, desde la óptica de los efectos del instrumento público.
    No conocían las teorías de RODRÍGUEZ ADRADOS sobre las escrituras y las contraescrituras, y les encantó.
    Y es que el mundo jurídico -especialmente algunas sentencias que he citado- parecen desconocer que la escritura pública SURTE LOS MISMOS EFECTOS FRENTE A TERCEROS QUE UN ASIENTO REGISTRAL, y que al tercero le es oponible lo que dice la escritura (utilizabilidad) y le es inoponible lo que no figura en la escritura. De manera que desde el punto de vista de los efectos, lo que resulta de la escritura es una apariencia en la que los terceros pueden confiar pudiendo enervar la apariencia creada por el Registro (¡Cuando vamos a reeditar la obra fundamental de GORDILLO “La representación aparente, una manifestación del principio general de protección de la apariencia”!).
    Como nos dice el gran ADRADOS (¿No podría ser un gran nombre para una cátedra de Derecho Notarial?) la única diferencia en el campo de los efectos entre la escritura y los asientos del registro es que mientras lo que dice el registro me perjudica lo conozca o no, porque tuve la posibilidad de conocerlo, la escritura me perjudicará en la medida en que me sea exhibida…
    Es decir, por mucho que el Registro diga que la finca está libre de cargas, si en la escritura de venta se dice que la finca está gravada por una servidumbre o un usufructo, éstos serán oponibles al adquirente. O bien visto desde una óptica registral…el adquirente ya no puede ser de buena fe puesto que no puede ignorar que existían unas cargas…no puede jugar ni el 32 LH ni el 34 LH.

    PUES BIEN ¡¡¿¿QUIÉN EXPLICA ÉSTO??!! QUién fuera de gente como tú padre estudia este tema. ¿En que libros de hipotecario que leen los jueces figura?

    Y en definitiva: NO ES UN INVENTO DE LOS NOTARIOS, resulta claramente del art. 1218 y 1219 CC, ¿Y por qué son olvidados?
    Debemos impulsar el estudio de estos temas y la elaboración de libros que expliquen el Derecho Hipotecario de manera clara y sencilla, y que den una visión distinta a la única que circula. ¡Ojo, no propongo que hagamos proseletismo, ni vendamos sólo nuestra verdad, SIMPLEMENTE PIDO QUE SE ESCUCHEN OTRAS OPINIONES y cada uno -incluidos los jueces y los profesores universitarios- adopten, con rigor científico, la que más les convenza.

  • Aristides Teorán
    14 julio, 2014 - 21:41 Reply

    No debiéramos contraponer en el mismo artículo nombres de maestros como DE CASTRO o CASTAN con los de otros artificieros como Guilarte, porque supone dar publicidad a quien sólo merece lecciones de origamis

    Cuando leí las estupideces que este señor escribió en la revista del Consejo General de la abogacía, escribí este contra-artículo que en esa revista no consideraron conveniente publicar:

    YO QUIERO SER PAPELERO

    Leo con cierto interés inicial el articulo del abogado que comienza con las referencias que el maestro Albaladejo, quien respetaba por cierto, de manera profunda a los notarios, hacia de él, supuestamente en su etapa joven de la vida. Nos hacemos así una idea de la magna idea que tiene de si mismo tan locuaz señor. Continúo leyendo el artículo y termino con la sensación de ardor semejante a quien ingiere fruta en mal estado. Lo vuelvo a leer y es solo entonces cuando comprendo que la revista, quizás ante la falta de artículos interesantes, y lo que es peor, de articulistas con ideas interesantes, ha optado por blandir la espada de lo cómico y encontrar en este campo una pequeña huida de lo doctrinal, ya que de cuando en cuando bien le viene al cerebro del lector descansar y dejar que otros relaten y describan escenarios coloridamente cómicos, como éste que se dibuja con trazos toscos en el que, por el arte del pataleo, y después de aprobar, da igual cómo, la carrera de derecho, pagar las tasas colegiales y hacerse con una firma electrónica, quiere éste señor desplegar los efectos de presunción de veracidad, integridad y autenticidad a los documentos refrendados por abogado. Así, y porque sí.

    No me corresponde a mí entrar en asuntos dogmáticos ni de derecho positivo, ya que empezaríamos por el Escuela de Bolonia y en España, por Jaime I en Aragón y de Alfonso X en Castilla, pero no deja de resultar eso, cómico, que acabe tachando de papeleros a una de las pocas instituciones que desde aquellos tiempos funcionan, y funcionan de verdad. Se deja ver el plumero el gallo cuando se le llena la boca con la expresión trasvase competencial con el único argumento real de a su vez llenarse el bolsillo. Considera el no tan joven Guilarte, que en los despachos notariales nada se informa ni existe valor añadido alguno, personificando él mismo con sus finas formas pero obtuso fondo, a los tres monos san saru japoneses.

    Lo triste de afirmaciones tan burdas, es que detrás hay una realidad política, como no podía ser de otro modo, fruto quizás de una maquinación dantesca promovida por las familias que mueven los hilos de los poderosos.

    Señores, semejante artículo, curiosa expresión de la libertad de prensa, no hace sino calificar a quien descalifica, que parece a todas luces un funcionario calificador frustrado, oriundo de los medios registrales, donde y con quienes se siente muy caliente. Hágannos saber, por favor, cuando se publicara el siguiente pasaje del delirio donde se podría plantear desbancar el monopolio de la justicia para ser repartido, eso si, por turnos, a los abogados quienes refrendarían con su firma electrónica, la impartición de justicia desde sus despachos.

    Sr Guilarte, la próxima vez que vaya a la notaria donde tengan bien recibirle y asesorarle de manera gratuita (también por imposición de Ley), no se olvide de llevar el papel, pero tampoco de tomarse la medicación para la ignorancia, entre otras cosas, siempre que al tiempo de la recepción de esta carta no se haya usted hecho eco de los sustanciosos beneficios que supondría para un abogado, romper con el injustificado monopolio de las farmacias, y así poder llevarse incluso la medicación de casa, canturreando el último éxito del abogado-catedrático-notario-juez-cantautor titulado “yo quiero ser papelero”…

    Vulgarmente la justicia es dar a cada uno lo suyo. Hay que ganarse lo recibido y no llorarlo, y si se llora para pedir, que sea con lágrimas sostenibles en cualquier foro no contaminado por intereses cruzados ni tablas colegiales por medio, porque mas allá del papel, hay custodia, y mas allá de la custodia, una profesión honorable.

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