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La necesaria reforma del arancel notarial

Los notarios, en España y en general en aquellos países en donde existe el sistema de notariado latino, actuamos en un régimen de competencia, si bien se trata de una competencia restringida, en cuanto está limitada por dos factores: el numerus clausus y la retribución por arancel.

El arancel es la forma de retribución que tenemos los notarios y tradicionalmente se ha considerado que es la que mejor se ajusta al doble carácter de nuestra función, constituida por la fusión inescindible de un conjunto de elementos públicos y privados, como muy bien nos ha enseñado a todos Rodríguez Adrados. El arancel retribuye, conjuntamente, por un lado el control de legalidad, que ofrece el Notario, cuya correcta prestación exige una independencia respecto del cliente, pues ese control puede llevar al Notario decir “no” ante determinados requerimientos en beneficio de terceros no presentes; y por otro lado, la función facilitadora, conciliadora, mediadora, de diseño contractual, y tratándose de la contratación en masa de superación de las asimetrías informativas, cuya finalidad última es reducir los costes de transacción.

Que el arancel está desfasado y poco adecuado a la realidad en la que vivimos, en términos cuantitativos, creo que se puede considerar una evidencia. Sin embargo, no quiero referirme al arancel desde un punto meramente economicista, sino por el contrario a cómo afecta al desarrollo de la profesión, a la estructura de incentivos económicos, al plano deontológico y la búsqueda de la excelencia profesional, que debería presidir toda actuación notarial.

Y desde este punto de vista, lo primero que creo que se debe decir es que el arancel no se ajusta a los criterios que debe de presidir una correcta política retributiva. Son numerosos los estudios que se realizan sobre esta materia en las empresas, y el Notariado como colectivo debe de tener una, que sirva para cumplir los fines que los notarios individualmente desarrollamos, pues es evidente nadie trabaja gratis y nadie invierte sin esperar algo a cambio. Las personas trabajan en las organizaciones en función de ciertas expectativas y resultados; y están dispuestas a dedicarse al trabajo con la idea de que eso les producirá algún rendimiento significativo por su esfuerzo y dedicación. En otros términos, la dedicación de las personas al trabajo organizacional depende del grado de reciprocidad que perciban en la medida en que el trabajo produce resultados esperados y, cuanto mayor sea esa medida, tanto mayor será su dedicación.De ahí la importancia de proyectar un arancel que constituya una sistema de recompensa capaz de incentivar el compromiso de los Notarios con la finalidad de la institución y que permita tomar sus decisiones teniendo en perspectiva la totalidad de su vida laboral.

Sin ánimo de exhaustividad se pueden señalar las siguientes pautas, que yo calificaría también como defectos, de la regulación actual del arancel:

1.- Se basa en un sistema de subvenciones cruzadas. La actual estructura del arancel implica la existencia de importantes subvenciones de unos usuarios a otros. Es decir, hay una serie de documentos cuya retribución no cubre el coste de producción, y que se sufragan con cargo a otros que la cubren holgadamente. Sin embargo, este sistema de subvenciones cruzadas solo adquiere verdadero sentido cuando hay una distribución, más o menos homogénea, de los documentos subvencionados y no subvencionados, entre todo el colectivo, pues de otra manera lo que sucede es que unos notarios desarrollan la función social y otros se llevan el beneficio.

2.- Se trata de una normativa excesivamente compleja, que plantea dudas para su aplicación a los propios Notarios, con riesgo de impugnaciones y que la minuta resulte con frecuencia ininteligible para los clientes. Esto hace que el supuesto carácter de arancel fijo, incluso con las posibilidades de descuentos que se disponen, haya desaparecido, siendo por ello cada vez más frecuentes las preguntas sobre el coste de las escrituras, y las diferencias de precios entre distintas notarías, con oscilaciones que se podrían considerar significativas. Siguiendo la misma idea el arancel es poco transparente, y es posible que tengamos introducido, por la puerta de atrás, el tan denostado sistema holandés de libertad de precios.

3.- Hay una dualidad de régimen jurídico. Sigue, por un lado, vigente el arancel de los Corredores de Comercio, y por otro, el arancel notarial de 1989 y el mantenimiento simultáneo de un arancel de máximos para las pólizas y uno fijo para los documentos notariales tradicionales no tienen sentido alguno.

4.- Tiene una especial importancia en el resultado de las minutas el concepto de copias y el exceso de folios. Se ha justificado la tributación del exceso de folios, entre otros motivos, como exponente de la mayor complejidad del documento y ello en la realidad no siempre es así. En el momento de la publicación del arancel de 1989, la media de folios por documento era 4, que ha ido subiendo cada año, y que en el año 1998 se cifraba en 8,1. Siguiendo como pauta este orden de incremento anual, la media puede considerarse hoy en día en 25. Este sistema genera el incentivo de hacer documentos cada vez más extensos y a mi entender esta práctica se está produciendo, siendo frecuente ver unida documentación intranscendente y en ocasiones confidencial.

5.- Las operaciones de préstamos o créditos tienen en el resultado final de la retribución del Notario una importancia creciente. El precio de estas operaciones, como consecuencia de diferentes factores, está muy por encima de lo que podría considerarse un precio razonable, y es por ello muy sensible a la crítica de la actuación del notario y está sometida a presiones políticas de la Banca.

6.- A sensu contrario de lo que acabamos de señalar en los apartados anteriores, diría que el arancel actual incentiva conductas distintas a las que debería presidir la competencia entre Notarios.

En estos últimos tiempos la mayor parte de las críticas que se han ido realizando respecto a los notarios, y puede que con razón, es la necesidad de ganar independencia respecto a los grandes operadores económicos. Sin embargo el arancel actual, consigue el efecto totalmente contrario, y con ello no pretendo realizar una crítica o denuncia al comportamiento que puedan tener algunos notarios, puesto que actuando en términos racionales, tal y como han señalado economistas que han tratado el aspecto económico de la función notarial, la maximización de ingresos (objetivo legítimo) solo se consigue a través del pacto con determinadas instituciones –bancos, por ejemplo- para conseguir intervenir o autorizar un gran número de documentos de cuantía y paralelamente, disuadir a los clientes que demanden los servicios de aquellos documentos que resulten poco rentables para el Notario.

La necesidad de estos pactos o acuerdos para poder tener un despacho económicamente viable conlleva una serie de consecuencias todas ellas contrarias a los principios, tanto legales como deontológicos de la profesión notarial:

6.1.- Influye de manera notable en la distribución territorial de los Notarios, y si bien en otras épocas, las capitales de provincia y especialmente Madrid y Barcelona, suponían el máximo que podía alcanzarse con la profesión, hoy en día se trata de plazas que terminan llegando, con poquísima antigüedad e incluso como primer destino. Señalaba el profesor Carrillo, que la aplicación combinada del numerus clausus y el arancel fijo hacía que la estrategia racional de un notario no consistía tanto en conseguir una situación ventajosa en el mercado concreto del distrito donde ejerce su profesión como conseguir ser destinado a un lugar interesante, al que solo pueda actuar en competencia con sus propios colegas. Pero realmente este sistema se ha roto, y así tenemos, como ya ha sido denunciado en otras entradas de este blog, la situación de las oposiciones restringidas, los resultados de los concursos o las jubilaciones anticipadas, que demuestran todas ellas una incapacidad de la profesión, tanto para atraer como retener talento.

6.2.- Supone una clara contravención de la esencia de los notariados latinos como es la libre elección de notario. Como ha señalado Rodríguez Adrados, el de libre elección de notario es un principio independiente, y no una mera secuela de otros, como el de rogación o profesionalidad. Yo diría que sin libertad de elección, no hay notario, y el que ejerce sin haber sido requerido por la persona que tiene derecho a ello, ejerce una profesión distinta.

6.3.- Rompe el argumento de las cuasi-rentas, que se ha utilizado para justificar un arancel fijo y el numerus clausus. Se ha dicho que el arancel disciplina la carrera notarial coordinando los incentivos económicos con los principios deontológicos a los que debe de estar sometida la profesión. La finalidad del arancel es evitar oportunismos (que pueden ser de muy diferentes tipos), pero tal y como se desarrolla, realmente los incentiva.

Llegados a este punto creo que hay suficientes argumentos para justificar la reforma del arancel, volviendo a insistir en que no estoy hablando de cuantías, pero lo cierto es que tal y como está configurado solo beneficia a aquellos que disponen de clientelas cautivas, por ser el Notario “elegido” por ciertas entidades para sus operaciones en masa, suponiendo el arancel una mera defensa para el cobro de honorarios que están por encima del coste de producción de la actuación que retribuyen.

Como recomendaciones, con la doble finalidad de evitar los problemas existentes y determinar cual es el sentido de la competencia notarial, diría las siguientes:

1.- Debe de simplificarse. A mi entender, uno de los grandes logros de la organización de los Corredores de Comercio, era simplicidad del arancel.

2.- Debe de eliminarse el sistema de subvenciones cruzadas.

3.- Debe de permitir el cobro por separado, de la función pública que presta el Notario y la labor privada o de asesoramiento o diseño contractual. No sería prudente entrar en casuística, pero como todos sabemos, una escritura de rectificación o de poder, puede ser el resultado de un dictamen de notable complejidad, mientras que un documento de millones de euros, puede consistir en una mera recepción de documentación para custodia, sin efectos ni siquiera ejecutivos.

Como sucede en cualquier organización toca poner orden. Para asegurar la competitividad del Notariado (equidad externa) y, lejos de conceptos “café para todos”, debe de asegurarse también la equidad interna.

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Notario de Lérida

13 Responses to "La necesaria reforma del arancel notarial"

  • IÑIGO ROMERO DE BUSTILLO
    18 junio, 2015 - 09:03 Reply

    La necesaria pero muy “URGENTE” reforma del A.N.(No sé ,empero,si es el tiempo político)
    Hoy una gran mayoría de notarios trabajan a pérdidas.Todos los costes de producción han tenido un incremento exponencial,no así los ingresos. Es ridículo que un testamento sea un documentos social,pues todos los son, a 30 y pico euros y un poder para comprar o vender también,salvo los preventivos.- El PODER ,por ejemplo,para VENDER o COMPRAR debe ser especial para vender o comprar determinado bien y especificar,aunque sea por aproximación,el valor o precio sobre el que girará la negociación para la perfección del contrato. En consecuencia será un documento de cuantía limitada a la alemana: un documento que se cobra por una cuantía en un 20% por ejemplo y que el Notario que autorice la Compraventa tendrá en cuenta deduciendo el coste del poder de sus honorariospor la venta.-Este sistema sí es de “cruzamiento” pero operativo y dinámico.-
    Es solo un ejemplo,en el arancel alemàn.-Hay muchísimos.-
    Y acabar con la rutina legislativa de como peaje necesario cada vez que existe una reforma donde directa o indirectamente se nos refiere la inclusión de la correspondiente rebaja arancelaria.-
    Muchos estarán pidiendo el sistema portugués o el sueldo fijo con incentivos.

  • JOSE-JAVIER CUEVAS CASTAÑO
    18 junio, 2015 - 12:31 Reply

    Sin necesidad de modificar el arancel y por simple resolución de la Dirección General de los Registros y del Notariado puede lograrse una adaptación al momento actual de unos aranceles que tienen mas de veinticinco años, cuyo carácter fijo-ridículo en los documentos sin cuantía y regresivo en los de cuantía ha impedido una corrección automática de sus desfases.
    La solución está en el artículo 63 del Reglamento Notarial (inspirado por Rodríguez Adrados y Font Boix) y la clave está en la frase “sin que en ningún caso la percepción difiera del coste medio ponderado del documento incrementado con los derechos que correspondan según el Arancel”.
    El mismo artículo atribuía y sigue atribuyendo la determinación de dichos costes a la Dirección General de los Registros y del Notariado a propuesta fundada de la Junta de Decanos.
    En base a esa previsión reglamentaria se dictó la resolución de la Dirección General de los Registros y del Notariado de 25 de septiembre de 1982, que constituyó un alivio para muchos notarios cuyas percepciones arancelarias, dada la índole de la documentación que autorizaban, resultaban claramente insuficientes para su “congrua sustentación”.
    Tal resolución fue derogada por otra de 27 de noviembre de 1989 so pretexto de que con la aprobación de los nuevos aranceles (hoy viejísimo o casi prehistóricos) se había corregido el desfase temporal y la erosión que con el “coste ponderado” se había tratado de mitigar.
    Desde entonces hasta el presente el arancel ha sufrido múltiples zarpazos. No hay norma que se precie que no contenga una nueva reducción arancelaria que acentúe cada día mas los desequilibrios .
    Es evidente que el tiempo transcurrido desde 1989 justifica una recuperación de las percepciones destinada a cubrir los costes ponderados del documento, para lo que bastaría una mera resolución de la Dirección General, pero esta solución, con ser justa, prudente y justa y razonable, no pasa de ser una quimera, a la vista de los vientos que corren, del talante de la persona a la que correspondería poner el remedio y del arrojo de quienes deberían exigírselo.

  • IÑIGO ROMERO DE BSUTILLO
    18 junio, 2015 - 12:59 Reply

    Cuando dije “rutina”legislativa me he equivocado – Rectius. “ruina “legislativa..-

  • Ignacio Gomá Lanzón
    18 junio, 2015 - 23:23 Reply

    Muy acertado post, que pone el dedo en la llaga de los incentivos notariales, particularmente en los incentivos erróneos, que impulsan a prácticas que no son las que corresponden a la definición legal y funcional del notario.
    Es necesario que nuestros representantes tomen conciencia de que en algún momento ha de llegar el tiempo de abordar esta cuestión, pues parece nunca entra en el calendario político favorecer a los “privilegiados” porque eso da mala prensa (aunque hay que decir que la última demarcación ha sido positiva). Sin embargo, no hay problema en subir los impuestos. He estado en Londres en un Seminario de los Scriveners y el notario alemán me ha dicho que acaban de reformarles los aranceles al alza. Y conste que no se trata de hacerlos más altos por las buenas, sino de hacerlos más justos, más equilibrados y más fáciles para el ciudadano.

  • Fernando Olaizola
    19 junio, 2015 - 00:14 Reply

    Nunca es el momento político de reformar ni de actualizar el arancel.
    Cuando yo estaba en mi primer destino, hace unos quince años, circulaba lo que los ingleses llaman un “cautionary tale”, o cuentecillo con moraleja, en el que el por entonces presidente del Consejo plantea a un por entonces Ministro del ramo económico la cuestión del Arancel. El Ministro teclea en su ordenador y a continuación le contesta: “el notario de X (un pueblo remoto) gana mas que el Presidente del Gobierno”, lo que zanja la cuestión.
    Y desde el comienzo de la crisis, por supuesto que ni se plantea subir el sueldo a esos privilegiados que son los notarios etc. etc.
    Así que ni el tiempo de bonanza ni el tiempo de crisis son un tiempo político oportuno para plantear la reforma del arancel.
    Claro está que la cuestión del Arancel siempre será mediaticamente delicada, y que a lo que los políticos tienden es a culminar cualquier reforma normativa con la guinda de una rebaja arancelaria en la materia, o a establecer alguna rebaja generalizada demagógica e infundada como la del cinco por ciento del Real Decreto Ley 8/2010.
    Pero en esta situación también pesa el animo que parece haberse extendido entre nuestros representantes corporativos de que la función notarial ya no puede defenderse en sí y por sí, y que a lo más que podemos aspirar es a que se nos permita seguir existiendo para servir a la Administración y alimentar nuestras bases de datos.
    Supongamos a un decano que afirma que “lo más valioso que tenemos es nuestra información”, y que cuando se le pregunta qué pasa entonces con la seguridad jurídica que procuramos, la fe pública que damos, nuestra labor asesora y conformadora o nuestra función equilibradora, insiste cabeceando en que nuestro principal activo son los datos que recogemos, que así es y así va a seguir siendo, y que ya podemos ir haciéndonos a la idea.
    Cabe suponer la determinación de tal decano a la hora de abordar la reforma del arancel, si ese el concepto que tiene de la función que el Arancel retribuye. El Ministro del cuentecillo ni tan siquiera tendría que hacer el número de consultar en el ordenador los ingresos del notario del pueblo X.

    • Harto
      19 junio, 2015 - 13:14 Reply

      Y no olvidemos que los decanos son notarios y por tanto aquejados del acomplejamiento-mala conciencia que tenemos cuando se trata de nuestros ingresos.

  • Enfadado
    19 junio, 2015 - 10:54 Reply

    Ocurre sin embargo que el estímulo para el desarrollo profesional y la formación del notario se ve seriamente afectado con la nueva demarcación.
    Se sostiene que es buena para el cuerpo en su conjunto, pues evita lo que se considera no deseable, que es que se ingrese por grandes ciudades, o se llegue a ellas con pocos años de experiencia. Pero para ese viaje no hacían falta tales alforjas. Bastaba con una reforma del reglamento notarial en tal sentido, restringiendo el acceso a las primeras a quienes no tuvieren una antigüedad mínima.
    En cambio, se ha procedido a la restricción de plazas en primera, de manera indiscriminada, y con independencia de que se tratase de localidades en las que nunca se había dado el fenómeno que, aparentemente, se trata de evitar.
    Se perseguía realmente con la demarcación reducir la oferta para que la demanda existente se repartiera entre un número menor de notarios. En el entendido de que el mercado iba a ser equitativo y redistribuir el trabajo de manera igual entre los que se quedasen. El tiempo demostrará que la demarcación solo va a beneficiar a los que, por mor de ciertas prácticas y circunstancias, concentran las mayor parte del trabajo.¡¡¡otro premio para el macro!!! ¡¡¡Viva!!!!.
    Y , por otra parte, la carrera profesional se bloquea. Quien estudie la situación de determinadas plazas ( capitales medias) descubrirá que esas plazas quedan bloqueadas. Que no se va a llegar a primera sino con cincuenta años de edad o más. ¿Cuál es el incentivo para el Notario joven para ponerse a estudiar sobre las operaciones complejas mercantiles o financieras o inmobiliarias que en su pueblo nunca va a firmar? Ninguno. Acomódese Usted, ya le llegará. Pero cuando le llegue estará usted completamente desactualizado. Supongo que pronto dará igual, ya habrá campos normalizados y metadatos para todo, solo habrá que legitimar firmas.
    Lo que se necesita con carácter de urgencia es una reforma de la oposición entre notarios que la haga más atractiva y en la que se premie verdaderamente la especialización. Bravo por los pocos que están incursos en la vigente. Pero en las condiciones en que se desarrolla en la actualidad, y con un premio sujeto a caducidad ( y que ni siquiera, aún obteniendo el máximo, garantiza el acceso a muchas plazas), la oposición entre notarios no es sino una picadora de carne en la que dificilmente se consigue otra cosa que el premio mismo, pero un escaso avance en los conocimientos del opositor.

    Claro está, esas cosas no interesan, y menos a nuestros actuales dirigentes, pertenecientes (algunos de ellos) a cierta generación en la que se denosta a quienes hicieron aquella oposición en épocas pasadas, por privilegiados, exquisitos, castuzos, estupendos y otras lindezas. Abonados a la igualación por abajo, en suma. Y encantados por la parte que, suponen, les va a tocar, ahora que el pastel se ha hecho más pequeño.

  • Notari II
    20 junio, 2015 - 12:13 Reply

    Entre las consideraciones previas creo que falta un toque de pragmatismo y aproximación a la realidad cotidiana, ya que las facturas notariales han ido incorporando conceptos que nunca estuvieron previstos en ningún arancel por aplicación, si de muestra vale el símil, de las NNTT. La factura de una compraventa, de 2004 no tiene nada que ver con una de la semana pasada. El intervencionismo de las administraciones, con sucesivos requisitos documentales, certificados catastrales, presentaciones telemáticas etc…. suponen añadir al clásico arancel un 40%, o casi, de”complementos” y, siempre, cobrando por el número de folios que comprenda el instrumento público en cuestión.Concepto éste de difícil comprensión por terceros. Esto lo saben los que legislan y administran, así como los clientes de las Notarías. Que hay que actualizar el arancel en su filosofía y alcance económico, pues sí. Pero no se olvide que la palabra “arancel” despierta recelos atávicos a aquéllos que hay que proponerles su actualización. En cualquier caso, no veo a los todavía dirigentes de lo que nos van dejando de Notariado con arrestos, capacidad y pedagogía argumentales para ir mucho más lejos de lo que, a día de hoy, han llegado.

  • Por curiosidad
    21 junio, 2015 - 09:41 Reply

    Me gustaría saber cuantos de los que están dejando comentarios en esta página han tenido que defender el arancel ante los especimenes de la clase política que tenemos en este país.

    • En manos de quién estamos ?
      21 junio, 2015 - 22:51 Reply

      Yo nunca he tenido que defender el arancel notarial ante los políticos de este país, pero sí recuerdo una portada del diario el País de febrero de 1988, con una foto del entonces todopoderoso Secretario de Estado de Hacienda Sr. Borrel, anunciando, con un titular enorme, una Ley de Tasas que iba a sustituir el arancel notarial por una retribución “adecuada” para los notarios.
      Nuestro representantes de aquella época fueron capaces de defender el arancel notarial frente a los políticos, y el resultado de esa brillante defensa fue la aprobación en 1989 del vigente arancel, que supuso un importante mejora de la retribución de los notarios y, especialmente de los que ejercíamos en localidades pequeñas.
      Me da la impresión de que el problema no son nuestros políticos o nuestro arancel, sino nuestros dirigentes actuales.

    • Fernando Olaizola
      21 junio, 2015 - 23:05 Reply

      Estimado Por curiosidad:
      No creo que nadie pretenda que la del Arancel sea una cuestión sencilla, o que los interlocutores que el notariado va a tener enfrente cuando se plantee sean alguna vez receptivos.
      Pero los notarios hemos podido escuchar en los últimos años de nuestros representantes corporativos cosas como las siguientes:
      – “Somos funcionarios públicos y cobramos lo que nos dice el Gobierno, nos guste o no”
      – Ante un proyecto de rebaja arancelaria, luego aprobado: “sé que existe un sabor agridulce en todos vosotros” y “no os puedo hacer vanas promesas y mucho menos discursos que pueden exacerbar los sentidos, pero que carecen de efectividad”. Así pues, en cuanto atañe al Arancel, contemos conque cualquier promesa será vana y toda propuesta o iniciativa carecerá de efectividad.
      – Y más recientemente: la propuesta de revisión del Arancel es “de difícil ejecución en la presente coyuntura”, por lo que, sin renunciar por supuesto a ella, “debe mantenerse en espera de un momento más favorable”, que no se sabe cual habrá de ser.
      Claro que siempre se podrá decir que todo ello no es sino una actitud prudente y sensata por parte de nuestros representantes, gracias a la cual seguimos teniendo Arancel, aún desfasado, y que reivindicaciones inoportunas pondrían en peligro.

  • F. Javier Oñate Cuadros
    22 junio, 2015 - 12:44 Reply

    Nuestro compañero Rodrigo Tena ha defendido una tesis atrevida y sugerente pero poco comprendida por sus destinatarios. Considera que el arancel debe ser de mínimos y yo estoy totalmente de acuerdo con este planteamiento.

    Imaginemos un arancel en el cual:

    a) Haya una percepción mínima inderogable a percibir por cada documento protocolar, con independencia de su cuantía, que se equipara al coste medio ponderado de producción del documento.

    b) Idem respecto de las pólizas, cuyo coste de producción se estima inferior.

    c) A partir de ese mínimo, es libre la percepción de honorarios, de conformidad con lo pactado entre el cliente y el notario.

    1º.- ¿Estaríamos de acuerdo con el sistema?

    2º.- ¿Estaríamos de acuerdo dependiendo de los mínimos, por ejemplo, 250 euros por documento protocolar y 60 por póliza intervenida que incluirían la primera copia autorizada?

    En mi opinión, un arancel de este tipo, con los matices que se quieran, permitiría mejorar los incentivos, una vez superado un período transitorio de adaptación al cambio en el que literalmente nos volverían locos. Pero el resultado sería el de un notariado más pegado a la sociedad y a sus necesidades jurídicas, más independiente de los grandes clientes o al menos, menos dependiente económicamente de ellos y sobre todo menos concentrado en estar mirándose el ombligo todo el tiempo.

    Por cierto, nuestros compañeros holandeses, que recibieron con fuerte oposición el “arancel libre” ahora están encantados, pues ganan mucho más que antes. Cierto que mucho menos en las grandes operaciones, pero en las pequeñas, que son mucho más numerosas, lo compensan con creces.

  • Poder extranjero - NotaríAbierta
    22 septiembre, 2016 - 16:43 Reply

    […] hecho los compañeros Francisco Rosales, Carmelo Llopis y Luis Prados, este último en el blog Transparencia Notarial. Mediante el sistema de arancel nos retribuyen los ciudadanos nuestros servicios y se […]

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