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La elección directa del Presidente (de la V República Francesa)

El sistema de elección del Presidente del Consejo General del Notariado por los Decanos de los respectivos Colegios Notariales tradicionalmente ha cumplido con su función: se lograba una estabilidad y una unidad de criterio en la defensa de nuestros intereses corporativos.

Pero durante la última década, la nueva distribución de competencias entre los Colegios y el Consejo, el protagonismo que el Consejo -y su Presidente- han adquirido, y los presupuestos millonarios que directa e indirectamente se han pasado a manejar, han convertido el sistema vigente en inadecuado y disfuncional. Y así hemos asistido al penoso espectáculo de un Consejo que es escenario de intrigas, maniobras, dimisiones, retrodimisiones, transfuguismo y mociones de censura, y que en los últimos tres años ha tenido cuatro Presidentes.

Por ello se plantea desde hace tiempo la necesidad de establecer un sistema de elección directa del Presidente del Consejo por todos los notarios. Ha habido encuestas, recogidas de firmas (con más de mil adhesiones) y Jornadas. La moción de censura planteada en el Consejo en 2011 se votó con el compromiso de impulsar este sistema, aunque luego (y confiados en su reelección como Decanos) se desdijeran algunos de sus protagonistas. Y se ha anunciado la convocatoria de un Congreso nacional para este otoño en el que los notarios podamos debatir acerca de la reforma de nuestra estructura corporativa.

Pues bien, al respecto puede ser ilustrativo recordar el referéndum de 28 de octubre de 1962, planteado por Charles De Gaulle, Presidente de la V República Francesa, para decidir acerca de la elección del Presidente de la República por sufragio universal.

En 1958 el sistema de partidos de la IV República, con sus continuas crisis ministeriales, componendas y oscilaciones, había metido a Francia en el atolladero de la Guerra de Argelia, y dado pie a un golpe militar allí que amenazaba con extenderse a la metrópoli, ante lo que De Gaulle fue llamado a presidir un Gobierno de unidad nacional. De Gaulle, líder de la Francia Libre durante la Segunda Guerra Mundial, había dimitido en 1946 de su cargo de Jefe del Gobierno al no conseguir que prevaleciera su modelo constitucional, caracterizado por un poder ejecutivo fuerte y un Parlamento subordinado a aquel. Doce años después De Gaulle volvía en condiciones de imponer gran parte de sus planteamientos a los representantes de los partidos, lo que daría lugar al nacimiento de la V República y a la aprobación de una nueva Constitución ese mismo año 1958. Así, el Presidente de la República ya no era elegido por el Parlamento, sino por un colegio integrado por ochenta mil grandes electores (Parlamentarios, Diputados Provinciales, Alcaldes, etc.), y era el que nombraba al Jefe del Gobierno. En todo caso, De Gaulle, pese a la calculada ambigüedad del texto constitucional, ejerció de facto un poder presidencial hasta la conclusión del conflicto argelino en 1962, apoyándose en la situación de crisis que la guerra en curso suponía.

Tras la independencia de Argelia el pulso entre ambas concepciones de la República, la parlamentaria y la presidencial, tenía fatalmente que plantearse. Y De Gaulle provocó ese enfrentamiento con la convocatoria del referéndum de que hablamos, invitando a los franceses a pronunciarse sobre la elección directa del Presidente de la República. Con rara unanimidad, toda la clase política, desde los comunistas a la extrema derecha (y salvo el movimiento gaullista, la UNR), se unió contra la propuesta. Desde un punto de vista jurídico se sostuvo que al tratarse de una reforma constitucional era necesaria, conforme al artículo 89 de la Constitución, la previa aprobación de la Asamblea Nacional y del Senado, y que no cabía tratarla, como pretendían los gaullistas, como una mera cuestión de “organización de los poderes públicos” susceptible conforme al artículo 11 de ser sometida directamente a referéndum. El Consejo de Estado se pronunció en contra del proyecto de reforma. La Asamblea Nacional aprobó una moción de censura por abuso de poder contra el entonces Jefe de Gobierno, Georges Pompidou, a quien formalmente había correspondido plantear la consulta. De Gaulle respondió disolviendo la Asamblea y convocando elecciones legislativas para el mes de noviembre, una vez hubiese tenido lugar el referendum.

Pese a todo ello, el “sí” a la elección directa obtuvo más de tres quintos de los sufragios emitidos (el 62,25%). Y las inmediatas elecciones legislativas supusieron un descalabro para los viejos partidos, obteniendo los gaullistas una holgada mayoría y siendo de nuevo designado Pompidou como Jefe del Gobierno. La victoria de De Gaulle fue completa.

Evidentemente, en todo este episodio la figura del propio De Gaulle pesó de manera significativa. Y en el notariado no contamos desde luego con nadie que tenga el prestigio ni concite las adhesiones de un De Gaulle. Pero, al margen de ello, también se planteó en el caso francés un debate de filosofía política sobre los pros y los contras del sistema de elección directa del Presidente. Y son interesantes al efecto las intervenciones en la sesión de la Asamblea Nacional en que se votó la moción de censura contra Pompidou.

Los contrarios al referéndum veían en un Presidente legitimado por la elección directa el peligro de deriva hacia un poder personal. Para el ex Jefe de Gobierno Paul Reynaud, “ese Presidente todopoderoso no será responsable ante nadie, y decidirá la vida o la muerte de Francia según siga una buena o una mala política. Para nosotros Francia está aquí (en la Asamblea) y no en otra parte. Los representantes del pueblo, reunidos, son la Nación, y no hay una expresión superior de la voluntad del pueblo que el voto que emiten tras una deliberación pública”.

Los partidarios de De Gaulle, aparte de señalar que la elección directa del Presidente garantizaría la estabilidad, la continuidad, la eficacia y la responsabilidad política, argumentaban que “nada es más conforme a la democracia que la designación del Jefe del Estado por el Pueblo soberano”. El diputado Raymond Réthoré decía que “algunos no consideran al Pueblo lo bastante instruido, lo bastante seguro de su criterio, o incluso lo bastante inteligente para elegir al Presidente de la República; para ellos es un emancipado al que hace falta la asistencia de un consejo de familia que ellos mismos esperan ser”. Y el diputado André Valabrègue añadía: “en qué poca estima estos censores parecen tener a aquellos que los han elegido diputados. Los votantes que han tenido la cordura, el buen criterio, de enviarlos al Parlamento ¿cometerían la locura de elegir Presidente a alguien a quien no querrían como parlamentario?”

Traslademos estos discursos a nuestro debate dentro del notariado.

Por un lado, tendríamos el siguiente: “un Presidente elegido directamente tendría un poder absoluto y sin control. Para nosotros, los Decanos, el notariado está aquí, en el Consejo General del Notariado, y no en otra parte. Los Decanos reunidos son el notariado, y no hay una expresión superior de la voluntad del notariado que el voto que los Decanos emiten tras una deliberación” (no podemos añadir que la deliberación es pública porque conforme al artículo 341 del Reglamento Notarial no lo es).

Y por el otro, tendríamos este discurso: “consigamos mediante la elección directa del Presidente la estabilidad, la eficacia y la responsabilidad que requiere la gestión de nuestros intereses corporativos. Algunos no consideran a los notarios lo bastante seguros de su criterio para elegir al Presidente del Consejo General del Notariado. Para ellos el notario es un emancipado al que hace falta la asistencia de un consejo de familia que ellos mismos esperan ser. En qué poca estima estos censores parecen tener a aquellos que los han elegido Decanos. Los votantes que han tenido el buen criterio de enviarlos al Consejo, ¿cometerían la locura de elegir Presidente a alguien a quien no querrían como Decano?”.

¿Con cuál de los dos discursos nos quedamos? La decisión es clara. ¿O no? Por eso, nuestros Decanos nunca se oponen en público al sistema de elección directa del Presidente del Consejo; lo más que hacen los contrarios a la misma es posponer la cuestión, aduciendo que quedan algunos flecos por resolver en cuanto al encaje de los Colegios en el nuevo sistema que se establezca, o bien que la actual coyuntura no es oportuna para plantear la reforma. Y con ello, lo único que se consigue es que todos perdamos un tiempo del que no disponemos.

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11 Responses to "La elección directa del Presidente (de la V República Francesa)"

  • VICENTA RAMÓN ROYO
    28 julio, 2014 - 08:54 Reply

    Me ha encantado conocer la historia de De Gaulle, siempre supe que hizo historia, pero no esos detalles, que nos la traen a nuestro caso. Esperemos que el verano sirva para recapacitar y este otoño sea un otoño de cambios para la unidad en el Consejo, porque sin unidad no hay defensa. Ponte tu tb matrícula olaizola y casi todos los que escribís un 10 por lo menos. Y respecto de los que participamos he de decir que encuentro todos los comentarios enriquecedores, si bien, y es algo que no quería dejar de mencionar, los anónimos no entro a valorarlos. Sorry pero por mucha razón que lleven, a mi me gusta la gente que es capaz de ponerle nombre y apellidos a lo que suscribe. Un abrazo y feliz y fructífera semana a todos. Vicenta Ramón Royo, Notario de Utiel.

  • El porquero de Agamenón
    28 julio, 2014 - 09:20 Reply

    Este post en el que se enlaza actualidad e historia es magnífico, así aprendo algo.

    Lástima que mi opinión no valga nada 🙁

    • Fernando Olaizola
      28 julio, 2014 - 15:44 Reply

      Como en una ocasión le dijo uno de mis Decanos (defensor declarado, por cierto, del actual sistema de elección) a un colegiado: “la opinión de un notario carente de representatividad resulta tan respetable como cualquier otra milésima parte de nuestra corporación, pero resulta imposible mantener un debate individualizado con todos”.

  • Fernando Rodríguez Prieto
    28 julio, 2014 - 20:02 Reply

    Los sistemas de selección de representantes son determinantes de la calidad de los elegidos y de la eficacia de su potencial gestión. Es lo que nos enseña la historia de la V República Francesa que Fernando nos ha contado de forma tan amena y certera. Por poner unos ejemplos toscos pero gráficos, la elegida como más guapa de las fiestas de Carretas de Abajo probablemente no será tan guapa como la Miss Universo de ese año. O si buscamos el mejor director de orquesta de La Rioja será extraño que resulte ser a la vez el mejor de todo el continente europeo. Se trata de un problema de probabilidades, de matemáticas básicas.
    Los actuales decanos han sido elegidos democráticamente, Alonso. Nadie lo ha puesto en duda ni creo que eso moleste a los editores. Pero esa circunstancia tampoco puede ser un límite a cualquier discusión sobre cómo mejorar el sistema. Porque que es manifiestamente mejorable parece cada vez más obvio. Y tal vez sea esa evidencia la que necesariamente tiene que molestar a quienes desean que no se toque.
    No es útil entrar en descalificaciones, y por eso creo que los post de esta Blog lo evitan. Lo útil es debatir y hacerlo con argumentos. Por lo que ya a estas alturas sobran todas las líneas rojas que quieran establecerse.

  • Emilia Cuenca
    28 julio, 2014 - 21:28 Reply

    Me ha encantado ese puntito de historia del blog.
    En la historia, cuando algo deja de funcionar, se cambia.
    Y creo que necesitamos un cambio.
    Cada vez somos más los notarios preocupados y por qué no decirlo, los notarios cabreados e indignados
    La vida está llena de buenas intenciones, pero se está demostrando que no son suficientes
    Si todo tiene que empezar con un voto directo al Presidente, que sea bienvenido.
    Pero lo que a mi me parece esencial es que se permita la participación del notario en los asuntos que afectan a su futuro.
    Qué es eso de vender nuestra profesión?
    Para cuándo una reforma que nos acerque al ciudadano?
    Para cuándo vamos a exigir que se nos trate con respeto?
    Cuándo se va a utilizar esa tecnología que tan cara nos cuesta para poder participar (tener acceso por conferencia a las reuniones del Colegio) o votar?
    Pero lo que realmente me molesta es que los que pensamos diferente seamos considerados pro-Madrid, disidentes, se nos diga que faltamos al respeto o se nos ponga en una lista negra.
    Saludos desde La Gomera

  • F. Javier Oñate Cuadros.
    28 julio, 2014 - 23:46 Reply

    Pues a fuer de parecer radical, yo sostengo que el sistema de elección actual es reglamentario pero no democrático. Salvo que consideremos democrático el sufragio censitario.

  • Tomás Michelena de la Presa
    29 julio, 2014 - 00:39 Reply

    Alonso, la última palabra de tu comentario sirve para enlazar con el mío y pedir-si te parece-respeto a la opinión manifestada por Fernando en su ingenioso post. Por alusiones, te diré ,que la responsabilidad es lo que nos mueve a algunos a aportar nuestro grano de arena para conseguir un notariado mejor .Respeto.Por supuesto. Respeto a ti, respeto a nuestros compañeros, respeto a nuestros decanos cuya elección democrática y buenas intenciones nadie pone en duda. Pero, como sabes, en la vida casi todo es discutible y por supuesto mejorable y de eso se trata. Por último, no seas tan duro con los españoles, notarios incluidos y entre ellos los participantes en este blog. Te propongo sustituir por otra palabra la” autodenigracion” aludida ,licencia literaria que te permites y que además de malsonante no la recoge el drae .¿Qué tal autocritica? Saludos.

  • involución
    29 julio, 2014 - 23:16 Reply

    Si bien en los últimos diez años, el órgano de gobierno ha sido inestable, la uniformidad de los años anteriores del Consejo no quiere decir la conformidad de las bases con la política corporativa
    También hay uniformidad en los Gobiernos de Venezuela o Cuba y otros, pero hay quien no está de acuerdo
    ¿Es lo mismo la democracia de EEUU que la de Bután?
    Podemos remontarnos al año 1956, pero por ser generosos y hablar desde el año 1975 donde las Instituciones pasan a ser democráticas, ¿cuáles son las reformas desde entonces a favor de la Democracia en el Notariado?, ¿cuáles las publicaciones críticas con el Gobierno corporativo de estos años? por poner dos ejemplos, ninguna
    La reforma del Notariado para ser una Institución Democrática debió acometerse al tiempo que la reforma del resto de Instituciones del Estado en 1975 y esto no se ha hecho a día de hoy con buenas o sin malas intenciones, ¿por qué?, ¿se ha consultado a las bases si querían otra forma de gobierno en estos años?, por poner un ejemplo ¿parece democrático el voto con la firma del votante en el sobre?
    No se discuten las buenas o malas intenciones que hayan tenido los responsables, pero desde luego la primera responsabilidad de la calidad democrática del Gobierno es de quienes la han ejercido
    Cuando hablamos del Presidente elegido por todos, ¿qué facultades tendría el Presidente?
    Es sólo un primer paso para la Democratización real, la Libertad de Opinión de la que disfrutamos desde hace poco en esta magnífica página, no exenta aún hoy año 2014, todavía de alguna crítica

  • 1/3000
    30 julio, 2014 - 00:46 Reply

    Desde mi humilde condición de milésima parte del notariado, hago acto de presencia en este foro para pensar un poco en voz alta.
    El debate entre presidencialismo y parlamentarismo viene de lejos. Hay un muy interesante trabajo de Juan José Linz sobre la cuestión. Linz, por cierto, acaba por considerar que el parlamentarismo da mejores resultados, porque el sistema presidencial presenta una serie de riesgos: mayor estabilidad, si, pero también mayor rigidez, y menos adaptabilidad; es una elección de suma cero con ganador único, de modo que el perdedor queda excluido hasta las siguientes elecciones; fomenta el cesarismo, el mesianismo, y la intolerancia con la oposición; exige un adecuado sistema de controles.
    Claro que en el notariado el debate no es exactamente ese, porque no tenemos un parlamento. El CGN no cumple ese papel, y difícilmente podrá reflejar, al menos de una manera adecuada y precisa, la variedad de planteamientos y criterios que puedan existir en el notariado. Porque lo que ahora tenemos son diecisiete presidencialismos reunidos en una especie de comité central. Y el problema de la falta de control, la intolerancia, la exclusión y la elección de suma cero se puede dar igual en un sistema parlamentario si se cuenta con una mayoría disciplinada y obediente, como vemos que ocurre en la política nacional, y no digamos ya en el seno de un comité.
    Por otra parte: la elección directa no garantiza ni la mayor categoría de los candidatos ni el mayor acierto de los electores. Igual cuando podamos elegir presidente metemos la pata hasta el fondo. Claro que entonces nos habremos equivocado nosotros y no nuestros curadores, por tomar la imagen del post.
    También se dice que los sistemas presidenciales resultan eficaces en aquellos países con una sociedad civil fuerte. Esta mañana, leyendo el periódico me he encontrado con esta frase sobre la actitud del electorado conservador catalán (y por supuesto pongo el ejemplo salvando todas las distancias): “la idiosincrasia de la burguesía media catalana es menestral y se conforma con pedir a san Pancracio salud y trabajo, pero siente aversión por el conflicto y deja pasar”. Y en esa frase nos he visto reflejados a los notarios. Si hubiéramos sido menos conformistas, otro gallo nos habría cantado durante estos años, con CGN o con presidente elegido por todos.
    Sobre todo esto se puede hablar mucho, porque no son cuestiones sencillas, y hay muchos extremos que sopesar y que valorar, y siento no tener mejor ocasión de hacerlo que en esta página, a las doce de la noche en el décimo comentario a un post de finales de julio. Aunque por supuesto que agradezco a los editores la ocasión de hacerlo, lo que quiero decir es que esperemos que el congreso que se ha anunciado sea la ocasión de que todos podamos hablar y decidir sobre estas cuestiones.
    Buenas noches a todos.

  • JAVIER MÁXIMO JUÁREZ
    30 julio, 2014 - 22:57 Reply

    El artículo de Fernando Olaizola es magnífico. En absoluto me extraña, pues tengo la fortuna de conocerlo y creo que es uno de los valores más sólidos del notariado.

    La referencia histórica de la que establece paragón es muy brillante, aunque – como él mismo reconoce – no cabe la transposición. El notariado siempre ha estado provisto de grandes figuras míticas de las que hemos tenido la suerte de nutrirnos en el pasado y también en la actualidad y, pese a ello, ninguno se ha erigido como líder carismático de nuestra corporación. Quizás porque los que pudieron serlo, nunca quisieron – aunque desempeñarán cargos corporativos – o porque los que quisieron, nunca pudieron, por no merecerlo.

    Además, creo que quien soporte la carga máxima de representar al notariado no debe tener pretensiones de caudillo sino de ser un compañero (I) honesto (II) leal con sus compañeros y (III) eficaz respecto de los poderes públicos y la sociedad civil; amén de contar con un equipo de apoyo, pues tal ingente tarea no puede recaer sobre las espaldas de uno – por anchas que sean -. En este sentido, pienso que nuestros dirigentes en la actualidad hacen lo que pueden y se merecen nuestro agradecimiento.

    Hechas estas observaciones; sin embargo, considero que Fernando pone el dedo en la llaga al reabrir el debate de la organización de nuestra cúpula directiva.

    La esencia del problema radica en primer término en el vigente Reglamento Notarial y al efecto sintetizo:
    (I) Un CGN compuesto por la mera suma de Decanos de los Colegios Notariales, cada uno elegido en su demarcación democráticamente, pero con una tara congénita pues obviamente no tiene la misma representatividad el Decano de Cataluña que el Decano de Extremadura, con el máximo respeto hacia ambos.
    (II) La dualidad entre Comisión Permanente y el Pleno del CGN. La primera funciona como órgano ejecutivo y el pleno como órgano de control. La idea en sí no es mala, pero la primacía de lo inmediato y la elección de los componentes de la primera por los segundos, con igualdad de voto, determina una mayor dilución de la representatividad y una de “facto” prevalencia de lo ejecutivo sobre lo representativo.
    (III) El secreto de los acuerdos de la Comisión Permanente y del pleno del CGN. En este punto sí que soy absolutamente beligerante. Es defendible que determinados acuerdos por la materia a la que se refieren no se hagan públicos, pero ello debe de constituir la excepción y contar con la correspondiente cobertura normativa que establezca un “numerus clausus”, como sucede por ejemplo en los parlamentos democráticos, incluido el nuestro. Ahora bien, que la regla general sea el secreto, pues sinceramente no la entiendo ( la denominada “razón de Estado” está hoy restringida a supuestos extraordinarios en todos los ámbitos). Ello genera desconfianza, sanedrines de “enterados” y desvinculación de los Decanos con los compañeros. Es cierto que el mandato es representativo y no imperativo, pero me parece evidente que el secretismo como regla general es democráticamente reprochable.

    El “sistema”, con su déficit democrático, podría salvarse acudiendo a la denominada “legitimidad funcional o de la eficacia”. Sin embargo, la realidad es terca como bien pone de relieve Fernando en su colaboración. Ni interna ni externamente (sin menoscabo del mérito y esfuerzo que hay que reconocer a los compañeros que se han empeñado en ello) la actual estructura jerárquica del notariado se ha mostrado con la solvencia deseable. Respecto de los compañeros, la información de los avatares de las cosas es sesgada, incompleta, tardía y con la coartada permanente de la “razón de Estado”, además de los conflictos entre nuestros Decanos, que causan como poco perplejidad. En el ámbito de los poderes públicos y fácticos lo que me llega es la percepción, que estamos en una posición de permanente atrincheramiento. Aquí, retomo la analogía de Fernando: antes que con Petain, me quedo con De Gaulle.

    En definitiva, creo que el debate que ha recobrado Fernando, está más vivo que nunca. Que el “sistema” es mejorable me parece evidente. Son ya siete años de vigencia del Reglamento Notarial y del continuado desfile de compañeros en los cargos directivos. Que hay un cierto sentimiento de orfandad en los notarios es desde mi punto de vista palpable.

    Termino, dos aspectos más:
    (I) Agradecer a los promotores de esta tribuna pública de los notarios la oportunidad de intercambiar opiniones y puntos de vista. Con todos los riesgos que asumían, debo reconocerles la gallardía y buen hacer. Las colaboraciones, se compartan o no, son de alto nivel y las descalificaciones personales brillan por su ausencia. Además las apostillas, sean críticas o no, casi de manera absoluta participan de las mismas calidades. Yo creo que es un orgullo para todo el notariado.
    (II) Disentir de manera radical, no en la esencia, sino en la semántica y en la forma, de promover un autodenominado “Congreso Notarial”. A mi juicio, un congreso notarial sólo lo puede convocar el CGN, quien ostenta la representación unitaria del Notariado español, de acuerdo al art. 336 del RN. Creo que la nomenclatura es muy importante – más en nuestro caso que somos notarios -. El primero que asistirá a las jornadas seré yo, pero sinceramente pienso que – de no mediar convocatoria del CGN – no se puede denominar Congreso.

  • Luis Bustillo
    31 julio, 2014 - 10:37 Reply

    Estimado Javier,
    Aunque se trate de un tema algo menor, cual es el de la nomenclatura, yo creo que no hay inconveniente en que se llame Congreso, Asamblea o lo que sea desde el momento en que no existe un órgano corporativo en el Notariado que integre a todos los Notarios y a que se convoque con una periodicidad preestablecida para debatir sobre los asuntos de interés para la corporación. Y eso es precisamente lo importante, que no lo haya.
    Las propuestas que se han sucedido para mejorar y democratizar el Notariado se han centrado siempre, y así este post, en la elección directa. Sin duda es absolutamente necesario y conveniente adoptar este sistema. Pero creo que no deberíamos detenernos en esto, pues, y así se puede entrever en el comentario de 1/3000, un sistema de elección directa podría tener también consecuencias negativas, por la propia tendencia genética de los órganos representativos “indirectos” a folisizarse en “oligarquía” (La “Ley de Hierro de la Oligarquía”, que expuso Robert Mitchels). A mi juicio, cualquier reforma que se haga en este ámbito debe incluir cauces de participación directa y, seguramente el establecimiento de una Asamblea general u órgano que reúna a todos los Notarios y en el que se adopten con carácter vinculante para los representante, las decisiones estratégicas fundamentales.

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