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Elección directa. Si, pero…

Uno de los temas estrella del debate notarial en los últimos años es el de la organización corporativa, que sin duda ha de ocupar las sesiones del próximo Congreso. Y el foco de la discusión se ha localizado en el sistema de elección del Presidente del Consejo, siendo mayoritaria la opinión favorable a que ésta tenga lugar por sufragio universal y directo de todos los Notarios. Como coadyuvantes, debates acerca de la necesidad de que el equipo del Presidente, que se ocupe de la gestión ordinaria, se independice en cierto modo del Consejo; el papel de los Colegios; la función censora o supervisora del Pleno del Consejo, etc.

En la revista “El Notario del Siglo XXI”, pueden encontrarse, utilizando el buscador del que está provista su página web, muchos artículos al respecto, en los que se proponen diversos sistemas de articulación de las instituciones existentes con un sistema de elección directa, así como procedimientos para hacer efectivas las soluciones propuestas aún antes de que se proceda a la pertinente reforma reglamentaria.

Y si, la elección directa es conveniente y necesaria, sin duda. Mejoraría la eficiencia e incrementaría  la responsabilidad en la adopción de decisiones y en la gestión de los intereses corporativos. Pero parece que la democratización del Notariado, de su estructura corporativa y de gobierno, tiene ahí su meta; que la perfección democrática se alcanzará una vez se haya podido elegir al Presidente (y a su equipo directivo) en una elección en la que participen todos los Notarios, según el principio “un Notario, un voto”, superando las representaciones territoriales que, por otra parte, no encarnan las diferencias de intereses, aspiraciones y problemas entre los notarios, pues éstas se dan más entre el notariado rural y el urbano que por razón de la Comunidad Autónoma donde se desempeña la función. Pero llama la atención que ninguno de los textos consultados en la referida revista ponga el acento en la participación constante de los Notarios en los asuntos corporativos y en el establecimiento de mecanismos que permitan que sean los individuos los que directamente incidan en la definición de las líneas generales de determinación y desarrollo de las estrategias corporativas.

Está en curso la organización de un congreso notarial en el que se habrán de debatir, de modo abierto y  participativo, cuáles son las líneas fundamentales que ha de seguir la institución en el medio y largo plazo así como el diseño del órgano que deba llevar a efecto esas determinaciones. Pues bien, creo que en ese Congreso ha de tomarse en consideración el establecimiento de mecanismos y órganos que encaucen la participación efectiva de los notarios individuales, aún cuando no ejerzan cargo alguno, en el gobierno de la institución.

La elección directa del Presidente y de su equipo directivo es un paso adelante, repito. De eso no cabe duda: sería una mejora sustancial respecto de lo que existe, pues un equipo de gobierno legitimado por las urnas no estaría sujeto a los equilibrios de poder derivados de opiniones e intereses individuales no del todo justificados en el interés general. Pero no está exento de riesgos inherentes a toda condición estrictamente representativa de un órgano de gobierno, pues estos sistemas son tendencialmente proclives a la formación de grupos cerrados que terminan por monopolizar el poder, derivando, en el mejor de los casos en sistemas de “turno”. En este sentido, dice nuestro compañero Pedro Garrido Chamorro en el número 37 de la revista:

(…) la elección directa del Presidente y su lista conducirá a que en último término, la designación de candidatos a Presidente y de los miembros que forman sus respectivos equipos se acabe realizando  por dos o tres reducidos círculos dentro del notariado, con una mínima participación del conjunto de los notarios.

Si esto fuera así, poco habríamos avanzado, y dentro de unos años clamaríamos contra un sistema que padecería de parecidos vicios que los que presenta el actual. Habríamos sustituido una élite cerrada por otra que lo sería aún más, pues es de suponer que, naturaleza humana impone, los más avezados y conocedores cerrarían el paso a otras opciones, que carecerían de los medios y de la información necesarias para plantear alternativas. La única manera de acceder a los puestos directivos (legítima aspiración de cualquier notario preocupado por el destino de su profesión, por más que en nuestro gremio esa aspiración haya  llegado a parecer reprobable) sería conseguir ser cooptado por la nueva élite, que, por centralizada, sería inaccesible para muchos. Y esto no es dar la razón a los que sostienen delirantes teorías sobre “los tres o cuatro de Madrid”, esto es una descripción de un proceso que se daría en un sistema como el propuesto sin que existiera un contrapeso adecuado en el que todos los notarios pudieran ejercer el control directo sobre la dirección corporativa, a través de mecanismos que atribuyeran a la “ciudadanía notarial” lo que Dahl llama “el control de la agenda”, es decir, que permitan tener la oportunidad de tomar decisiones sobre qué asuntos abordar y cuáles no mediante procedimientos que satisfagan los principios de participación efectiva, información adecuada e igualdad de voto.

Este punto no parece haber sido lo suficientemente atendido en los estudios y propuestas que a lo largo de estos años se han sucedido. Sólo en las Jornadas de Málaga se ha apuntado en esta dirección. No sólo se trata de la celebración de un Congreso, se trata de que los notarios participen en la adopción delas decisiones más trascendentes para el Notariado, como se dice en las conclusiones de dichas Jornadas.

Pero creo que el diseño institucional debe ir más allá aún. No se trata sólo de poder votar en las decisiones concretas de mayor calado y trascendencia, que también. El “control de la agenda” supone que sean los Notarios, los que en el marco de procesos deliberativos, definan la estrategia fundamental, el qué y el para qué de nuestra función (siempre dentro de lo que permite una profesión estrictamente regulada, pero partiendo de la base de la influencia que nosotros mismos podemos llegar a tener en la sociedad y en el poder político). ¿Y cómo se concreta esto?  En mi opinión, la plasmación de esta idea podría ser la que sigue:

  • El establecimiento, como órgano corporativo del Notariado, del Congreso o Asamblea Notarial, con convocatorias ordinarias según periodos fijos en los que se analizaría, tras un proceso preparatorio previo abierto y deliberativo, la situación y perspectivas del Notariado y se adoptarían las líneas fundamentales de actuación, a ser ejecutadas por los órganos democrática y directamente elegidos. Lógicamente, tal Asamblea podría ser convocada con carácter extraordinario por la Directiva o por un número determinado de Notarios.
  • El establecimiento de la votación directa sobre asuntos concretos que comprometan gravemente las finanzas o impliquen mutación esencial de la función.
  • El establecimiento de sistemas que permitan conocer las necesidades, aspiraciones, preocupaciones e ideas de los notarios, mediante canales de comunicación ascendente, utilizando las oportunidades que para la encuesta y el sondeo proporcionan las nuevas  tecnologías.
  • La posibilidad de que un número determinado de Notarios imponga la convocatoria de una votación revocatoria de la Directiva o la celebración de elecciones anticipadas.

Sin duda, mecanismos como los descritos incrementarían el control y la responsabilidad de los dirigentes y darían cumplida satisfacción a la pregunta que se hacía un destacado prócer  en una Jornada celebrada en Madrid en relación con estos asuntos, y en particular con la elección directa: “¿Quién controla? ¿Quién censura?”. Sencillo: los Notarios. Cada Notario. Los propietarios-fiduciarios últimos (valga) de la función notarial. A menos que consideremos que no todos están suficientemente capacitados y no pueden confiarse a su juicio las decisiones colectivas. Pero no, seguro que no es eso. Que nadie piensa eso. Para la otra pregunta que se hacía el referido dirigente (“¿quién acepta la renuncia de ese presidente que ha sido elegido por todos los notarios?”), para esa no tengo respuesta. O mejor, no tengo palabras.

Pero lo cierto es que un sistema participativo requiere, valga la perogrullada, eso, participación. Sin una actitud comprometida, sin dedicación a la formación, la información, a la discusión y al debate sobre estas cuestiones (que requiere, desde luego la aplicación de un principio de transparencia en la gestión, sólo exceptuable por causas de especial gravedad), sin una implicación efectiva en los asuntos colectivos, el sistema fallaría, y volveríamos al punto de partida. Es por ello que es preciso tomar conciencia del valor de la participación.

La idea de democracia está fundamentalmente asociada, en origen, a la idea de participación en los asuntos públicos. La participación efectiva de los individuos en los asuntos colectivos cumple primariamente una función protectora, en la medida que permite impedir la adopción de decisiones que, por error o perversión,  resulten perjudiciales para el interés general. Es precisamente una de las funciones que este blog trata de cumplir: informar y contribuir a formar opinión en el colectivo notarial acerca de los asuntos que le conciernen, a fin de que, si procede, pueda tal colectivo reaccionar por los procedimientos y con los instrumentos, formales o informales, disponibles. Pero la participación tiene también un sentido positivo y creador: al implicarnos en los asuntos colectivos, estamos contribuyendo al devenir de nuestra profesión, cooperando a su configuración, coadyuvando a su desarrollo y adaptación, al crecimiento de la función notarial de modo tal que se adapte a su medio de desenvolvimiento , que es la sociedad, proyectando sobre ella los valores y principios que la informan y que le sirven de fundamento y justificación. La participación, la democracia, en suma, contienen una potencia transformadora que solo se actúa si los individuos notarios asumen la responsabilidad que les corresponde para con ellos mismos, para con el colectivo en que se integran y para la sociedad a la que sirven.

No faltará quien objete a lo anterior que la institución no puede y no debe funcionar como un sistema asambleario. Pero no se trata de eso. Se trata de transformar un sistema jerárquico y cerrado en el que los individuos no asumen plenamente su responsabilidad para con el colectivo en otro inclusivo y horizontal en el cada cual interiorice su pertenencia al colectivo y asuma la responsabilidad que le corresponde en tal sentido, tanto en el ejercicio ordinario de la función (corrección, beneficencia, desempeño ajustado al verdadero fin de la profesión) como en la conformación de los destinos de dicho colectivo.

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13 Responses to "Elección directa. Si, pero…"

  • Séneca
    31 octubre, 2014 - 08:28 Reply

    En resumen: se propone el PODEMOS notarial.

    • Nick
      31 octubre, 2014 - 16:10 Reply

      Amigo Séneca, no seas tan burdo. O búscate otro nombre.

  • representación perfecta
    31 octubre, 2014 - 10:58 Reply

    Que tal un sorteo entre los que decidieran presentarse.
    Se evitan las camarillas , pactos en la sombra y además no es necesaria la limitación de mandatos para evitar que la elite se perpetúe en el cargo.
    Es la única posibilidad que los Notarios de base puedan acceder a los cargos sin necesidad de agradar al de arriba o pagar peajes desconocidos.
    No creo que su actuación fuese peor de lo que hemos tenido y en Bolsa los valores elegidos por el mono con los dardos siempre superan en rentabilidad a la cartera de los expertos.
    Probemos con esta propuesta que se compadece de forma perfecta con el principio de igualdad entre todos los Notarios.

  • Harto
    31 octubre, 2014 - 12:32 Reply

    “Un sistema participativo requiere, valga la perogrullada, eso, participación. Sin una actitud comprometida, sin dedicación a la formación, la información, a la discusión y al debate sobre estas cuestiones, sin una implicación efectiva en los asuntos colectivos, el sistema fallaría”.
    Esa es la clave, Luis. Del sistema que propones y casi te diría que de cualquier otro: también del actual. Si los notarios no fuéramos el cuerpo inerte y desentendido que somos, no habrían podido pasar muchas de las cosas que han pasado y siguen pasando. Con un mínimo de implicación, exigiendo por los cauces existentes transparencia y responsabilidad a nuestros decanos, hasta el actual sistema funcionaría.

  • Anónimo
    1 noviembre, 2014 - 18:10 Reply

    Comprendo que nadie o casi nadie quiera ser ni presidente de su escalera pero hombre, contestar encuestas es lo mínimo. En la época de facebook y twitter, del email y del smartphone, no entiendo que un colectivo de gente que se supone más o menos formada, que cuenta con firma electrónica, pines, tarjetas, red privada, plataforma dedicada, servidores uno por cabeza y no sé cuántas cosas más no haga votaciones rápidas sobre cualquier tema en cualquier momento. Tener que esperar a ver al decano en una reunión fijada en tal sitio, tal día y a tal hora, para que luego el decano la proponga en Madrid, tal otro día y a tal otra hora, a ver lo que se vota, es un procedimiento medieval. Me juego algo a que casi todo el mundo usa el email y los mensajitos para comentar la jugada. Digo yo que habrá un grupo de whatsapp por cada junta directiva, otro para la junta de decanos y otro para la comisión permanente, y nada de eso quita para que sigan reuniéndose o sea necesaria una sede bien grandota.

    ¿Fraude en las votaciones? A ver, yo entiendo que la votación de “tu once ideal” de la web del Marca se preste a pufos y a que un mismo fan de Casillas emita 100 votos distintos para tenerle de titular; entiendo que en las votaciones de Gran Hermano el ayuntamiento se gaste presupuesto en votaciones por SMS para tener a un paisano en la final pero hombre, aquí se supone que hay medios y fe (¡pública!) la que quieras. Anda que no sería fácil preguntarle a los 3.000 notarios si quieren o no quieren que Ancert traiga el iPhone 6 o el iPhone 6 plus o ninguno o los dos. Claro, con eso te arriesgas a que el sistema funcione y luego a ver cómo explicas que hay preguntas que no quieres hacer, como “¿prefiere que desaparezca ancert?” o “¿quiere usted un congreso?” y claro, si no quieres oir las respuestas mejor no hacer las preguntas, que eso de preguntar es cosa del coletas y de Artur Mas.

    • Notario
      1 noviembre, 2014 - 22:14 Reply

      O “¿aprueba usted la venta de nuestra base de datos al banco tal?”
      O “¿aprueba usted la percepción por los miembros de la comisión permanente de tal retribución?”

  • Santiago Sobrino
    1 noviembre, 2014 - 19:49 Reply

    En resumen, un colegio notarial nacional y único.
    En un Colegio actual tenemos una reunión periódica, y mecanismos de censura, y ciertos extremos deben aprobarse en junta general, similar a la asamblea de que hablas, Luis

    • Notari II
      1 noviembre, 2014 - 21:56 Reply

      El Notariado, como cuerpo único, ha quedado roto con la salida de pata de banco de la “demarcación catalana”. Ningún responsable, de alguna manera hay que llamarlo, se ha pronunciado al respecto. ¿Silencio cómplice? La Conselleria catalana de Justicia, del Sr. Gordó cónyuge de una representante del CGPJ, sabía lo que hacía. El que se marchó de la Comisión Ejecutiva del Consejo, también y lo va presentando como factura cobrada a su denostado antagonista de “Madrit”.
      ¿Lo que queda del CGN dará alguna explicación?

    • Notario
      1 noviembre, 2014 - 22:22 Reply

      Santiago, ¿vas a comparar una votación telemática directa y secreta de los tres mil notarios sobre cualquier asunto con las votaciones en las juntas de los Colegios que tenemos ahora? Y no me refiero solo a las cuestiones operativas.

    • Luis Bustillo
      2 noviembre, 2014 - 20:28 Reply

      No, Santiago, no se trata de eso. Hablo de dos cosas: participación directa y por procedimientos ágiles, siquiera sea con valor informativo o consultivo de los notarios. Y , por otro lado, de los sistemas de control y censura en caso de instaurarse la elección directa. No me vas a decir ahora que en tu Colegio votaste sobre si el Decano debía a su vez votar a favor o en contra del Congreso. O que fuiste informado y oído en relación con la cesión de las bases de datos. O que te van a preguntar sobre la conveniencia o no de adquirir una sede de gran tamaño. Etcétera.
      Pero en cualquier caso, parece que tu opinión es que el sistema actual es lo suficientemente abierto, transparente y participativo. Yo entiendo que no es así.

  • Santiago Sobrino
    2 noviembre, 2014 - 12:25 Reply

    “Notario”, que se regule la votación como se quiera. Es evidente que en un colegio notarial único no se haría una junta general como las actuales, tendría que ser por medios a distancia, y eso favorecería la participación. Soy notario en Canarias así que es claro que por gasto y molestias no me apetece desplazarme físicamente por obligación a una reunión a 3 horas de vuelo
    El sistema de votación para mi es secundario, se puede votar o participar de un modo u otro.
    En cuanto a lo de secreta una votación corporativa no veo porque tiene que serlo, estoy en una democracia y no oculto mis opiniones. Si las tengo que ocultar prefiero ni manifestarlas, eso significaría que no estoy en una sociedad libre. Y la elección de la junta directiva creo recordar que es por voto secreto. A mi me toco escrutar la ultima de mi colegio y así se hizo

    • Notario
      2 noviembre, 2014 - 13:32 Reply

      Te felicito por tu valentía. ¿En cuántas ocasiones tu opinión públicamente manifestada se ha apartado del criterio del Decano y la Junta Directiva de tu Colegio?

  • Santiago Sobrino
    2 noviembre, 2014 - 15:13 Reply

    No me gusta hablar con anónimos de tu a tu, lo siento. Por eso yo digo mi nombre. Otra cosa es si se hacen aportaciones a un debate.
    Por otro lado, si Luis Bustillo colgó este post sería para debatir sobre él, no para conversaciones privadas
    La respuesta es: tres
    Adiós

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