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Utopía del Notariado

En tiempos de tribulación no hacer mudanza”, decía San Ignacio de Loyola; “Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie“, decía el personaje de Tancredi a su tío Fabrizio en “El Gatopardo” de Giuseppe Tomasi de Lampedusa, dando lugar a lo que se ha llamado “gatopardismo” en política, que simboliza la capacidad de los sicilianos para adaptarse a lo largo de la historia a los distintos gobernantes de la isla, y de la aristocracia de aceptar los cambios para conservar su influencia.

¿Quién de los dos ilustres personajes tenía mayor razón? Probablemente ambos, porque se referían a cosas diferentes: a la resistencia frente a los poderes seculares mi tocayo el santo y a la necesidad de adaptarse a los tiempos el insigne escritor. Y de ambas enseñanzas saco yo una lección: hay que saber qué es tan esencial que no podemos dejar que los poderes terrenales lo destruyan y qué es aquello que debemos cambiar para adaptarnos a los tiempos y conseguir que lo esencial perdure.

Un adecuado tratamiento de lo que propongo exigiría hacer un importante repaso de nuestra situación actual –un diagnóstico- para luego proponer un tratamiento, caso de encontrarse patologías necesitadas de medicación. Lo cierto es que hablo para entendidos y que tampoco estamos tratando enfermedades, al menos físicas. Quiero decir que no es preciso contaros lo que sabéis, y que sobra hablar del pasado, que no mueve molino, y que en cambio interesa hacerlo de estrategias, de metas, de fines e incluso de ilusiones. Algunas veces he comentado con alguna de nuestras autoridades que el principal problema que tiene nuestra organización corporativa es que no deja tiempo para lo importante -hacer planes- porque se tiene que dedicar a lo urgente –apagar fuegos- cuando no está ocupada en luchas internas para obtener el poder, al final limitado a ese poco agradecido papel de bombero que llega tarde (el famoso “podría haber sido peor”).

Pienso que para el éxito de los proyectos las personas son importantes, sin duda, y habrá seguramente que hablar de ellas; pero también lo son las organizaciones y los sistemas eficientes que permitan obtener lo mejor de las personas. Hemos hablado en este blog y en otros de instituciones y de triunfo y fracaso (aquí y aquí). Fundamentalmente, nos referíamos al procedimiento de elección directa del presidente y su equipo como modo de evitar un desgaste en luchas internas y formar equipos cohesionados, sin detrimento del debido control a través de otros órganos contrapuestos. Esta es una de las cuestiones que debería presidir el anhelado Congreso o las Jornadas tantas veces demandadas por una buena parte de los notarios. Pero no olvidemos que esto no es un fin en sí mismo, sino un medio para que esa organización pueda alcanzar los fines para los que está, o debiera estar, diseñada. Porque, claro, así como la persona individual, si está formada y es medianamente inteligente puede formular debidamente sus planes y estrategias, una corporación sólo formará bien esos planes y estrategias si su organización interna es eficiente y tiene una adecuada distribución del poder, con los debidos contrapesos.

Por ello creo que en ese Congreso no debe discutirse sólo nuestra organización interna sino también nuestra esencia y nuestros anhelos para que, posteriormente, puedan ser objeto de planificación y ejecución eficiente por el Consejo. Hay que volver a la “funesta manía de pensar”. Se trata de saber no tanto de dónde venimos o cuáles son nuestras pasadas glorias, sino dónde estamos, hacia dónde nos arrastra la corriente y, sobre todo, a dónde nos gustaría dirigirnos. Desde luego, no es fácil ser dueño de nuestro destino en una profesión fuertemente reglamentada, pero si no sabemos lo que queremos, estaremos al pairo, a merced de los elementos externos y de las circunstancias. Si sabemos lo qué queremos podremos preparar algunas estrategias que hagan esos fines atractivos y novedosos y quizá cumplir alguno de ellos.

Y no sólo en un Congreso: en nuestros órganos directivos debería existir un Think Tank oficializado en permanente observación de la realidad y diseño de estrategias, con gente de fuera que de otras visiones, pero también de notarios, no se nos olvide. Se trata, pues, de adaptarnos, de que todo cambie para que todo siga igual en un mundo mudable y exigente. De dar un mayor valor añadido a la misma función que sea percibida como tal por la sociedad y corregir la deriva de la misma, producida por influencias externas.

Pondré algunos ejemplos, que es la mejor forma de hacer plástica una idea, de cuáles son las cuestiones que, a mi juicio, deberían estar ahora en la bandeja de entrada de nuestra profesión, para que juzguen si no deberíamos tener algún plan A, e incluso B. Veamos:

-¿No es cierto que la contratación en masa y la existencia de numerosos intermediarios devalúa un tanto uno de nuestros valores añadidos principales, que es el asesoramiento? ¿Cómo podríamos recuperarlo o potenciarlo? Una idea: sería necesario hacer ver a las autoridades el beneficio que podría suponer que el notario pudiera intervenir no en la fase final de la transmisión –por ejemplo- sino en las fases iniciales, en las arras, antes incluso de solicitar la hipoteca. Ello permitiría informar adecuadamente al consumidor y no encontrarse con todo hecho en los últimos tres días del proceso, aparte de asegurar registralmente la operación como ocurre en Argentina. Ello exigiría remover algunos obstáculos fiscales e hipotecarios, pero creo que beneficiaría a todos. Trate este tema, junto con mi hermano Fernando, en el tomo III-1 de esta obra.

-Esa primera idea se relaciona con otra: ¿cuál es nuestra posición frente a la indudable importancia de las demandas de los consumidores, incrementadas con la crisis? ¿Cláusula suelo, ejecución hipotecaria, procedimiento extrajudicial, expresión manuscrita? ¿es compatible el rigor formal con la protección del más débil? Con esa idea se creó la OCCA: dar un refuerzo colectivo a un control individual de las cláusulas abusivas que es difícil hacer individualmente porque son conceptos jurídicos indeterminados. ¿Es abusivo un interés de demora del 15%? Depende de muchas cosas: un juez tiene elementos de juicio, el notario no. Pero un órgano corporativo como la OCCA puede instar al gobierno que incremente la lista negra de cláusulas abusivas, que será cumplida por el notariado como un solo hombre. O puede denunciar al fiscal algo que considere subjetivamente abusivo o negociar con los bancos la mejora del clausulado. O sea, la respuesta es sí, es compatible rigor y protección del débil, pero hemos da aunar fuerzas colectivas e individuales.

-Otra cuestión muy importante es la siguiente: ¿no estamos perdiendo fuelle con la adaptación tecnológica? La revolución es supersónica y da la impresión de que tras unos inicios prometedores a principio de los 2000 nos hemos quedado estancados en la copia electrónica y las aplicaciones de SIGNO, aparte de en interesantes ofertas de telefonía móvil. Concedo que no debemos olvidar el acierto que supone la liquidación telemática de impuestos y nuestra conversión en un punto central, en una ventanilla única de muchas operaciones. Pero hay algo que en el momento en que nos encontramos no se puede obviar: hoy todo el mundo tiene unos inventos que hace pocos años no existían: el ipad, teléfonos inteligentes, redes sociales. No podemos mirar para otro lado. Repentinamente, la imagen de un señor que aparece en la notaría para otorgar un poder para pleitos con siete gordos y raidos documentos públicos en papel en la mano (constitución, modificación de estatutos, cambio de denominación, cambio de domicilio, renovación de cargos, aumento de capital con modificación de objeto y acta de titular real) se ha vuelto sorprendentemente obsoleto. ¿Estamos pensando ya cómo se suben a la nube esos documentos con valor legal de copia autorizada? Es importante por imagen y por estrategia. Es preciso que el otorgante no sienta que venir al notario es un engorroso trámite en las cosas pequeñas, cuando por internet puede vender millones de euros en activos financieros. Y por cierto, la facilidad de acceso al título tiene una segunda virtud: que la gente perciba que el contenido del título, lo que dice la escritura, es mejor que la estructurada y abstracta información que consta en un registro. En un sistema causalista como el nuestro eso es clave, y creo que debemos defenderlo.

-Y, por cierto, eso no tiene que ver con que haya que devaluar la inscripción o atacar al cuerpo hermano de los registradores. Pero ¿tenemos un plan de acción con respecto a ellos? ¿Cuál es nuestra política? ¿Queremos la fusión, la conversión de la inscripción en un apunte informático? ¿Cabe la dualidad de funciones en el mundo que viene? Desde luego, lo que parece poco práctico es la lucha eterna, que perjudica a ambos cuerpos, aunque conozco bien los obstáculos objetivos. No sé cuál es la solución, pero es claro que deberíamos tener claro qué es lo que queremos en este tema y hacerlo valer. Y, siempre, si se puede llegar a un acuerdo, mejor, porque me parece que esta es una batalla que, completamente, no la puede ganar nadie.

-Y, por último, la cuestión de siempre: ¿Somos profesionales o somos funcionarios? ¿O seguimos siendo las dos cosas? Me da la impresión de que en los últimos tiempos tenemos fuerzas contrapuestas: por un lado, una publificación que nos convierte en colaboradores de las Administraciones públicas hasta un extremo que nos hacer perder la perspectiva de nuestra verdadera función: asesorar imparcialmente en los negocios jurídicos e imprimir la fe pública; pero, por otro lado, un acumulación de funciones variadas de otro orden: gestión, previsible otorgamiento de funciones de jurisdicción voluntaria, etc; finalmente, una tendencia inexorable a la liberalización y competencia. ¿Debemos acumular toda función posible, insistir en la involucración con el poder público, o abandonarnos a la profesionalización? Mi opinión es que el valor añadido del notario no está en ninguna de esas dos facetas aisladas, sino en la suma de ellas: como funcionario, el asesoramiento y la personalización del profesional sobraría; como profesional puro, quizá no nos distingamos de los abogados. La experiencia de otros países es muy significativa. Pero la cuestión es pararse a pensarlo.

Probablemente hay muchas más cuestiones importantes, que sería importante discutir en el esperado Congreso del que esta semana se ha hablado en este blog y que el día 20 será objeto de acuerdo o desacuerdo en el CGN. En cualquier caso, las iremos desgranando en este blog, es nuestra misión. Si no reflexionamos nosotros sobre ellas, creando nuestras propias estrategias, quizá lo hagan otros; si lo hacemos, quizá consigamos algo. Pero, como decía Burke, “el mayor error lo comete quien no hace nada porque sólo podría hacer un poco”.

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About Ignacio Gomá Lanzón

Notario de Madrid

4 Responses to "Utopía del Notariado"

  • Francisco Lopez Colmenarejo
    18 septiembre, 2014 - 10:52 Reply

    Nacho, como siempre, claro, breve y acertado.
    Estoy totalmente de acuerdo.

  • IÑIGO ROMERO DE BUSTILLO
    18 septiembre, 2014 - 11:25 Reply

    Ignacio:
    Suscribo tu análisis,fino y acertado como siempre pero: de una vez por todas un Cuerpo de profesionales-funcionarizados como el nuestro es capaz de coger el toro por los cuernos y en un Congreso extraordinario,sin completos ni tapujos ponernos los puntos sobre las íes sobre qué somos y qué queremos y debemos ser?
    La “Crisis” se ha llevado muchas cosas,incluso aumentado hasta el paroxismo las más inimaginables cosas que nadie se podía prever:Escocia puede ser un Estado independiente del Reino Unido mañana con la polvareda que levantará en toda Europa en un pis pás desde Ucrania hasta las Cataluñas,pasando por Padania,Baviera,Córcega,Irlanda del Norte,Paìses Vascos..y nosotros no somos capaces de plantarnos,hacer examen de conciencia y mirar donde estamos y donde queremos estar? NO deberíamos perdonanoslo si no somos capaces de hacerlo.
    Y otros no nos lo perdonarán para nada sino que pasarán por encima .-

  • José Manuel Calabrús de los Ríos
    18 septiembre, 2014 - 13:40 Reply

    Desde la perspectiva que otorga hablar desde fuera pero con conocimiento causa, encuentro muy acertado el post de D. Ignacio. Como algunas palabras hoy día parecen malditas, le sugeriría hablar de “Reinvención Notarial” y no de”Utopía Notarial”.
    Las propuestas realizadas ayudarán sin duda a que el Notario vuelva a ser visto como el profesional resolutivo cuya intervención ayuda, previene y soluciona problemas, y no sólo como un eslabón más de una cadena interminable de trámites; un aliado, no un enemigo (y no se me malinterprete).
    En definitiva, el doble carácter del Notario como funcionario público y profesional del Derecho en sus justos términos, cuya intervención no sea vista como un gasto importante y adicional de “intermediación” que da lugar a un título que no es inteligible ni manejable, pero que “compromete” en aspectos tanscendentales de la vida del cliente.
    Como no quiere polemizar, no diré que el título público es lo esencial frente a la inscripción. Sí diré que la función notarial es polivalente y complementaria con otras (particulamente Registradores y Abogados). Sólo tiene que reinventarse.
    Los retos son evidentes y las mimbres estupendas, pues el Notariado está repleto de mentes preclaras. ¡Ánimo y mucha suerte!

  • Risorgimento
    19 septiembre, 2014 - 15:50 Reply

    El gatopardismo tiene también otra lectura, bastante más cínica de la que se recoge en este post: es necesario que todo cambie lo menos posible, para que todo siga como está. Es decir, no se trataría de adaptarse a los nuevos tiempos sino al contrario, de escamotear esa necesaria adaptación procurando que los cambios sean meramente superficiales.
    Esa es la crítica que se hace al entero proceso del Risorgimento en Italia, del que se ha dicho que fue una revolución (burguesa) fallida, o incluso traicionada. Todo el potencial democratizador que tenía el movimiento de unificación nacional acabó desembocando en una oligarquía en la que predominaban la corrupción y el cinismo. También es esa una crítica que se ha hecho en relación a nuestra Transición: el cambio tras la muerte de Franco era inevitable, y ante ello se trató de establecer una democracia controlada, que no causara sobresaltos, y cuyas carencias y limitaciones estaríamos pagando ahora.
    Esperemos que nuestra transición en el notariado, esas reformas que también son inevitables, aunque haya quien parezca no querer verlo, no pretenda limitarse a un ejercicio de gatopardismo con cambios cosméticos. Porque si el Consejo finalmente apoya mañana la celebración del Congreso cabe la posibilidad de que algunos tengan la pretensión de controlarlo para diluir sus resultados y, sobre todo, para aplazar las reformas y plantearlas a medio plazo, de modo que puedan llegar a las elecciones de 2016 todavía con el actual sistema, confiados en ganarlas, y luego, con otros cuatro años por delante, ya se verá como seguir capeando estas cuestiones. Lo que habría que hacer también entonces es quitarles esa confianza, y plantear las elecciones de 2016 con candidaturas conjuntas y en clave nacional.

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