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El Simposio puede cambiar nuestro futuro

Uno de los prejuicios más arraigados en la psique humana es el del providencialismo, ya sea en su modalidad pagana (el fatum estoico), cristiana (en la forma todavía más implacable de la predestinación para luteranos y calvinistas) o secularizada (recordemos el mito del progreso característico de la Ilustración o la lucha de clases marxista). La idea de que el destino está escrito (para bien o para mal) y que resulta inútil luchar para cambiarlo, ha sido una constante en la historia de la humanidad. Según dicen los biólogos evolucionistas, constituye una extraña derivación de la creencia en recompensas y castigos divinos, que debió en algún momento constituir una ventaja adaptativa.

Pues bien, si a esta creencia le añadimos otro sesgo evolutivo claro, como es la conducta típica del gorrón, oportunista o free rider, consistente en confiar en que si la cosa se pone mal alguien se esforzará en solucionarla antes que uno mismo, librándote así del correspondiente coste, tenemos la explicación de por qué tras el formidable cambio tecnológico, social y económico que estamos viviendo desde hace lustros, los notarios continuamos encerrados en nuestros despachos como si la cosa no fuera con nosotros.

Si el resto del mundo adoptase la misma conducta pasiva la situación no sería tan grave, pero el problema es que siempre hay por ahí gente descreída, con gran sentido de la oportunidad para ver el negocio, dispuesta a reconducir el destino en la dirección más adecuada para sus intereses, aunque no coincidan con los generales de la humanidad (aunque a veces sí lo hacen). Esos son lo que, en realidad, mueven un mundo que no tiene destino definido y que depende completamente de nuestro conocimiento y de nuestra voluntad.

Resumamos: en una fase histórica de cambio acelerado, el documento notarial tal como lo conocemos solo subsistirá si sigue prestando una gran función social, para lo cual necesita adaptarse a los tiempos. Siempre lo ha hecho, así que ahora no tiene por qué ser diferente. Pero si en este momento tan convulso esa adaptación no surge de nosotros mismos, nadie nos la va a proporcionar. No, desde luego, nuestros abundantes competidores, siempre dispuestos a ofrecer una alternativa, que solo se sabrá peor cuando sea irreversible. Menos aún los políticos, por definición absolutamente ignorantes en estos temas cuando no intoxicados por prejuicios infantiles. Pero tampoco por nuestros representantes corporativos, en el mejor de los casos completamente desbordados, en el peor preocupados por lo secundario y no por lo importante.

El Simposio previsto para los días 28 y 29 de mayo tiene que constituir un punto de inflexión en esta dinámica pasiva que arrastramos desde hace años y que amenaza con llevarnos al desastre. Un punto de encuentro para discutir de lo importante, que debe constituir el inicio de un camino que solo puede terminar con una oferta abierta y sincera para acompañar a la sociedad española en el camino de transformación que está obligada a transitar.

Si no estuviésemos convencidos de nuestra utilidad social no iniciaríamos esta tarea y permaneceríamos en un sepulcral silencio, como pasa con otros agentes sociales, quizás más astutos, pero también más débiles. Sin embargo, nuestra completa inmersión en el tráfico jurídico nos proporciona pistas de ese cambio que nadie mejor que nosotros está capacitado para leer, e instrumentos de sobra para conducirlo en beneficio de los intereses generales. Desaprovechar esa oportunidad y centrarnos en el corto plazo constituiría una traición, no solo a una larga tradición de excelencia y servicio público, sino a los jóvenes notarios que ingresaron en un cuerpo tras un duro esfuerzo pensando que éste estaba convencido de su utilidad social. Si no íbamos a hacer nada para demostrarlo quizás deberíamos habérselo advertido.

Por eso mismo, la opción está muy clara: por un lado el providencialismo o el fatalismo, el oportunismo, el corto plazo y la conciencia de la propia inutilidad. Y sea en casa o en Milán. Por otro lado, la responsabilidad, el largo plazo y la confianza en nuestras posibilidades. Por supuesto, esto último solo se demuestra apuntándose al simposio y participando.

 

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4 Responses to "El Simposio puede cambiar nuestro futuro"

  • Pedro Rincón de Gregorio
    12 mayo, 2016 - 16:46 Reply

    Estimado Rodrigo:

    Podría defenderse, y lo creo justo, que es imprecindible reflexionar sobre nuestro futuro, qué necesita el notariado, cómo ha de afrontar sus retos. Podría defenderse, y lo creo necesario, que el simposio es un buen punto de encuentro (y acaso de inflexión) para una suerte de cambio colectivo, de involucrar a todos en esa renovación en favor, no sólo del notariado, sino de la propia sociedad.

    Lo que no alcanzo a comprender es ese velado (o no tanto) desprecio a quien no quiera asistir. No debemos olvidar que entre los no asistentes, aparte de los providencialistas, que sin duda los hay, y los que, cómo no, no pueden asistir por otras razones personales o económicas, también los habrá que no se sientan cómodos con este simposio, con su organización, con alguno de sus promotores o, incluso, que la política de comunicación, nefasta, por cierto. Incluso, habrá quien desprecie al que va a Milán en vez de aisistir al simposio. Yo, en cambio, siento una sana envidia.

    Parece que el defecto del providencialismo algunos quieren curarlo con cierto mesianismo. El “o estás con nosotros en el simposio o te espera el abismo” me parece inadmisible. Hay muchos compañeros que se baten el cobre para demostrar que el Notariado está vivo, que sigue siendo útil, social, económica y jurídicamente. Estos compañeros, con labores en órganos corporativos, con su producción científica o con su labor en redes sociales, prestan tan buen o mejor servicio que el que más. Y ellos no piden atención sino, todo lo más, respeto.

    Y muchos de estos compañeros, la mayoría, no asistirán al simposio. Y la respuesta no es providencialismo, fatalismo ni oportunismo. La respuesta, quizá, está en otro lado. La respuesta es quizá, más humildad, más integración y menos divismo.

    Hecha esta reflexión, yo asistiré al simposio, con gran curiosidad y con ganas de aprender y de aportar. Admiro científicamente a todos los ponentes, y a algunos de ellos, con los que he tratado mientras preparaba las oposiciones, también les admiro personalmente. Le tengo, además mucho cariño y respeto al colegio de Madrid, mi Alma Mater, en cuyo ámbito geográfico, en gran medida, nace esta iniciativa.

    Espero que el simposio resulte provechoso y sea el primero de muchas iniciativas en defensa de nuestra función. Pero no lo olvidemos, también hay quien, con humildad y trabajo, huye de estos foros y no puede ser tachado de providencialista, cortoplacista, etc.

    Un abrazo, nos vemos el día 28.

  • Rodrigo Tena
    12 mayo, 2016 - 18:43 Reply

    Estimado Pedro:
    No hay desprecio de ningún tipo, más bien todo lo contrario. Cuando uno desprecia a otro prescinde completamente de él, como si fuera un niño o un incapaz, y decide en su lugar. Sin embargo, cuando se dice muy a las claras que todos somos imprescindibles para el éxito del simposio y que si faltan muchos no habremos conseguido casi nada, entonces no se desprecia, sino que se aprecia en grado sumo.
    Ahora bien, además de apreciar, he pretendido despertar, eso sí. Convencer de que la confianza ciega no tiene fundamento y de que si no nos movilizamos nadie nos sacará las castañas del fuego. La verdad es que son cosas que me parecen poco discutibles.
    En cualquier caso pensaba que estaba claro que la arenga no va a dirigida contra los compañeros que trabajan activamente en labores corporativas o simplemente de divulgación. Bastante hacen y para ellos mi sincero agradecimiento. Sé por propia experiencia que la labor es muchas veces desagradable y escasamente agradecida. A quién pido que acuda al simposio es precisamente al compañero que piensa que con el trabajo de los otros basta. Y si ha conseguido entradas para Milán, le advierto que solo podrá librarse de nuestra envidia y de nuestra justa ira si al menos nos manda un par de comunicaciones para enriquecer el debate.
    Con lo único con lo que estoy en franco desacuerdo es con quien piensa que no puede estar cómodo con los promotores, por ser quienes son, o por la organización o por la política de comunicación. Seguro que la organización y la política de comunicación podían haber sido mucho mejores, pero hay que recordar que desgraciadamente no hemos contado con ningún apoyo corporativo, ni del Consejo ni de los Colegios. Hemos hecho lo que buenamente hemos podido, con escasos medios y con escaso tiempo. Más bien, resulta asombroso que con estas limitaciones hayamos podido producir una web tan operativa y funcional, gracias al trabajo completamente desinteresado de algún compañero. Y en cuanto a los promotores, convéncete: no somos lo protagonistas de este simposio, ni lo queremos ser ni vamos a serlo. Si acuden los compañeros el protagonista será el Notariado español. Y si no acuden, también lo será, aunque por distintos motivos….

  • Próximo
    12 mayo, 2016 - 19:18 Reply

    Pues yo estoy bastante de acuerdo con lo que dice Rodrigo Tena.
    El argumento relativo a las personas que organizan el Simposio, que es en torno al que gira la argumentación del comentario primero es una verdadera falacia, en el sentido que esto tiene en lógica. Es decir, se desprecia una tesis o afirmación por razón no de su contenido sino de alguna circunstancia que concurre en el que formula el argumento.
    Es decir, no se rechaza la tesis ( es necesario un simposio en el que conjuntamente se reflexiones sobre el notariado) sino que se rechaza a quien la formula.
    El argumento utilizado no es válido como argumento contra el Simposio sino que solo aporta las razones por las que un sujeto determinado no asistirá ( eventualmente, varios, pues se desprende del comentario que el suscriptor habla en representación de varios o recogiendo el sentir de otros).
    También constituye un argumento inválido la queja acerca del menosprecio a quienes no asisten y realizan otras labores. Pues donde el autor del post dice que “algunos gorrones que no hacen nada no asistirán”, el comentarista extrae el siguiente aserto : “los que no asisten al simposio son unos gorrones” ( se trataría de una falacia tipo “afirmación del consecuente”).

  • Luis Bustillo Tejedor
    12 mayo, 2016 - 19:39 Reply

    Querido Pedro. He leído tu comentario con atención y la verdad es que lo encuentro injustificado. yo figuro en la lista del Comité Organizador, como figuré en la lista del comité organizador de las Jornadas de Málaga, al tiempo que soy editor de esto blog.
    La crítica que haces al contenido del post me parece injustificada, pero las explicaciones sobre su sentido competen al autor del mismo, que ya lo ha hecho.
    Si que me apena que hables de que son necesarios “más humildad, más integración y menos divismo”.

    Si has seguido el curso d los acontecimientos desde octubre de dos mil trece sabrás algunas cosas que desmienten lo que dices y han de hacerte ver lo injusto de tus acusaciones.

    En octubre de dos mil trece, ante la dimisión del Presidente, con una carta escalofriante por el tono y la crudeza de las palabras utilizadas, mil doscientos notarios firmamos un manifiesto en el que se llamaba a la cordura, a la unidad y a la participación de todos los notarios. A la integración por tanto.

    Las Jornadas de Málaga comenzaron con una reunión a la que fueron convocados aquellos firmantes del manifiesto que se habían involucrado más en el mismo. Fueron llamados unos ochenta. Acudimos a la llamada unos diez. Muchos no nos conocíamos ni de oidas. No hubo exclusiones.

    Se celebraron las Jornadas de Málaga, en las que todo el que quiso hablar tuvo el micrófono en su mano para decir lo que quiso. Un gran éxito. Se sometieron sus conclusiones a votación no solo entre los asistentes, sino entre todos los notarios. Votaron a favor 700 personas y en contra dos compañeros nada más.

    Acudimos al Consejo para que convocase el Congreso ( el nombre que le dimos primero) y nos recibió en su sede. La respuesta fue no
    Después se hizo un llamamiento a todos los notarios para que, si querían colaborar con el Congreso se dirigieran a nosotros. Nadie contestó.
    Volvimos a pedir al Consejo que convocase el congreso. Otra vez, la respuesta fue no

    No nos rendimos. Convocamos a cincuenta personas a una reunión para que se uniesen o nosotros. Había destacados notarios tanto en el plano corporativo como en el científico. Nada más se supo después de aquella reunión.

    Algunos de los organizadores del simposio y otros que no lo son impulsamos este blog, y lo hemos mantenido aún a costa de ciertos disgustos. Y hemos dado voz a quien nos lo ha pedido. Nunca hemos negado la palabra a nadie. Tú mismo escribiste aquí, en un tono enormemente crítico con el Consejo. Esta Tribuna está abierta para todos, sean quienes sean.

    Hemos hablado siempre de que el congreso no era para satisfacer los anhelos de Madrid ( lo que late constantemente en los comentarios de quienes se oponen al congreso, y al que tu haces velada alusión) sino que solo persigue que TODOS podamos participar en la definición de lo que queremos ser. Que no lo decidan por nosotros, o al margen de nosotros

    Ahora nos dices que despreciamos a quien no quiere venir, que somos soberbios excluyentes y divinos. Tu dirás. A los que consideras que deberían estar. ¿Quién le impide a alguien dirigirse al Comité y decir “oye, yo quiero hablar en el Simposio sobre esto y lo otro”? O crees que tenemos que ir a buscarlos a su casa? ¿No hemos manifestado bastantes veces que queremos que todos asistan y participen?

    Somos muchos los que hemos dedicado tiempo y otras cosas a esto. No porque vayamos a sacar nada de esto. Sino porque creemos que es lo correcto. Y seguimos, una vez más, animando a todo el mundo a que asista al Simposio.

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