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Orientaciones para el opositor primerizo

Entre los papeles de mi difunto padre he encontrado un documento que yo no conocía pero que creo merece ser divulgado por su interés para las nuevas generaciones de opositores y quizá también preparadores. Debe de ser una nota que enviaba a los opositores que él preparaba para mostrarles, con su característica capacidad sistemática, el núcleo duro de la oposición. Aquí lo tienen:

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He aquí algunas advertencias para el opositor que empieza a preparar el primer ejercicio oral:

Estudiar un tema no es aprenderse de memoria un texto escrito y repetirlo mecánicamente. Por ese camino no se va a ninguna parte. De lo que se trata es de comprender la cuestión jurídica que el tema plantea, entenderla, asimilarla, hacerla propia, incorporarla a los conocimientos jurídicos que ya se poseen, relacionarla con todos ellos, y exponerla con las  palabras del propio opositor, que no tienen por qué ser las mismas cada vez que se dice el tema.

Para ello, lo primero que hay que hacer es leer detenidamente los epígrafes y pensar a qué se refiere cada uno de ellos y qué es lo que se pregunta. Después conviene intentar contestar apelando a los conocimientos que ya se tienen sin estudiar nada, viendo así lo que ya se sabe antes de empezar a estudiar.

A continuación, en la primera vuelta, se lee atentamente el material que se tenga acerca del asunto, sean temas ya hechos, libros, apuntes de la carrera, etc., con la finalidad de ir localizando las ideas que nos van a servir para hacer el tema.

Una vez que se ha leído el material se pasará a construir el propio tema contestando a cada epígrafe de manera congruente, breve y completa. Aquí también hay que tener presentes algunas reglas:

Todo tema se compone de partes que pueden llamarse “duras”, y partes “blandas”. Las partes “duras” son el Derecho positivo y, en cada tema, algunas doctrinas o ideas básicas que son de general conocimiento y el Tribunal considera un punto negativo que se pasen por alto. La parte “blanda” es el resto: aportaciones adicionales, que pueden consistir en cualquier cosa y variarse en cualquier momento.

Hay temas, como el 49 sobre contenido del usufructo, el 51 sobre servidumbres legales, los 76, 77 y 78  de arrendamientos, el 123 sobre legados, y unos cuantos más, que son “duros” en su integridad: el opositor tiene que esforzarse por decir en tiempo el contenido inexcusablemente exigido. Pero en la mayoría, aunque predomina lo “duro” hay margen para la blandura, y aquí cada opositor puede escoger lo que le parece más interesante, para lo que debe tratar de seleccionar algo significativo y útil y evitar observaciones banales sobre cada norma jurídica, lugares comunes pasados de moda, clasificaciones más o menos inoperantes y cosas por el estilo.

Por ejemplo, los temas hechos por mí -tengo hechos bastantes temas, los más importantes y los que han cambiado últimamente- suelen ser excesivamente densos y un poco demasiado largos. Si se leen detenidamente son muy claros, pero hay que ponerse a ello. Deben leerse en su integridad, incluso la letra pequeña, porque todo lo que se dice es importante para la comprensión del asunto y para que el opositor se entere de lo que se trata. Pero, a la hora de “cantarlos”, depende: hay quien sin esfuerzo aparente los dice en su totalidad sin problema y dentro de tiempo y hay otros que tienen que descartar materia porque no les cabe en el tiempo marcado, lo cual es perfectamente normal; ahora bien, entonces es cuando hay que saber distinguir lo “duro” de lo “blando”, estudiar sólidamente lo primero y, en cuanto a lo segundo, dejarse llevar por las preferencias: habrá quien se incline por los antecedentes históricos, otro por las sutilezas doctrinales, otro por ahondar en el Derecho positivo, etc.

En cualquier caso, es labor del preparador orientar en todo esto, tanto respecto al tema que se ha “cantado” como a cualquier otro tema o cuestión que al opositor le apetezca plantear.

Y después de definido el tema, hay que memorizarlo de manera que pueda exponerse verbalmente en el tiempo prescrito, que viene a ser, en los temas de Derecho civil, de unos diecinueve minutos el correspondiente  a la primera parte y de diecisiete a dieciocho minutos los de las restantes.

Aquí hay que volver a considerar la estructura del tema, pero desde otro punto de vista: un tema no tiene una estructura homogénea, sino que hay partes en las que predomina la memoria, nunca exenta de conceptos, y otras en las que lo principal son los conceptos, aunque siempre hace falta la memoria.

El caso extremo de ejercicio de la memoria son los artículos del Código Civil. Durante la lectura de la bibliografía se irán apuntando los artículos que en el tema han de citarse y después se procederá a aprenderlos leyéndolos directamente en el Código Civil.

Aprenderse un artículo del Código Civil es memorizar sus palabras exactas, pero también algo más. Hay que hacer además tres cosas: 1.ª Definir mentalmente el supuesto de hecho de que trata la norma, es decir, representarse en la vida real el caso que contempla. 2.ª Entender el contenido de la norma, esto es, qué es lo que dispone para ese caso concreto. Es el momento de la interpretación. 3.ª Meditar sobre la ratio legis, es decir, averiguar por qué se dicta esa norma para ese caso, y la razón de justicia en que se fundamenta (o, en su caso, criticarla y observar sus defectos).

Por el otro lado, el caso extremo de ejercicio de la inteligencia es la aprehensión de los conceptos jurídicos. Aquí hay que echar mano de la capacidad de cada uno para manejar conceptos abstractos, relacionarlos con otros y encuadrarlos en un sistema general. Esto es necesario para poder progresar en los estudios jurídicos y ha de servir de mucho la labor del preparador, que está fundamentalmente para eso (no puede sustituir al opositor en aprenderse de memoria nada, pero sí puede facilitarle la labor de comprensión). Por eso es importante que se le consulte cualquier duda u oscuridad o simple curiosidad.

Finalmente, en el resto del tema se mezclan la memoria y el intelecto: clasificaciones, el esquema general más usual: concepto, antecedentes históricos, naturaleza jurídica, elementos personales, reales y formales, efectos y extinción, citas de autores o de leyes, etc., colocación en su sitio de los comentarios a textos legales, opiniones doctrinales, etc.

En cuanto al modo de estudio, el opositor ha de estudiar al menos diez horas diarias seis días a la semana. Esto no es ningún capricho. No es cierto el razonamiento de que si estudiando diez horas tardo x años en aprobar, estudiando cinco tardaré 2x y a lo mejor me compensa. Estudiando cinco horas no se aprueba nunca. La preparación exige un ritmo no necesariamente rápido –cada opositor tiene su propia velocidad- pero sí inexorablemente progresivo, de modo que en las sucesivas vueltas el tiempo en que se tarde en llegar al mismo tema sea menor. De no ser así, es mejor dejarlo.

El estudio debe ser tranquilo, sin prisas, pero con absoluta concentración. No son posibles distracciones, interrupciones, excepciones, conversaciones ni nada que no sea estudiar el tiempo previsto. No hay que desconocer que puede haber momentos de crisis, de desaliento, por cansancio, falta de estímulo, bajo rendimiento ocasional, pero es preciso hacerles frente con constancia y sin desanimarse. En este asunto lo fundamental es la constancia y la voluntad de ganar.

Otra observación: hay muchas personas que dependen excesivamente del texto escrito. Al “cantar” el tema van “leyendo” sus páginas, que se les presentan mentalmente en su disposición física como si lo tuvieran a la vista. Esto quizá es inevitable durante un período más o menos dilatado, pero a la larga es nocivo porque no hay memoria visual capaz de retener en todos sus detalles un libro del número de páginas como el que tendría el que contestase a todos los temas (o si la hay serán muy pocas). De ahí procede muchas veces el fenómeno de “quedarse en blanco” el opositor durante el ejercicio y tener que retirarse. Por eso es conveniente, desde el primer momento, que el día en que se va a ir al preparador, cuando se determina cuáles son los temas que se tienen bien estudiados y se van a llevar, el opositor se siente, coja el Programa y nada más que el Programa, y trate de reconstruir mentalmente todos ellos pero en forma simplemente de esquema o concatenación de ideas o puntos a tratar, sin necesidad de recordar expresamente sus contenidos, que se dan por sabidos. Cada epígrafe suele tener una serie de subepígrafes, como clasificaciones, teorías, comentarios, períodos históricos, etc. que pueden ser recordados en forma sumaria: aquí hay que hablar de las opiniones de X y X (sin desarrollarlas, porque entonces lo que estamos haciendo es repetir el tema), aquí se dice el artículo X, aquí, las clases, que son … Si se arraiga ese hábito los temas se recuerdan mejor y se aleja el riesgo de perder el hilo porque, en último término, si no se acuerda uno de algo, puede pasar al punto siguiente. Además, ya en el ejercicio oral, si recuerda lo que ha omitido antes en el tema que está exponiendo, lo puede introducir con cualquier pretexto o, si no se le ocurre ninguno, decir simplemente que se expone ahora un asunto que antes se ha omitido (eso ya no puede hacerse cuando se ha pasado a otro tema).

 

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About Ignacio Gomá Lanzón

Notario de Madrid

4 Responses to "Orientaciones para el opositor primerizo"

  • IÑIGO ROMERO DE BSUTILLO
    19 julio, 2016 - 09:42 Reply

    Sencillamente genial y profundo!
    Ojalá todos los Preparadores tuvieran Su altura cientifica y profundidad legal y humana.-
    Sí,Don Enrique.Sí.-

  • Carlos higuera
    19 julio, 2016 - 23:41 Reply

    Magníficas notas. Me es difícil coincidir en un artículo o comentario en todo, pero he de reconocer que es lo que me acaba de suceder (salvo en el número de horas diarias)

  • Iñigo de Loyola ROMERO DE BUSTILLO
    17 octubre, 2016 - 13:27 Reply

    Me gustaria en homenaje al Preparador insertar algunos pasajes del discurso de mi hijo Fernando P.Romero Fdez.de Henestrosa en Valencia en la Toma Solemne de Posesión de los nuevos ingresados en el Notariado en la ultima Oposicion de Bcna.

  • F. Javier Oñate Cuadros
    23 enero, 2017 - 14:57 Reply

    Estupendas notas, que deberían ser circuladas urbi et orbi.

    Voy a hacer algunas reflexiones de carácter personal, por si pueden ayudar a alguien que se considere un opositor normal.

    – No hay dos opositores iguales. La primera regla es conócete a ti mismo. Lo que a otro le va bien, a ti no y viceversa.

    – Cuando sepas de qué va la cosa, personaliza tus temas, hazlos tuyos, como harías con el móvil. En mi opinión es mejor que sobre -sin pasarse- que no que falte. El objetivo no debería ser clavar en tiempo un tema perfecto sin dejarte nada, sino contestar un 80-90% de lo que sabes del tema en el tiempo marcado. Creo que es preferible dar la sensación de que sabes más de lo que has contestado y además esto te dará confianza por si te dejas algo. Siempre te vas a dejar algo.

    – Aunque tengas una excelente memoria, si no entiendes lo que aprendes fracasarás (o tendrás muchas papeletas para ello) en el dictamen. Entiende lo que estudias, pregunta lo que no entiendas y aprende a pensar. Además es un buen antídoto para el aburrimiento.

    – Lo mejor, como lo óptimo, es enemigo de lo bueno. Tan esencial llegar a tu límite como no pasarse. Es más fácil pasarse que quedarse corto y en mi opinión, mucho peor.

    – Un opositor es como un deportista de élite. Necesita cuidarse, en lo físico, en lo mental y en lo emocional, para poder rendir al máximo.

    – Hay que estudiar mucho, sí, pero hay que evitar quemarse y esto exige descanso, pausas, algunas cortas vacaciones y darse de vez en cuando pequeños placeres extraordinarios cuando sintamos o nos hagan ver que lo necesitamos. No se trata de llevar el temario al dedillo un año antes del examen, cuando hay que llevarlo al dedillo es en el momento del examen. Ese es el momento del “pico de forma”, en el que hay que dar el máximo. Obviamente no lo conseguiremos sin unas buenas pretemporada y temporada regular, pero los títulos se ganan al final, cuando hay que demostrar lo que se vale.

    – Hay que prepararse psicológicamente. Si es necesario, consultar con un especialista para corregir problemas de ansiedad, depresión, insomnio, etc. Esto es muy importante y suele descuidarse o peor aún, hay personas que se automedican o usan mal o abusan de estimulantes/relajantes (exceso de cafés combinados con pastillas para dormir). Hay que huir de los agoreros y de aquellas personas que interfieren en nuestros objetivos y estrategias.

    – El principal enemigo del opositor es él mismo. No son los demás, ni el temario, ni el Código Civil. Hay que evitar a toda costa el miedo a ganar, la obsesión de hacer un examen perfecto o mejor que el de tu compañero de fatigas y el miedo a quedarse en blanco. Salvo que seas un superdotado o tengas una suerte increíble con las bolas, es imposible que el examen te salga perfecto.

    – Aunque hay que estudiar todo lo que se pueda, la ley de los rendimientos decrecientes no conoce excepciones. Esto quiere decir que de las 10 horas teóricas de estudio, hay un número óptimo a partir del cual el rendimiento marginal por hora estudiada decrece, debido entre otros factores, al cansancio y al hastío. Y a partir de un determinado nivel, el rendimiento total desciende también. No hay que sentirse culpable por el hecho de que otro estudie más que tú. Cada uno tenemos nuestros límites, nuestras ventajas y nuestras desventajas comparativas.

    – Hay otros que lo consiguieron antes que tú. Muchos de ellos eran mejores que tú, otros eran peores y otros como tú. Conviene que vayas a ver exámenes de una oposición que no sea la tuya y aprendas las sensaciones que se experimentan en el pasillo y en la sala, ver cómo actúa el tribunal, etc.

    – Es muy importante ensayar lo que vas a hacer en el examen. Simula con el preparador. Pídele hacer exámenes completos extrayendo papeletas al azar o incluso pidiéndole un tema lejano de los que te cuestan o se te caen, dile que ponga caras cuando algo le chirríe. Simula el peor de los escenarios. Eso te dará confianza.

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