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La imagen del notario

Cuando en conversaciones con parientes, amigos y conocidos sale el tema de mi profesión, la imagen que suele perfilarse del notario es la siguiente: se trata de un notario (con o), bien entrado en años, serio y distante; tiene su despacho en un edificio señorial del centro o ensanche de una gran ciudad, con un mobiliario solemne de maderas nobles; viste traje y corbata, y firma con pluma (estilográfica); es una persona de orden, conservadora y políticamente de derechas; lee los testamentos delante de todos los herederos reunidos en semicírculo en torno a su mesa.

Pues bien, frente a todo ello yo suelo contestar que en torno a un cuarenta y cinco por ciento de los notarios en activo tiene menos de cincuenta años; que un veinticinco por ciento de los notarios son mujeres y que, como en las demás profesiones jurídicas, la tendencia es a la igualación, y en las oposiciones de los últimos años el número de aprobadas supera ya al de aprobados; que por toda España hay distribuidas tres mil notarías y que se puede encontrar un notario en Mora de Rubielos, Belchite o Chelva; que en las grandes ciudades hay demarcadas notarías de barrio. Que hay notarios que se niegan por principio a llevar traje y corbata (el porcentaje de éstos es menor, pero haberlos, haylos). Que lo que más se utiliza en las notarías es el bolígrafo Bic de toda la vida; que los notarios también firmamos digitalmente y que, además de los tomos de protocolo que cubren las paredes de nuestras oficinas, hemos sido pioneros en la aplicación a nuestra actividad de las técnicas de información y comunicación y en dotarnos de una puntera estructura tecnológica.

Que el testamento en España no se lee por el notario a los herederos, como vemos hacer en las películas de otras latitudes.

Que hay notarios de todas las ideologías y tendencias, de derechas y de izquierdas. Que Blas Piñar era notario, pero que Blas Infante también lo era. Que uno de los últimos Presidentes del Consejo General del Notariado es socialista y fue Diputado y Presidente de un Parlamento autonómico. Que hasta Santiago Carrillo tenía un amigo notario, con el que contó durante el periodo de clandestinidad de la Transición (y de ahí que, según cuenta la leyenda, cuando Adolfo Suárez pretendió en 1977 funcionarizar a los notarios, Carrillo le disuadiera diciendo: “¿es que los notarios no funcionan bien?, pues déjalo estar ¿para qué quieres arreglar una cosa que funciona?” -todo muy a la española, por cierto-). Que hay notarios de CIU y del PNV, y notarios en UPyD y en Ciudadanos. Que los planteamientos neoliberales del Partido Popular suponen un grave cuestionamiento de la función notarial tal y como siempre ha sido entendida entre nosotros, y que ya se sabe, cuerpo a tierra que vienen los (supuestamente) nuestros; que encima Rajoy es registrador de la propiedad, y se nota.

Que hay notarios de todas las procedencias, que las academias de preparación de oposiciones tienen un sistema de becas, que en el sistema de selección prima el mérito personal, y que tu hijo puede ser notario sin más que un flexo, una mesa y mucha constancia, pero que difícilmente se sentará algún día en el consejo de administración de, por ejemplo, el BBVA. Que hay desde notarios del Opus Dei hasta notarios ateos.

Que la severidad y el rigor que requiere el ejercicio de nuestra función no implica que tengamos que ser unos muermos. Que hay notarios moteros, karatekas y lectores de comics. En definitiva, que el notariado es una emanación de la sociedad a la que sirve y no puede sino reflejar su variedad.

Y es de lamentar que por muchas campañas de imagen que hagamos, no logremos trasladar todo esto a los ciudadanos. Como tampoco nos decidimos a defender abiertamente, frente a otros colectivos profesionales y agentes económicos, el valor y la utilidad social de nuestra función, y lo mucho que aún podríamos hacer en el campo de la defensa de los consumidores, la jurisdicción voluntaria o la solución alternativa de conflictos.

En lugar de eso, encargamos la enésima encuesta sobre la aceptación del notario en la sociedad (que no es sino onanismo demoscópico); publicamos la enésima entrevista a algún Ministro en la revista Escritura Pública, en la que el Ministro hace grandes loas de nuestra función y del gran papel que cumplimos (y a continuación de la cual el Consejo de Ministros aprueba una nueva y demagógica rebaja arancelaria o alguna norma absurda a contragolpe de Telediario y reveladora de un palmario desconocimiento de la función notarial, como la famosa “expresión manuscrita”); o editamos el enésimo folleto de la serie Consulte al Notario con una imagen que en poco se distingue de las de la propaganda de los bancos (el mismo tipo de individuo de sonrisa franca tras una mesa tendiendo la mano y ofreciendo confianza a unos clientes mesmerizados).

Que no hayamos alcanzado a ir más allá de esa publicidad aséptica y timorata quizá sea también culpa nuestra, que como colectivo siempre hemos preferido ser poco visibles y no llamar la atención, confiados en que con dedicarnos a hacer bien nuestro trabajo en el día a día de nuestros despachos era suficiente. Hay una conocida historia apócrifa sobre un notario que todas las mañanas abría el periódico, y la buena noticia consistía en que no se hablara para nada del notariado. Y a ello no es ajena una cierta sensación de vulnerabilidad y una suerte de mala conciencia, como si ostentáramos una situación de privilegio no del todo justificada.

Pero este avestrucismo corporativo ya no es de recibo. Lo queramos o no, somos noticia, desde por cuestiones más festivas, como las bodas ante notario, hasta por cuestiones que lamentablemente son todo lo contrario, como las prácticas indebidas de algunos notarios; o, más en general, por la inadecuada respuesta que el notariado ha dado durante los últimos años al problema de la protección del cliente bancario, y ahí están las polémicas sobre las cláusulas suelo o las ejecuciones hipotecarias. Y así, los Registradores de la Propiedad se presentan sin rubor alguno y con escaso fundamento como paladines últimos de los deudores hipotecarios, y también las asociaciones de consumidores. ¿Cuál es nuestra posición al respecto? ¿Por qué no reclamamos las reformas normativas que nos permitan ser plenamente eficaces en este punto? ¿Por qué no lo trasladamos a las autoridades y a la sociedad?

Nuestra mejor defensa es nuestro arraigo social. Nuestra justificación está en la seguridad jurídica y económica que procuramos a los ciudadanos, que tienen derecho a esperar del Notariado una toma de posición sobre sus problemas y sobre las soluciones que al respecto podemos y debemos ofrecer. Dejémonos de complejos e inhibiciones y demos de una vez un paso al frente.

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14 Responses to "La imagen del notario"

  • Toni Kroos
    16 julio, 2014 - 07:57 Reply

    Esa “puntera estructura tecnológica” existe pero no le llega al cliente. Notificaciones electrónicas fehacientes, clientes que firmen electrónicamente, convocatorias de junta en una web alojada en el notariado, cosas así (a precios de mercado) se echan en falta.

    En lo demás, muy de acuerdo.

    Ps. Mesmerizado significa “fascinado, hipnotizado”, aunque en el DRAE no aparece. Creo que viene de un tal Mesmer.

  • Fernando Rodríguez Prieto
    16 julio, 2014 - 22:52 Reply

    Me ha encantado lo del “onanismo demoscópico”, Fernando. Verdaderamente no sé si esa obsesión por la imagen es útil. Tal vez nos distrae de resolver los verdaderos problemas. Ese equilibrio complejo entre la forma y el fondo…

  • Tomás Michelena de la Presa
    17 julio, 2014 - 01:11 Reply

    Querido Fernando:
    Te he felicitado por tu post en privado y ahora lo hago públicamente.No se puede escribir mejor ni ser mas descriptivo con el notariado actual que como lo has hecho “poniendo al día”,el como ser , el como hacerse notario, las características humanas y sociológicas de nuestra profesión.
    Pero, a salvo el otro Fernando, los escasos y variados comentarios-futbolista , notario y marine – ,demuestran que ese aspecto humano que también tenemos reclama poco interés.
    .Parece que se cumple la máxima de la “civilización del espectáculo” que algunos ensayistas ven como contratiempo de la cultura,donde lo espontáneo ,auténtico y genuino-la verdad de lo humano-ha sido sustituido por lo artificial y lo falso y que es perfectamente aplicable al ámbito notarial.
    .El otro día hice yo mismo un comentario sobre el prestigio del notariado que quedo en el olvido.Por ello y porque me identifico plenamente contigo lo hago constar aquí
    ..Es tan bueno y tan gráfico el artículo que no hay nada mas que añadir, pero como esto es cosa de notarios y quiero llamar la atención aquí queda este escrito.También a mi me gusta ser interpretado.
    .Reitero felicitaciones
    .Un abrazo

  • Luis
    17 julio, 2014 - 18:57 Reply

    Todas las entradas que se van publicando en esta página, realmente van dando vueltas sobre lo mismo, que es la situación del notariado, analizándola desde distintos puntos de vista. Como todos sabemos la esencia de nuestra función es muy difícil de explicar y de vender por la existencia de elementos públicos y privados, y que hace que no tengamos claro nuestra función a veces ni nosotros mismos.

    Me gustaría poner un ejemplo, que a mi personalmente me dejó un sabor amargo. Hace unos meses una apoderada de una entidad financiera, ya desaparecida, me dijo, que les habían tumbado muchas hipotecas en vía judicial, por el tema de las cláusulas suelo, pero que ninguna de las que se habían tumbado derivaba de escrituras autorizadas por mi, pues yo siempre pedía la oferta vinculante y en muchas ocasiones estaba unida a la propia escritura. De esta manera el tema de la correcta información precontractual no fue motivo para poder impugnar la hipoteca. eso si también me dijo, que cuando yo pedía las ofertas vinculantes, los propios directores de banca de otras oficinas me consideraban un notario que exigía mucho (no recomendable) y que por eso otros compañeros suyos preferían acudir a otras notarias.

    De lo dicho se concluye que si hubiese actuado de modo incorrecto el cliente bancario hubiese estado mas protegido.

    Por eso es tan difícil el juego de equilibrios en el que nos movemos, y por eso es tan difícil explicar nuestra función. Pero creo que si necesitásemos un solo elemento para poder elevar nuestra consideración social, me inclinaría por la necesidad de que la sociedad nos vea como gente independiente. Hace unos días, Edmundo Bal Francés, presidente de la Asociación de Abogados del Estado, decía que ellos son muy cotizados por las empresas privadas porque “tienen un perfil técnicamente muy preparado, poder de decisión, independencia profesional y resuelven muy bien los problemas”

    Yo creo que estas características son perfectamente trasladables a muchos notarios, pero como colectivo pinchamos en el tema de la independencia. Primero, porque no solo hay que serlo, sino también parecerlo. Y por otra lado siendo y pareciendo independiente, es preciso que ello no sea con coste económico.

  • Fernando Olaizola
    17 julio, 2014 - 22:25 Reply

    Luis, has dicho la palabra clave: independencia. Efectivamente, hay que ser independiente, parecerlo y no ser el único Quijote que sufre las consecuencias de hacer las cosas bien.
    En lo que discrepo contigo es en que si hubieses actuado de modo incorrecto el cliente habría estado mejor protegido. Si tu comprobaste y garantizaste que el cliente tuviera la información necesaria para saber lo que firmaba, y lo consintió, el cliente ha tenido la protección que en este punto la ley quiere que tenga.
    Lo que pasa es que, como los notarios sabemos, la normativa de defensa del cliente bancario, la Orden de transparencia y demás, está dictada con la boca pequeña. Muy vistosa, pero falla por su base. Ni nuestras autoridades económicas ni el Banco de España parecen interesados en que sea realmente eficaz y en que el cliente esté verdaderamente protegido. Por ejemplo, no se garantiza de ninguna manera que la información precontractual lo sea realmente, y que se entregue al cliente con antelación suficiente. Si al cliente le han entregado la FIPER o la oferta vinculante momentos antes de la firma de la escritura, sabrá que hay una cláusula suelo, si, pero en un momento en que su margen de reacción ya es muy limitado. Sería muy fácil garantizar normativamente que ello no ocurriera, pero da la impresión de que no interesa. Y los notarios, por nuestra posición en el tráfico negocial, estamos naturalmente llamados a tener un papel clave en garantizar los derechos del cliente en este tipo de cuestiones.
    Este es el tipo de cosas que considero que deberíamos denunciar y decir alto y claro.

  • F. Javier Oñate Cuadros
    18 julio, 2014 - 15:18 Reply

    Estoy de acuerdo al 99% con Fernando. Lo del 1% es una cuestión semántica que aunque me parece muy importante no deseo abordar en un comentario.

    Prefiero centrarme en algo muy concreto. A nadie se le escapa que estamos viviendo un momento en el que desde el punto de vista jurídico, por lo económico y por lo político, cabe calificar de estado de excepción no declarado. Cuando hablo de estos temas me gusta decir que soy un admirador de la legislación de los estados de alarma, excepción y sitio, ante el estupor de quienes no me conocen. Cuando se lo explico, suelen coincidir con mi opinión en términos generales.

    En efecto, cuando se declara con todas las garantías y procedimientos constitucionales uno de esos estados y se legisla en consecuencia, todo el mundo sabe que estamos ante un paréntesis en el estado de derecho, pero de verdad, no de los que reclamaba no se sabe muy bien para qué, algún presidente del sindicato patronal CEOE que luego dio con sus huesos en la cárcel. Terminadas las circunstancias de excepción, toda la legislación, de interpretación restrictiva, decae y volvemos a la normalidad.

    Sin embargo ahora toda la legislación de excepción se inocula como un virus maligno en la legislación ordinaria infectando a todo el ordenamiento jurídico. Arrambla con los derechos fundamentales que sean necesarios para mantener un estado de cosas insostenible, legislando retroactivamente, imponiendo efectos a legislación luego declarada nula, expropiando sin indemnización, dinamitando los controles al poder e imponiendo crecientes cargas a los ciudadanos, individuales o agrupados a cambio de unos servicios públicos de calidad discutible. Así se van acumulando toneladas y toneladas de legislación basura con el único objetivo de la acumulación ilimitada de poder en favor de la casta extractiva dominante que en cualquier momento puede usarla echándosela encima al ciudadano que ose protestar o tenga la suerte de haber sido elegido como chivo expiatorio, el mejor amigo del hombre, como se sabe.

    ¿Cómo es posible que se legisle técnicamente tan mal con un ejército de funcionarios cualificados a tu disposición, los mejores juristas, en plantilla o contratados al efecto y el monopolio legislativo hurtado a la sociedad (con su consentimiento y aquiescencia, dicho sea de paso)?

    La respuesta es fácil, aunque no queramos verla. Una legislación clara, fundada en principios inderogables, unida a un poder judicial fuerte e independiente es el mejor freno al ejercicio abusivo del poder. Una legislación compleja, llena de vericuetos, en la que caben interpretaciones contradictorias, cuantas más mejor, sin principios generales que la orienten es la mejor arma para quien tiene que aplicarla. Podrá hacerlo en el sentido que guste o necesite el poderoso, el justiciero o el aprendiz de político, jerarca de la administración o juez, sin que nadie pueda acusarle de prevaricación o de violar el estado de derecho. Y si el poderoso recibe un revés puntual, hay resortes suficientes para compensarlo por otro lado.

    En semejante escenario los notarios llevamos todas las de perder. Somos un poder serio, prestigioso, independiente y difícil de controlar, por heterogéneo y atomizado, como lo es la propia sociedad. Pero nuestra capacidad para asociarnos con eficacia en pos de objetivos estratégicos es rayana al cero absoluto, de modo que reiteradas campañas de desprestigio en las que se toma la excepción como la regla general (formalismo inútil, burocracia parasitaria, sacaperras, vendidos al poderoso, etc.) nos hace presa fácil de quienes nos reprochan el estatus que ellos mismos nos permiten. Y así, nos utilizan como un señuelo ante una sociedad acomodada, esterilizada y anestesiada pero que no aguanta seguir sufriendo una tremenda crisis cebada, fomentada y estallada por ellos mismos. Eso sí, por nuestra seguridad, claro.

    Por si acaso, nos inhabilitan para actuar en política, gracias a unas leyes de incompatibilidades que hacen tabla rasa sin atender a las pecularidades de nuestro ejercicio profesional (y hasta aquí puedo leer) y que tras el paso por altos cargos políticos obligan a empezar de cero, de nuevo, sin reserva de plaza ni reintegración al puesto. Nosotros no tenemos una situación administrativa de “servicios especiales” a la que acogernos.

    Unamos a todo un entorno exterior hostil (ojo, no sólo ni especialmente para nostros) con una nefasta organización interna y no quedará otra que atribuir nuestra supervivencia como institución al azar, a una mano invisible, a la Divina Providencia o la simple incapacidad de nuestros enemigos de montar algo alternativo de eficacia comparable a un coste que les permita beneficios mayores a los que obtendrían dedicándose a otra cosa.

  • Fernando Olaizola
    19 julio, 2014 - 18:07 Reply

    Javier:
    De acuerdo con tu comentario e intrigado por ese 1%.
    La confianza en la divina providencia, o en el ángel de la guarda de que se hablaba en uno de los primeros comentarios de este blog (la idea de que esto siempre está a punto de acabarse pero al final nunca se acaba) junto con nuestro verdadero lema (que no es nihil prius fide, sino VVQMQCE, es decir, virgencita, virgencita…) lleva a que los notarios nos conformemos o resignemos con el proceso de degradación, desnaturalización y desprestigio del notariado especialmente acusado durante los últimos años. Que en parte se debe, como indicas, a un entorno hostil, y quizá tambien a la degradación general de todo nuestro entramado social e institucional, a la que no podemos ser inmunes; pero a lo que desde luego no estamos dando una respuesta adecuada, ni tan siquiera dentro de nuestras posibilidades.
    Pero con esa resignación lo único que se consigue, como tu dices, es subsistir. El que quiera contentarse con eso es muy libre de hacerlo.

  • Pedro Antonio Vidal Perez
    20 julio, 2014 - 23:35 Reply

    Buenas noches a todos:
    Con permiso del editor voy a destacar un aspecto de la “imagen” del Notariado que, en mi humilde opinión, merece desarrollo. La imagen es como nos ven los ciudadanos y también, claro, lo que somos y lo que debemos ser.
    Para ello me serviré de las primeras palabras de la entrada: un señor serio, grave, entrado en años. Cito de memoria. No añadiré nada más en mérito a no despertar susceptibilidades pues nada mas lejos de mi intención.
    Estaremos de acuerdo en que cuando las personas acuden a la Notaría no buscan un alpinista, un motero, hombre o mujer, votante de tal o cual partido. ¿No? Pues venga: Busca a un Señor Notario. Perdón. Señora o Señor Notario.
    Porque lo que se trae entre manos reclama tal figura. Se juega mucho. Su herencia, su patrimonio, sus legítimos intereses. Y, ya que estamos con la imagen, quien no tenga tiempo para dedicarle una consulta; quien por hábito o rutina no le lee bien y despacio la escritura; no le interpela con el gesto o la mirada; no le hace al cabo un poco o un mucho de pedagogía jurídica, ese, no esta a la altura de la imagen que todavía se nos presta.
    Porque, y supongo que todos estamos de acuerdo, quien hace alarde de su ideología, religión o creencias (por usar el lenguaje constitucional), restringirá la masa social a quien pueda ser útil. Y quien confunde el negocio ajeno con el propio, ese notario, necesita un Notario. Y quien llevándolo al extremo, remata en minimizar, cuando no denigrar a Instituciones o Autoridades, ese, ni esta en la Notaría. Esta en la luna. Y su comportamiento se parecerá al de un lunático rayano en la idiocia moral.
    Mas. Cuando sale, el Notario, de la Notaría y se mezcla en el tejido social, en su acepción mas abstracta, en ese terreno de las convenciones, de la interacción, de las influencias, y aun de las cortesías y las agresiones, no le vendrá mal dejarse impregnar, hasta donde sea posible, de su condición de Notario.
    No diré, como de los toreros, que hay que ser Notario hasta en el cuarto de baño. Aunque de lidia entendemos bastante (intereses particulares-versus rigideces legales). No diré tanto. Pero la ejemplaridad social, la deontología, el respeto a si mismo si quiere uno ser respetado, no son cosas a humo de pajas.
    Luego, ya en familia, con los amigos íntimos, será el momento de relajar tensiones buscando cada cual el escape más acorde a su personalidad, que, insisto, nos viene bien a nosotros. No tanto a la sociedad a quien servimos

  • Fernando Olaizola
    21 julio, 2014 - 01:57 Reply

    Estimado Pedro Antonio:
    Tus intervenciones en este foro siempre son de agradecer, dado que nuestro propósito no es otro que el de dar voz a los distintos planteamientos y fomentar un debate, que creemos necesario, sobre el presente y el futuro de nuestra función. Y considero, además, que tus comentarios son especialmente valiosos, porque respecto del tema que tratas en todos ellos (de lo que debemos o no debemos hacer participes a terceros-aparte de familiares y amigos intimos-, lo que conviene o no que digamos a la sociedad, y en su caso como conviene decirlo) sin duda reflejas el sentir de una parte de nuestro cuerpo.
    Por ello, te reitero la invitación que ya te han hecho otros editores de este blog a escribir un post sobre estas cuestiones, en el que expongas y puedas desarrollar tus argumentos. Porque sin duda el debate sobre ello es necesario.
    Una de las posturas en ese debate está clara: seguir como hasta ahora. Con nuestros miedos, nuestros complejos por no se sabe bien qué, nuestra resignación ante todo lo que pase y nuestras encuestas. Si esa postura es la tuya, por mucho que se la quiera vestir de prudencia, mesura, respeto, etc., y por mucho que se pretenda que esos miedos y complejos son inherentes a la condición de notario de la que hay que dejarse impregnar, no estaré de acuerdo contigo.
    Y permíteme una precisión: yo no defiendo, como pareces querer dar a entender, que los notarios tengamos que hacer en nuestros despachos alarde de nuestras ideologías o creencias, ni tampoco ostentación de nuestras aficiones (no pretendo que el motero firme las escrituras con la cazadora puesta y el casco encima de la mesa, antes al contrario, hablo ante todo del rigor y la seriedad que conlleva el desempeño de nuestra función). Lo que digo es que, como colectivo, no debemos dejar que nos impongan etiquetas reduccionistas y sesgadas que en absoluto se corresponden con la realidad.

    • Jose Carmelo Llopis Benlloch
      21 julio, 2014 - 14:14 Reply

      Me ha encantado tu artículo, Fernando. La verdad es que tenemos un carro tan grande de estereotipos encima que es difícil eliminarlos, y las campañas institucionales no funcionan. No han funcionado nunca, pero cada vez menos, lo cual llama la atención porque cada vez hay más medios, más baratos y más accesibles para potenciar nuestra imagen y función.

      Sigue siendo extraña nuestra falta de conexión con la sociedad, con las nuevas generaciones de potenciales clientes, a los que no nos acercamos en absoluto. Con un ejemplo gráfico igual ilustro mejor lo que quiero transmitir: A las generaciones de las que ahora hacemos herencias, sí tenían una confianza ciega en el notariado, y todo acto importante de su vida pasaba por la notaría (y si no pasaba, se tenía la imagen de que no estaba del todo bien hecho). A las generaciones de recién casados o recién hipotecados ya estamos llegando mal. A las generaciones a quienes nombramos tutores en los testamentos no sé si llegaremos, más allá de una imposición burocrática más.

      Pero además de todo, y como he leído en algún comentario anterior, hace falta mucha pedagogía notarial en los propios notarios, tanto en los despachos y fuera de ellos como en los (pocos, desgraciadamente) que son activos en redes sociales. No obstante, esto es una función de apoyo a la verdadera y potente labor, que debería ser institucional.

  • ALFREDO BARRAU
    22 julio, 2014 - 18:01 Reply

    Queridos compañeros: Hoy he tenido el tiempo necesario para leer con cierta pausa tanto la reflexión de Fernando como las de cada uno de los otros compañeros, en especial la de mi muy buen amigo y compañero Pedro Antonio (!que días aquellos en Alcalá la Real, en los que compartimos despacho y … vida!)
    Todas las reflexiones que haceis unos y otros, son verdad….pero como todo en la vida, la realidad es todavía mucho más compleja. Lo mismo que esta pequeña aportación que por mi parte quiero hacer, que sin duda es solamente una mas.
    Hace ya muchos años yo me hacía la siguiente reflexión: Como es que para vender el huerto (valor 5000 pts)de Perico, fallecido, hacíe falta un titulo sucesorio, firmar una escritura de herencia , y firmar otra escritura de venta, inscribirlo todo en el registro, MIENTRAS que para trasmitir unas acciones nominativas de la sociedad X , por cuantía de tresceintos millones bastaba el endoso de las mismas.

    El notariado, como institución , siempre ha estado en “conflicto” interno y “externo”, alguno de vostros recordaba los comentarios de Joaquín Costa en el siglo XIX, POR TANTO ESTO NO ES NOVEDAD,

    Lo que ha cambiado es la Sociedad a la cual “servimos” o deberíamos de servir. Me explico.
    El fundamento de nuestra profesión ( y no descubro nada que no sepais) está intrínsecamente unida al de una sociedad generalmente “anafabeta” donde muy pocos sabian escribir y era necesario que alguien constatara hechos y diera certeza de los acuerdos a los que las partes llegaban, y conociera las leyes y costumbres. Si a ese saber jurídico le unes la atribución o “delegación” por parte del poder público de dar fé y que ese documento adquiera “un valor añadido” respecto del mero documento privado llegamos a lo que el Notario ha sido (y toda vía es en parte) . Si a eso unimos que la intervención de los abogados quedaba en gran parte reducida a las situaciones de conflcto, hacía que el Notario fuera una institución o pader fáctico en gran parte de los pueblos pequeños, medianos e incluso de las ciudades mas importantes hasta principio de los años 80. Dicho de otra forma las personas acudian directamente al notario, para consultar, o para encargar la venta o la compra de una propiedad, para formalizar la herencia etc. La figura del asesor jurídico, fiscal, gestor en innumerables poblaciones ni siquiera existía. En mi primer destino allá por el año 1984, en un pueblo de 10.000 habitantes, solo existía un abogado en ejercicio que además comenzó a ejercer en ese mismo año. Recuerdo como me comentaba el gran notario que fue Roberto Blanquer que muchas grandes empresas o sucursales de multinacionales, en esos años 80 y antes le llamaban y consultaban previamente para saber como debían plantear un determinado negocio o proyecto. El prestígio del notariado se levantó con ese hacer diario, serio y firme (siempre con excepciones pero contadas). El boom del acceso a la propiedad de viviendas a consecuencia de la Ley de propiedad horizontal es el que acercó el Notario a la clase media española que comenzába a existir en los albores de los años 60, (antes, seamos claro, solo la clase económica mas potente acudía al Notario, basta examinar los protocolos de la segunda mitad del siglo XIX (aquellos que en algún momento hemos sido archiveros de algún distrito)
    PERO TODO ESTO HA CAMBIADO. La existencia de una sociedad de la información (desmesurada a veces) donde todas las personas tienen a su disposición con un simple “clik” el conocimiento aunque sea chapucero de la ley. El nacimiento y desarrollo de los grandes despachos de abogados, nacionales o internacionales, “multidiciplinares” o bufetes mas reducidos, que ya no solo intervienen en el ámbito del conflicto o controversia, sino en el ámbito del asesoramiento fiscal, mercantil etc, asesoramiento llamemoslé “preventivo” que se ha convertido en pieza esencial de la profesion de abogado, con el solapamiento en parte con nuestra razón de ser como redactores del propio documento. Este tema desemboca en la llamada “notarización” por influencia del derecho anglosajón, lo que se busca es la merca legitimación de firmas, sin que al notario se le deje en muchos casos margen de maniobra ( todo ello sin perjucicio como es lógico del derecho del notario y obligación de denegar la autorización si el acto o contrato es contario a la ley, moral u orden público). Dicho de otra forma, cada vez en mayor medida se busca la “intervención” del notario, pero no la “redacción” del Notario. Siempre hay excepciones, consultas y dialogo con los letrados asesores, pero ya no es el ordeno y mando y se hace lo que yo digo. LOS NOTARIOS nos hemos convertido para bien o para mal en unos “operadores jurídicos” mas (a mí la expresión me aterra, pero es lo tomas o la dejas, lo mismo que la expresión fedatarios -cosa mas fea-)
    OTRA CAUSA de maxima importancia ha sido, es y -por desgracia- será la relación con nuestros compañeros los registradores (y no digo compañeros con doble sentido, pues sigo sintiendo al Registrador como verdadero compañero). No soy yo el mas indicado para hablar sobre nuestro sistema español de seguridad preventiva, que con pequeños retoques podría ser casi perfecto, pero lo cierto es que la “guerra” de ambos cuerpos nos ha perjudicado a ambos, y con gran pena he de decir, pues así lo siento, que los ganadores han sido ellos. El sistema del doble control hoy día “no es vendible” porque no lo entienden ni los poderes publicos ni la gente. Vuelvo al ejemplo del huerto de Perico. En un mundo en el que se realizan transacciones via electronica, firma digital …etc la gran cuestión es CUAL ES NUESTRO PAPEL EN EL.
    La Notaría no puede considerase como una empresa, donde lo que importa son los resultados y la cuenta de resultados. La notaría ha de ser un servicio a la sociedad, y solo continuaremos existiendo en la medida en que tanto los poderes publicos nos puedan apreciar como una valor añadido que merece la pena conservar, y en la medida que las personas puedan apreciar que la intervención del Notario les da una seguridad que no encuentran en ningún otro “operador jurídico” de no ser así el destino de nuestra profesión ya está escrito. Como he dicho no somos empresa, pero sin embargo no te queda mas remedio que ser empresario -gestionamos nuestros medios de producción- y por desgracia ya no tenemos a nuestro favor esos documentos con los que nos manteníamos (obras nuevas, divisiones horizontales, ventas de promociones, y prestamos a “mogollón”) Lo curioso es que esa misma situación en la abundacia es la que en parte nos ha llevado ahora adonde estamos.
    EL NOTARIADO LATINO, y en concreto el español, tiene que encontrar su encaje en esta nueva sociedad, si terminamos por desaparecer será porque ya no seamos utiles a la propia sociedad. Aunque sea hablar en terminos económicos nos debemos preguntar ¿cual es nuestro valor añadido? ¿que aporta nuestra intervención?
    ¿Que sentimos hoy día los notarios? Yo personalmente cada vez me siento mas un mero instrumento al servicio de la Administración como informador o controlador del ciudadano. Tal vez sea ese nuestro papel…..en el futuro. Me gustaría estar equivocado.

  • Fernando Olaizola
    22 julio, 2014 - 19:38 Reply

    Alfredo: un comentario brillante, una perspectiva necesaria y una reflexión oportuna. Te invito a que lo desarrolles y nos lo remitas como colaboración.
    En lo único que no estoy de acuerdo contigo es en que los registradores hayan ganado la guerra. Están ganando batallas, o escaramuzas, pero lo están fiando todo a cartas muy concretas; y conscientes del peligro que ello supone, hay ahora mismo una profunda división dentro del cuerpo registral.

  • James Rodríguez
    22 julio, 2014 - 23:22 Reply

    Barrau, muy bueno y ojalá hagas el post que te pide Fernando y ojalá puedas poner una respuesta a la pregunta que planteas, qué aporta el notario.

  • Pedro Antonio Vidal Pérez
    23 julio, 2014 - 23:20 Reply

    Alfredo! Que alegria leerte. Anda, vámonos no sea que nos den un capón los Consejeros o los blogueros.

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