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¿Por qué nos disgustan tanto las luchas internas del Consejo?

La semana pasada dábamos cuenta de la enésima trifulca interna del Consejo, resuelta finalmente de manera silenciosa y sin sangre, al menos aparentemente. Pero, a pesar de que esa solución haya sido  incruenta, creo que conviene analizar, como haría un buen mediador –profesión en alza- qué sentimientos nos suscita eso a los colegiados -en mi caso, disgusto- y en qué medida esos sentimientos están justificados.

Evidentemente, el CGN es muy libre de acordar su organización como tenga por conveniente pues se trata de una corporación de Derecho Público (336 RN), que funciona “en pleno, comisión permanente y por medio de la actuación de su presidente, que ostenta la representación legal del mismo”. Además, conforme al art. 344, el ejercicio de todas las funciones que corresponden al consejo conforme a este artículo, corresponden al Pleno, aunque cabe delegación en la Comisión Permanente o en alguno de sus integrantes (ver párrafo último de dicho artículo). Y conforme al art 345, al presidente, aparte de la representación legal y actuaciones internas y algunas de administración, le compete “cuantas atribuciones le sean encomendadas por el pleno o la Comisión Permanente”. Ver aquí. O sea, que la distribución de funciones que ha realizado el Consejo la semana pasada es legal y democrática porque el sistema que establece nuestro Reglamento así lo permite y contempla.

Es más, podría considerarse que esa forma de funcionar no es sólo legal y democrática, sino también eficiente porque, en definitiva, se trataría de un acuerdo de un órgano colectivo tras cuyas deliberaciones, por el saludable contraste de pareceres, al final se alumbraría la solución mejor parar el Notariado o, al menos, la más representativa o trabajada.

Sin embargo, a estas afirmaciones cabría hacerle algunas objeciones:

En primer lugar, respecto a su legitimidad democrática, que esta no es una cuestión de “blanco o negro”, sino de grado: hay situaciones más democráticas o representativas que otras y hay democracias de baja calidad. Creo que este es nuestro caso:tal y como decía aquí, nuestro órgano directivo, el Consejo General del Notariado está formado por 17 decanos, uno por cada colegio, y cada colegio corresponde a una Comunidad Autónoma por lo que cada uno de ellos, por razones obvias, comprende un número muy diferente de notarios. Sin embargo, cada decano tiene un voto en el Consejo lo que, como puede entenderse, supone un cierto déficit de representatividad, importante en ciertas ocasiones. Además, no existe tampoco un medio de control o censura de la actuación del Consejo ni medios para exigir responsabilidad, al modo que tienen los registradores, que disponen de elecciones directas de su presidente y equipo y la posibilidad de convocar una asamblea general de registradores para asuntos importantes (conviene recordar su movilización para el tema del registro civil).

Pero es que aparte de ello –y aquí va la segunda objeción que quería hacer- el sistema no es eficiente porque impide que se hagan las cosas urgentes o necesarias, porque  las fuerzas se consumen en el propio sistema. Quizá el sistema podría funcionar en otro tipo de organización o incluso en la antigua Junta de Decanos, cuya función era básicamente de coordinación y no exigía tanta labor ejecutiva. Hoy, tanto la centralización de los servicios informáticos en Ancert, el índice único, la OCP, como la celeridad de los acontecimientos y los constantes ataques a que nos vemos expuestos (como cualquier otra parte de la sociedad, eso sí) exigen un ejecutivo fuerte que tome decisiones rápidas y un equipo homogéneo  y firme.

Y eso no es lo que tenemos: en apariencia el presidente tiene mucho poder y está presente en todas las actuaciones –porque de otra manera no saldría nada- pero en la práctica depende de un Consejo que no es un equipo cohesionado y que, además, responde a representaciones e intereses muy diferentes. Ello, unido a la inexistencia de medios de control y, sobre todo de transparencia en la gestión (respecto de la que este blog cumple una modesta función), ha generado unas luchas por el poder, un “quítate tú que me pongo yo”, que podemos discutir si:

1. Responden a una necesidad real, a una posición ideológica distinta sobre el Notariado o a la defensa de un interés concreto del colegio representado por ese decano o,

2. No tienen sustento en ninguna posición ideológica notarial propia y distinta, ni tampoco responde a los antiguos bloques de la época de Marqueño, que ya no existen, al menos en igual medida; ni se justifica por intereses concretos de los colegios representados, dado que el CGN es órgano de todos los notarios.

Quizá lo más justo y equilibrado sea no hacer juicios de intenciones y pensar lo mejor. O sea, admitir pulpo como animal de compañía y entender que estas luchas no son escaramuzas pseudomequiavélicas en pos de un nuevo reparto de poder que permita tener al beneficiado una vida personal mejor y más entretenida en Madrid, evitándose la engorrosa trabajina diaria del poder para pleitos y el testamento en el hospital. Eso sería pensar que estamos ante un “juegos de tronos”, comprensible en las grandes políticas, en las que el poder es verdadero y los recursos inmensos, pero mucho menos en una organización corporativa, sobre todo como la nuestra, de gente presuntamente leída y de nivel, en el que este tipo de luchas resultarían grotescas e indignas. Ninguno de nosotros debería tener algo que ganar o perder con un cargo en el CGN.

Pero es que, aunque pensemos de la mejor manera posible, lo cierto es que la distribución de poderes que se hizo la semana pasada – en teoría es una decisión normal- en la práctica es una desautorización del presidente –de la labor que en la práctica tiene- debido a luchas internas, comprometiéndole a tomar una decisión entre dimitir por dignidad ante lo que ello supone o continuar por responsabilidad. Tampoco vamos a juzgar la intención del presidente al adoptar una u otra; e incluso podríamos pensar que esa desautorización es un simple control del poder, necesario cuando es excesivo.

El problema es que los hechos irrefutables son las constantes crisis de gobierno con dimisiones de ida y vuelta en los cargos principales, sin que tal cosa haya supuesto una mejora en el funcionamiento del órgano -y si no, que nos digan en qué nos han beneficiado- sino que más bien da la impresión de que la falta de unidad impide una planificación eficaz de su actuación (la existencia de un pensamiento estratégico en el CGN y no una simple actuación reactiva ante las crisis: he tratado el tema ampliamente aquí); y parece que ello es una ineficacia congénita, porque toda decisión que se tome se verá empañada por razones de naturaleza táctica: si aprobar o no una decisión me va a proporcionar más poder o me lo va a quitar. Es decir, contestando al título de este post, considero que el disgusto está justificado.

En definitiva, como tantas veces hemos dicho, el problema que tenemos no es de personas (aunque probablemente también) sino principalmente de estructura: el sistema de elección y funcionamiento del Consejo General del Notariado prima este tipo de actitudes y es preciso cambiarlo. Hay que reiterarlo una y otra vez. Y conviene decir que esto queríamos hablarlo en un Simposio que se iba a celebrar pronto con la convocatoria de las Jornadas de Málaga y nos encontramos ahora con el Simposio de Palma que, curiosamente, trata los mismos temas que los notarios reunidos en Málaga queríamos tratar. ¿Pero no era que el CGN no quería hablar de estos temas?  Se ve que sí, pero siempre que no se hable mucho y se haga con las personas elegidas. ¿Es el pseudomaquiavelismo del que hablábamos al principio? Pues que se olviden: estamos seguros que el Simposio se va a celebrar, que será un éxito y que exigirá el cambio de sistema y se relatarán pormerorizada y transparentemente las actuaciones de nuestros representantes. Tenemos derecho a ello.

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About Ignacio Gomá Lanzón

Notario de Madrid

4 Responses to "¿Por qué nos disgustan tanto las luchas internas del Consejo?"

  • Javier Manrique
    19 febrero, 2015 - 14:40 Reply

    Magnífico post Ignacio!
    Realmente es muy difícil comprender como después de muchos años la situación del CGN sigue siendo prácticamente la misma en estos aspectos. ( Véanse los artículos de Ignacio Solís hace ya casi 10 años en la Revista el Notario sobre estas mismas cuestiones: aquí http://www.elnotario.es/index.php/hemeroteca/revista-2?id=3363:derecho-de-informacion-y-transparencia-0-10676790504415325 ) y aquí ( http://www.elnotario.es/index.php/hemeroteca/revista-1?id=2826:colegios-profesionales-democracia-y-transparencia ). Y lo más grave es que esta situación está provocando una ausencia de estrategia corporativa frente a los retos que ahora mismo tenemos y una falta de implicación y participación de los propios Notarios en la política del Notariado, entre las desconfianzas los recelos, las descalificaciones y la absoluta falta de debate, cercenado por el propio Consejo negándose a convocar un Congreso solicitado por una amplia base de Notarios y contra programando de manera un tanto surrealista unas Jornadas Notariales en Canarias, que se suponía eran para tratar de deontologia y ahora resulta que son la excusa para remedar los temas propuestos para el Simposio. ¿Vivir para ver!

  • notario
    19 febrero, 2015 - 16:50 Reply

    Si, pero en Canarias va a haber avistamiento de ballenas.

  • Notari II
    19 febrero, 2015 - 21:11 Reply

    La cuchipanda “deontológica” que amenaza con celebrarse próximamente, no es sino reflejo de la decrepitud institucional en la que ha caído, al parecer sin remedio, lo que queda del CGN. Urge salir de este ciclo, a modo de “día de la marmota”, en la que estos sres/as nos han metido.

  • Bosley
    28 febrero, 2015 - 13:48 Reply

    Brillante post
    Me ha encantado eso de que en nuestra corporación hay ” gente presuntamente leída y de nivel”
    En el CGN solo 4 o 5 superan ese nivel…. Ese es el problema

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